Verdugos al volante

 

Comenzamos la semana haciendo recuento de nuestros muertos. Los que no llegaron a disfrutar del puente o no volvieron del puente. En esta ocasión, 23 muertos. No he leído en esta ocasión la consabida frase de «tantos menos que en la misma fecha del año pasado». Mal síntoma.

Y, como siempre, me duele especialmente, los jóvenes que se han quedado en el camino, como muchos fines de semana, de regreso a su casa después de una noche de diversión. En esta ocasión, uno con 17 años, el sábado en Arzúa y 4 el domingo, con edades comprendidas entre 25 y 30 años en Toques, ambos en Galicia.

El subtitular referido a la información sobre el más grave, por el número de víctimas que no por la pérdida que en ambos será irreparable para sus familiares, decía así: «Un responsable de tráfico llama verdugo al conductor del vehículo siniestrado». Supongo que esta declaración está sacada de contexto, pero, a pesar de que en muchos mal llamados accidentes éste debería ser el título que se diera al conductor que lo produce, en otros muchos, creo que somos muchos los verdugos y comenzaré a enumerar.

Yo misma comentaba una vez que no era bueno un coche baratito para comenzar a conducir y, la mayoría de los padres es en lo primero que piensan. En el accidente de Toques, este no ha sido el motivo. Parece ser que era un coche nuevo, de apenas unas semanas, un modelo BMW, deportivo y de gran cilindrada.

¿Cuándo se va a poner limitador de velocidad a los coches que conducen los jóvenes? ¿Es tan difícil para las grandes marcas automovilísticas que sus coches vengan de serie con este sistema?

Los jóvenes, salvo algunos, por mucho que les machaquemos los padres sobre precaución, son jóvenes llenos de energía, velocidad, hormonas. Son demasiado jóvenes.

No es la primera vez que escribo para expresar mi dolor sobre la muerte de jóvenes en las carreteras gallegas y, por desgracia, no será la última, y supongo que, mientras que no se realicen muchos cambios: mejora de carreteras asesinas; mayor educación, en general y en particular en educación vial; limitadores de velocidad en los coches que conducen los jóvenes; inclusión del alcolock en todos los coches; mejoras en el transporte público y promoción de éste para su utilización por los jóvenes, seguiremos perdiendo a nuestros jóvenes.

Los jóvenes no miran a sus amigos como verdugos, aunque muchos de ellos sufran por el comportamiento y la influencia  de alguno de ellos (influencia en todo tipo de drogas o actividades de riesgo) Sólo los padres que pierdan a sus hijos, llegaran a verlos así. Dejaran de ser amigos, porque sólo fueron amigos de sus hijos, amigos sólo hasta la muerte. Somos muchos los que nos convertimos en verdugos con nuestras acciones u omisiones.

Especialmente si no hacemos más para que esta velocidad que lleva a la muerte, comience a decrecer. Empezando por los padres que somos los que tenemos que poner los límites.

Sea por la causa que fuere, vuestro dolor es también el mío.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
………….que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
………….a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
………….yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

-Mas… es verdad- ha partido,
………….para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá…
(Era apacible el día. Rosalía de Castro)

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1 respuesta a Verdugos al volante

  1. Laura dijo:

    Todos los jóvenes tenemos energía, ganas de vivir aventuras y de aprender de diversas experiencias de la vida, al menos eso es lo sano y sería preocupante que no fuese así. Simplemente hace falta más conciencia de ciertos peligros. Hay que reconducir esos instintos hacia mejores lugares, pero parece ser que en algo están/estamos equivocados sobre la manera de hacerlo, a veces provocan/provocamos justo lo contrario de lo que queremos. Últimamente pienso que la contribución de psicólogos que conozcan bien la mentalidad de los jóvenes, teniendo en cuenta que tampoco todos somos iguales, es fundamental en las campañas contra la drogadicción y contra las imprudencias en el tráfico.

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