Conducir a los 80

(Post escrito el 25 de Septiembre de 2007 por FZ madredHelena)

Igual que no queremos pensar en la muerte tampoco queremos admitir que nuestros pasos, inequívocamente, caminan hacia el encuentro con ella.

El deterioro de nuestra envoltura es el primer síntoma, pero existe otro deterioro que, a veces, es difícil de observar y mucho más de admitir por la propia persona.

Cuando aún somos jóvenes, con relación a nuestra vejez, admitimos que los más jóvenes poseen unos reflejos que con la edad van desapareciendo. Pero, después, comenzamos a no admitir esta pérdida, este deterioro.

Es cierto que la edad conlleva una veteranía y una serenidad que, en determinados momentos son una garantía de supervivencia y la fuerza y el ímpetu que se va con la juventud, nos trae una serenidad que, por ejemplo, en la manera de conducir, provocará menos accidentes.

Pero qué pasa con los reflejos y con los movimientos necesarios para el hecho de conducir, a parte de nuestra visión, nuestro oído y nuestra percepción espacial.

Es cierto que por ello, la renovación del carnet de conducir está sujeto a unos periodos de control cada vez más cercano según se van cumpliendo años, pero…

Mi padre, un hombre siempre activo, creativo, un manitas, con toda una vida cercana a las máquinas y las palancas, comenzó a tener una actitud que mostraba que algo estaba pasando. No sabíamos qué, pero algo le estaba sucediendo.

Tardamos un tiempo en saberlo, fue después de un escáner, Había tenido pequeños infartos cerebrales. Dos años después supimos que también tenía una especie de parkinson.

Aparentemente estaba bien, pasaba sus renovaciones de carnet sin ningún problema, pero ya no era el mismo. Su pie en el acelerador se mantenía durante demasiado tiempo sin soltar el pie del embrague.

Los infartitos, probablemente le habían afectado al pie derecho y ya no tenía el mismo tacto.

Yo, especialmente, me empeñé en que debía dejar de conducir. No quería que pudiera producir algún accidente.

Primero le  quité el coche, con la excusa de que lo necesitaba, después terminé por ocultarle el correo que  venía recordándole el vencimiento de su carnet.

Fue muy duro para él y para los demás, pero conocía la existencia de accidentes producidos por personas mayores o en los que se veían afectados, aunque ellos no hubieran sido los culpables, pero sí quizás los habrían evitado con más reflejos y no quería que eso le sucediera a él. Pero el destino es caprichoso, como decía mi amigo motero “Nik” y a nosotros que habíamos sido responsables con los demás, no nos pagó con la misma moneda.

 Todo esto ocurría por el año 2000, entonces mi padre tenía 76 años. Ya sé que todas las personas no son iguales, que no todos envejecen igual, que no se puede generalizar, pero, tenemos ejemplos de accidentes en los que se han visto envueltos personas de cierta edad.

Esta es una misión también para los hijos.

No sólo se trata de cuidar de nuestros padres, también tenemos la obligación de pensar en la vida de los demás, aunque no les conozcamos.

Siento, que, una vez más y en otra cosa más, yo no tendré a mi hija para que se dé cuenta de cuándo ya no estoy para conducir.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

www.quieroconducirquierovivir.com

 

 

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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