¡La velocidad mata!

Dicen que el hombre es un animal de costumbres, y en el tema de conducir, muchos ponen el piloto automático y terminan camino del trabajo, cuando es día de fiesta. Y no lo neguemos que, hasta el conductor más concienciado, casi todos hemos tomado un camino que estamos acostumbrados a hacer, hemos llegado a un lugar sin recordar cómo habíamos llegado hasta allí o hemos levantado el pie del acelerador cuando de repente nos damos cuenta de que marca más de 120, sin habernos dado cuenta de que estábamos corriendo más de la cuenta.

¿Qué va a pasar ahora con el 130, 120, 100, 90, 80, 70, 50, 30, 20?

Por un lado, quieren aumentar la velocidad a 130. Ya, sí, sí, ya sé que es en autovias en tramos que lo permitan, cuando lo señalen, etc. Y por otro lado, quieren calmar el tráfico con todos a 30.

¡Qué lío!

Hubo un tiempo en el que en una autovía todos iban a 120, también a 110, y las víctimas hasta bajaron. Últimamente, cada vez me pasan a más velocidad, y no solo en autovias. Al que le gusta correr, o le importa un rábano la señalización o no se entera si va por autovía, carretera normal, carretera secundaria o ciudad. Tiene que acelerar porque lo lleva en las venas o es la costumbre.

Las asociaciones de automovilistas estarán contentas si se aprueba este aumento, pero las asociaciones de víctimas, no.

No será que en lugar de pensar en salvar vidas estamos pensando en recaudar más por infracciones, porque como te despistes en una señal, ahora no está tan claro a qué velocidad tienes que ir, y la costumbre pesa mucho.

Ya veremos a cuantos se les olvidan de que no están por una carretera en la que se puede ir a 130, ni a 100. Ya veremos cuántas cruces más sumamos. Ya veremos cuántos respetan ir a 30 por la ciudad, cosa que sí estamos de acuerdo.

Por favor, autoridades, como en el tabaco, pongan debajo de cada señalización de velocidad: ¡La velocidad Mata! A lo mejor alguno deja de correr.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol y a gran velocidad.

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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