La buena educación

En cuatro días he leído y oído sobre educación más que en los cuatro años que llevo escribiendo y en los 3 años de este blog que de lo que habla, al fin y al cabo, es de educación.

 

Y lo he comprobado a través de varias modalidades: artículos como “Disparad contra la ilustración” de Rafael Argullol, donde se muestra como la falta de ilusión o motivación de los estudiantes de universidad lleva al abandono de las misma por parte de muchos profesores. Las declaraciones del ministro de Educación, varias, a raíz de los sucesos de pozuelo, aunque por elegir una he elegido la titulada “Gabilondo reclama a los ayuntamientos planes de ocio y cultura para los jóvenes«. Las cartas de los lectores al director, como la de Pedro Taracena Gil,  “El botellón goza de buena salud”. O el artículo de Elvira Lindo,  “Educación”.

 

Todo ello, como decía, tiene como base, origen, tema, la educación de nuestros jóvenes y yo diría mucho más: la educación de esta sociedad.

 

Creo que todos entenderán como me siento cuando veo, leo, escucho el tema del botellón. Algo con  lo que nunca estuve de acuerdo, pero desde que murió mi hija, es un dardo que me envenena y me mata, porque el botellón es el origen y la consecuencia de que este país sea un país de borrachos, especialmente a la hora de conducir.

 

Cuando mi hija estaba de cuerpo presente ya nos llegó la noticia de que el causante de la muerte de mi hija iba conduciendo borracho y la primera noticia es que venía de un botellón. Después, con el tiempo, se nos aclararon muchos datos. No era exactamente de un botellón. Venía de beber en la cantina de un campamento militar, el campamento San Pedro de Colmenar Viejo.

 

En los primeros momentos, ni siquiera tenía un sentimiento específico hacia esa persona. Recuerdo que entre lágrimas decía: “me han dicho que el que ha matado a Helena había bebido. Por favor, decidle a los jóvenes que no beban, ¡Por Dios!” ¡Qué ilusa!

 

Desde entonces, no he hecho otra cosa que sufrir la locura de mi dolor y tratar de cambiar la mentalidad de esta sociedad a la hora de conducir.

 

En estos días, después de los hecho de Pozuelo, cuando esta sociedad parece que se remueve porque se ha dado cuenta que beben y se vuelven energúmenos sin educación y civismos no sólo en las capas más bajas de nuestra sociedad, sino incluso en los que se supone tienen buena educación y no pertenecen a familias desestructuradas, sin medios económicos, en barrios marginales, etc., me entristece pensar que mi hija fue víctimas de esta sociedad, aunque nosotros sacrificamos nuestras vidas e hicimos su vida menos agradable intentando y consiguiendo que fuera una persona educada y que, después de estos cuatro años, los padres siguen sin poner orden en sus casas.

 

Sigo pensando que los padres somos los culpables de todo.

 

La educación se pone en casa. Los hijos imitan lo que ven. Los padres beben en casa lo que lo hijos beben en la calle.

 

Los límites los tienen que poner los padres y son los primeros que tienen que dar ejemplo de autoridad y respeto a la autoridad. Mientras que los padres no respeten a profesores, policías o autoridades, ¿qué queremos que respeten nuestros hijos?

 

Con el alcohol queremos tapar muchas cosas: frustraciones, tristeza, miedos, pero, a la vez, son la consecuencia de violencias, enfermedades, falta de ilusión y la muerte del propio que lo consume y de víctimas inocentes: el bebedor pasivo.

 

Y, como en los siniestros de tráfico, no se arreglará mientras que no nos impliquemos todos. En especial los padres.

 

Por favor, revisad los artículos dentro de la categoría alcohol  y educación de este blog.

coche-2

 

 

(Estado en que quedó el coche de Helena después de recibir el impacto del coche conducido por el conductor que lo hacía bajo lo efectos del alcohol)

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

Esta entrada fue publicada en Alcohol, Educación, Jóvenes, Noticias, Reflexiones, Respeto, Sentimientos. Guarda el enlace permanente.

1 respuesta a La buena educación

  1. Laura dijo:

    No sé si es tanto por el botellón en sí. Si no beben fuera beben dentro. A mí lo que me parece verdaderamente lamentable es que hay muchos jóvenes y algunos no tan jóvenes que no conciben la diversión sin ponerse hasta las trancas de alcohol. Eso me parece muy triste. Es un verdadero fracaso de la sociedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *