Carta de Paco Costas

Extraida de su página http://www.pacocostas.com

Contestación a un comentario que yo hice en su página:

«CARTA ABIERTA A FLOR ZAPATA»

19 de Agosto, 2006
En respuesta al comentario en “Si no se abordan otras acciones, el carnet por puntos no será suficiente”.

Querida Flor:

Sé por experiencia que el dolor de perder a un hijo va más allá de cualquier descripción. Es un sentimiento de dolor tan profundo que si no fuera porque la actividad cotidiana nos permite olvidar temporalmente, el sufrimiento sería insoportable.

En mi caso, mi hijo murió por causa de una enfermedad incurable, pero dentro del drama, al menos vi como llegaba su fin y estuve a su lado hasta el último momento. Pero las muertes del tráfico no avisan y carecen de sentido. Lo terrible es que las personas que mueren de esa forma, en su mayoría, gozan de salud y expectativas de vida en el momento del accidente. En el caso de su hija presupongo que además era todavía muy joven.

Noto en su amable comentario que todavía conserva la esperanza de que, esta lacra que asola a nuestra sociedad -a la española de forma muy especial-, lleva camino de arreglarse, y me gustaría compartir su fe, pero mucho me temo que las soluciones posibles chocan con tal cúmulo de dificultades e intereses que, las medidas recién adoptadas por la Administración, van a ser insuficientes.

Las cifras así lo demuestran. De nada vale el que de forma machacona se nos esté recordando a diario la reducción de víctimas, a todas luces insignificante, que arrojan las estadísticas después de la entrada en vigor de las nuevas disposiciones, ya que, también tendrían que conocerse el número, a simple vista inferior, de vehículos circulando por causa del elevado aumento del precio de los combustibles.

Pero, al margen de estas precisiones, muy difíciles de establecer, puedo asegurarle que en mi contínuo viajar por toda clase de carreteras nacionales, sobre todo aquellas que escapan a la autonomía de los radares, la anarquía, la velocidad incontrolada, el uso de los móviles, el desprecio del uso del cinturón de seguridad y las maniobras suicidas, siguen campando por sus respetos.

Ya puede el director general de Tráfico, con la mejor intención, sin duda, vendernos sus cifras a través de todos los medios, porque de nada sirve un optimismo que ni siquiera él es capaz de creerse.

No quiero ser aguafiestas en tema tan serio. Llevo muchos años luchando desde mi modestia, como simple periodista y con medios muy limitados, para que el empleo del automóvil sea un elemento humanizante que haga nuestra vida más cómoda y no un arma de destrucción.

Para que eso llegue a ser posible, hay que endurecer de una manera efectiva las leyes unificando criterios y territorios, y, para logralo, lo primero es contar con la necesaria vigilancia del tráfico en todas las vías, y no sólo en aquellas que resulta más fácil su control.

Por otra parte, ¿quién es capaz de legislar medidas que pongan coto a los aumentos de velocidad y potencia de los automóviles actuales? En una desenfadada entrevista en el diario El Mundo, es el propio director general de Tráfico el que, a una pregunta del periodista sobre con quienes se sentaría a dialogar, contesta: “con los fabricantes, con los que hacen las carreteras y con los multiinfractores”.

Su respuesta lleva implícito el reconocimiento de que, de la baraja de medidas posibles, sólo se ha optado por la más fácil, la represiva. El conductor, causante único de todos los males del tráfico, debe ser perseguido, multado y constantemente amenazado con la pérdida del permiso para conducir lo que, en muchos casos, va a ocurrir de forma arbitraria y sin defensa posible.

Si es verdad que lo que se persigue es ponerle freno a una pérdida de vidas que, como el propio director califica, “es una barbaridad”; tendría que haber sido precisamente él, el que hubiera puesto sobre la mesa, ante el Ministro del Interior que le ha nombrado y en la comisión parlamentaria que alumbró la nueva ley, la exigencia, o su dimisión, de involucrar de forma efectiva y de una vez por todas, a los ministerios de: Educación, Sanidad, Fomento, Justicia, Industria, Defensa (un aumento muy importante de efectivos de la Guardia Civil), y, al propio Gobierno, la necesidad de obligar a los fabricantes de automóviles a reducir las prestaciones de los vehículos y la publicidad que incita a los excesos. Sólo así hubiera sido creíble una solución real en cierto plazo de tiempo.

Querida Flor, como puede apreciar, mi opinión no es muy esperanzadora y mucho me temo que los teléfonos sigan llamando a cualquier hora del día para comunicar, como en su caso, la pérdida de un ser querido.

Todo lo que aquí he expuesto, lo sabe mejor que yo: el director general de Tráfico, los políticos que nos administran, los jueces, los fabricantes de automóviles, los que colocan las señales y construyen las carreteras, los agentes de la autoridad, los conductores, los especialista en seguridad vial…

Reducir la siniestralidad del tráfico, se repite una y otra vez, es cosa de toda la sociedad, pero los primeros que tienen el deber de anteponer sus ambiciones y su medro personal, en beneficio de los ciudadanos que los hemos elegido, son ellos, los políticos, de lo contrario, no nos queda más remedio que seguir pensando que, la seguridad vial y las cifras de muertos, acabarán por convertirse en frías estadísticas, en las que, lo más importante sea, que no figuremos nosotros en ellas.

Con mi afecto y comprensión,

Paco Costas

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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