Manifiesto para el Día de las Víctimas de Tráfico 2018

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Manifiesto por el Día Mundial en Memoria de las Víctimas de Tráfico

Desde 2005, La Asamblea General de las Naciones Unidas, acordó que el tercer domingo de noviembre se celebrara el “Día en Memoria de las Víctimas de Accidentes de Tráfico” y se instó a todos los países miembros  a reducir el número de víctimas, que se había convertido en una pandemia.

Al año, en todo el mundo, mueren 1,3 millones de personas en siniestros de tráfico. Y entre 20 y 50 millones de personas resultan heridas, algunas con resultados muy discapacitantes.

En España, desde ese año 2005, los números son tristes, aunque hayan ido disminuyendo, pero las víctimas son algo más que un número, y una sola pérdida es demasiado porque son padres, madres, hijos, hermanos, esposos, esposas, amigos…y, en sus casas,  cada vida perdida es una silla vacía.

Por todo ello, cada año, las víctimas queremos concienciar a esta sociedad que lo que se denominan “accidentes de tráfico”, son en su gran mayoría evitables y que morir en una carretera, en las calles, es un drama que no se justifica porque sea con un coche.

Y, como víctima, manifiesto:

  • Que las víctimas seguimos pidiendo una acción política encaminada a acabar con estos siniestros.
  • Que la justicia tiene que ser más efectiva, eficiente y eficaz, en los delitos contra la seguridad vial, y sus sentencias deben ser acordes con otros delitos que producen también muerte. Ojalá que esa esperada modificación del Código Penal, en relación con los siniestros de tráfico, se lleve a efecto.
  • Que nuestros políticos siguen sin ver que la educación es parte de la solución, y, a pesar de nuestra insistencia,  aún no existe una asignatura de Seguridad Vial, obligatoria, durante toda la edad escolar.
  • Que dado los nuevos modelos de movilidad, nuestros políticos tienen que legislar pensando que estas nuevas formas de movilidad ocupan un espacio en común.
  • Los peatones y los conductores de bicicletas, son los más vulnerables y siguen aumentando como víctimas. Pero, a su vez, esos otros conductores de bicicletas, patinetes, etc., comienzan a poner en peligro a los peatones.
  • Que la violencia vial debe ser tenida como tal, y sancionada y penalizada de forma más contundente.
  • Que esta sociedad sigue viendo normal las muertes de tráfico como un hecho fortuito, una lotería que nos puede tocar. Y, quizás porque todos conducimos, pensamos que es el otro el que lo hace mal, y no creemos que podamos ser victimarios.
  • Que los gobiernos recortan en la seguridad de nuestras carreteras, sin pensar que los resultados son treméndamente más caros y penosos.
  • Que la velocidad mata. El alcohol no mezcla bien con la gasolina. Las drogas te ponen, pero te sacan de la carretera. El teléfono, en el coche, te desconecta del mundo. Y que las distracciones se pagan muy caras.
  • Que los niños, las víctimas más vulnerables, deben ser protegidos y tenidos en cuenta, a la hora de diseñar nuevos espacios en las ciudades, o tratar de modificar los existentes, tal como se intenta que los medios de retención para ellos sean los más seguros.
  • Que un coche puede ser un arma letal si no se utiliza con responsabilidad.
  • Que todos debemos estar comprometidos e implicados en la disminución de los siniestros Viales, porque todos estamos en la calle como conductor o como peatón.
  • Y por último, que el tema de seguridad vial no sea tratado, visto, o aprovechado, para ser un negocio por y para determinados estamentos o personas. Salvar vidas nunca debe ser un negocio.

Por todo ello, apelamos a la conciencia de toda la sociedad para que no se acostumbre a ver como normal, ni necesario, la existencia de muertes por tráfico. Las víctimas de tráfico tienen que disminuir, porque en su gran mayoría, se pudieron evitar, y si se pudo evitar no es un accidente.

Mañana tú puedes ser víctima o victimario. No lo olvides. No lo olvidemos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol, os pide un minuto de silencio por todas las víctimas.

 

…la diferencia entre estar vivo o muerto es un parpadeo, un instante, no se ve venir, es un segundo que rompe tu vida

“En lo que dura un parpadeo (Carolina Coto de Salas)

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Manifiesto de los niños 2018

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Manifiesto de los niños 2018

Un año más se conmemora el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Tráfico, y con este motivo, los niños queremos leer este manifiesto con nuestras reflexiones y peticiones a los adultos.

Hasta que seamos mayores, necesitamos vuestra protección y un entorno donde nos eduquemos y desarrollemos de la mejor forma y con seguridad.

Los niños, como peatones,  como pasajeros de coches o autobuses, sin las debidas medidas de seguridad según nuestra edad y tamaño, corremos mucho peligro. Somos los más vulnerables. Por ello:

Mamá, Papá,

  • No me lleves en tu patinete eléctrico, aunque me pongas casco. El espacio es demasiado pequeño para los dos, y me puedo caer. Además, la velocidad es excesiva para ir entre coches o peor aún, entre el resto de peatones.
  • En el coche, no escatiméis en nuestra seguridad. El sistema de retención de seguridad debe ser el mejor y más adecuado.
  • Procurad que en el coche no vayan elementos sueltos que puedan herirnos en caso de colisión.

A los políticos, gobernantes y alcaldes, queremos decirles que:

  • La seguridad vial debe ser también parte de nuestra educación.
  • Queremos ir al cole con “caminos seguros”, que nos permitan llegar hasta allí andando o en bicicleta, hablando con los amigos, de una forma sencilla y segura.
  • Los semáforos de nuestra ciudad tienen que estar programados, con el suficiente tiempo para poder cruzar sin tener que correr, nosotros y nuestros abuelos.
  • Los pasos de cebra tienen que estar bien señalizados y pintados con pintura no deslizante.
  • Tienen que hacer leyes pensando en que, hoy en día, compartimos un espacio común con diferentes formas de movilidad.
  • Que podemos perder la vida en nuestras calles y carreteras por no ser seguras y no estar en buen estado.

Nos gustaría vivir en un mundo mejor,  sin tanta contaminación ni violencia, donde podamos convivir peatones, ciclistas y resto de conductores de cualquier artefacto que sirva para desplazarnos. Y, por supuesto, que cada vez contemos con más zonas libres de tráfico para poder jugar.

Y a los adultos en general os recordamos que:

  • No podéis conducir con alcohol y otras drogas, por nuestra seguridad y la de todos.
  • Debéis mantener siempre una conducción atenta y responsable, nada de teléfono, respetar las señales, y conducir a la velocidad adecuada.
  • Y aquellos que no cumplen con las normas y nos ponen en peligro, tienen que ser afeados, corregidos, y castigados con leyes adecuadas que nos protejan.

Todas estas cosas son una forma, también, de cuidarnos y protegernos.

A cambio:

-Prometemos llevar siempre puesto el casco.

-No circularemos con patines o patinetes entre los coches.

– Miraremos a un lado y a otro antes de cruzar y siempre por los pasos de cebra o semáforos.

-Y en el coche, siempre con el cinturón abrochado.

Nosotros, los niños,  queremos vivir muchos años.

Este manifiesto, como otros años,  es un homenaje a todos esos bebés y niños, como nosotros,  que han perdido la vida en las carreteras y en las calles, y han dejado a sus padres muy tristes.

Entre todos, tenemos que conseguir un mundo mejor, también en el tráfico.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor con alcohol, nos ha ayudado a elaborar el manifiesto de los niños. Y nos pide un minuto de silencio por todas las víctimas de tráfico.

Noviembre de 2018.

 

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El Daño Cerebral Adquirido y los Siniestros de Tráfico

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El pasado día 26 de octubre se conmemoró El Día del Daño Cerebral Adquirido, y el próximo día 29 se celebra el día del Ictus. Este, junto con los traumatismos craneoencefálicos, son los dos mayores motivos por los que se produce el DCA.

El Daño Cerebral Adquirido (DCA) es el resultado de una lesión súbita en el cerebro que produce diversas secuelas de carácter físico, psíquico y sensorial. Estas secuelas desarrollan anomalías en la percepción sensorial, alteraciones cognitivas y alteraciones del plano emocional. (Fuente, ADACEBUR, Burgos)

Pero es que los traumatismos craneoencefálicos, producidos como consecuencia de un siniestro de tráfico, es la segunda causa por la que se da un daño cerebral adquirido.

Según la O.M.S., en el mundo, entre 20 y 50 millones de personas, sufren traumatismos por siniestros de tráfico, y muchos de ellos producen discapacidad. A la mayoría de los países, los siniestros de tráfico les producen un gasto del 3% de PIB.

En España,  en 2017 hubo 103.233 siniestros de tráfico con víctimas.  Con el resultado de 139.162 heridos. Y necesitaron hospitalización 9.546 personas.

Tres de cuatro siniestros de tráfico producen DCA. Entre un 70-75% de los casos de DCA y que producen una discapacidad severa, han sobrevenido por siniestros de tráfico. Pero las víctimas de siniestros de tráfico con daño cerebral son las más silenciosas. Por si mismas tardarán mucho en poder volver a comunicarse, si consiguen hacerlo. Y sus familiares estarán inmersos, todo el tiempo, en poder atenderles, y casi no les quedará fuerza para reivindicar, concienciar o denunciar.

Cuando la Organización Mundial de la Salud definió la salud como: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», y añadió  como hábitos perjudiciales para la salud el sedentarismo, las posturas corporales incorrectas, las drogas y el tabaco, se olvidó de incluir los siniestros de tráfico como causantes de pérdida de salud. Hasta 2005 no los definió como una pandemia y se institucionalizó el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Tráfico, el tercer domingo de noviembre.

Los siniestros de tráfico son algo más que números de muertos y heridos. Pocas veces se habla de nombres o se les pone cara a los muertos, y mucho menos a los heridos, algunos de ellos, llenos de clavos para el resto de su vida, o en silla de ruedas. Y los que han tenido como resultado DCA, además de clavos o sillas de ruedas, son devueltos a sus familiares, literal y realmente, como si hubieran vuelto a nacer. En las mejores de las evoluciones, tienen que volver a aprender a hablar, comer o caminar tambaleándose, como lo hacía cuando eran bebés.

Y este año, he tenido la oportunidad de celebrar este día con la asociación ADACEBUR de Burgos. Contarles mi dolor y lucha, y verme desbordada por lo que hacen ellos.

Me he dado cuenta que el dolor más grande es el que siente cada uno, porque a cada uno le duele lo que le duele, y no hay dolor mayor.

Gracias, por invitarme. Gracias por vuestra fuerza, a pesar de ser “las víctimas silentes”.

Este Post está dedicado a Rosa, su presidenta, lesionada por un ictus, pero con un sentido del humor inmejorable; a María, una joven de 21 años que fue atropellada en un paso de cebra, estuvo siete meses en coma y ahora es una niña encantadora; a los trabajadores de la asociación; a Montse, el alma,  a y a todos los que trabajan desinteresadamente para ayudar tanto,  y a tantos,  que viven una vida salvada.

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No lo llames accidente de tráfico, llámalo siniestro vial o siniestro de tráfico, porque si se pudo evitar, no es un accidente.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

www.quieroconducirquierovivir.com

 

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Lunas tintadas

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Cuando iba a dar por concluido el verano y hablar de los siniestros de tráfico ocurridos este verano, y decir que el que más me había afectado era el de la pequeña que murió por el impacto de su cabecita con la tablet, ocurre una nueva tragedia, otra desgracia, aunque no creo que esta sea descrita o contabilizada como siniestro de tráfico, más bien es la consecuencia del tipo de vida que llevamos.

Solo quien ha criado hijos, compartiendo esta época con un trabajo fuera de casa, sabe lo difícil que es conciliar vida familiar con vida laboral.

Pero volviendo a mi primera intención de reflexionar sobre los siniestros de tráfico de este verano, las primeras informaciones sobre el número de víctimas, que nunca son las únicas y definitivas en este recuento, este año han sido 259 personas  fallecidas en siniestros de tráfico, entre julio y agosto. Y  no hay una mejor o peor, todas las pérdidas son muy graves, ni siquiera aquellos que han perdido la vida en siniestros que han producido ellos mismos, son justificables para sus seres queridos.

Pero es cierto que cuando ya terminaban las vacaciones, el siniestro producido por un frenazo y que ha terminado con la vida de una niña de tres años al golpearse con la tablet que llevaba, me impactó.

Cuando ya parecía que habíamos resuelto la seguridad de nuestros hijos con el tipo de retención de seguridad más adecuado, ahora nos planteamos qué pasa con todos esos objetos que llevamos más o menos sueltos por el coche.

Y cuando apuntaban sugerencias de que para que estas cosas no pasen lo mejor es la retención a la inversa, nuevamente surge otra tragedia de otro bebé que llevaba un sistema de retención ideal, pero como las fuerzas confluyen para hacer daño, para producir dolor, el coche donde ha muerto ese bebé olvidado llevaba las lunas tintadas.

Mi primera reacción fue pensar ¿Nadie ha visto a la niña? Después lo he entendido. Probablemente, si los cristales hubieran sido transparente no se habría producido esta tragedia.  Y si la guardería hubiera llamado a esos padres para interesarse por la falta de ese bebé, tampoco.

Creo que en los seis años que llevé a mi hija  a su guardería-jardín de infancia, siempre llamé si no iba a ir porque estaba enferma, y si yo no llamaba, me llamaban desde la guardería. En televisión han dicho que era una zona poco transitada. He trabajado por esa zona y aunque es un barrio nuevo,  siempre hay gente que podría haber visto algo.

Habrá quien hable del destino, otros de Dios, yo hablo de tragedia y de una vida estresada. Muchas veces conducimos sin darnos cuenta, llegamos a un lugar y no sabemos cómo hemos llegado hasta allí, porque lo hemos hecho de forma mecánica y mientras íbamos pensando en cien mil cosas. Es lo que llamaríamos la conducción subconsciente, y esta tiene su efecto sobre determinadas imprudencias (cruzar un semáforo en rojo, saltarse un stop, realizar una maniobra sin mirar, no señalizar una maniobra, etc.)

Y en este caso, olvidar a la pequeña.

Creo que hay app que ayudan a no olvidar a los niños en los coches:

https://www.msn.com/es-us/noticias/tecnologia/crean-aplicaci%C3%B3n-para-evitar-el-olvido-de-ni%C3%B1os-en-el-carro/vi-BBM8ZJT

https://www.noticel.com/vida/lanzan-aplicacin-para-evitar-olvidar-nios-en-el-auto/717314973

Siento mucho todas estas pérdidas, como si fueran mías. Espero que el hada Helena la haya recogido y esté junto a ella en el país infinito del rey Melenao

Algunas cifras:

-520 fallecidos en siniestros de tráfico en el primer semestre de 2018

-259 fallecidos en julio y agosto.Aumento con relación al año anterior.

-37 niños mueren al año en Estados Unidos, por ser olvidados en los coches.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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27% fallecidos con alcohol

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Hoy, los paneles de la D.G.T. en las carreteras,  daban un dato “27% fallecidos con alcohol”. Y un mensaje “si bebes, no conduzcas.

Si se supone que hoy catorce y mañana quince pueden ser más de tres millones los desplazamientos, por cambio de quincena de vacaciones y por salidas a pasar la festividad del quince de agosto, festividad  en muchos lugares, esta campaña puede tener mucha repercusión.

Pero puesto a hablar de cifras, ese 27% de fallecidos, que llevaban alcohol, no sabemos si conducían, si han sido los que han provocado su muerte o si han sido víctimas.

¿Y cuantos fallecidos han dejado los siniestros producidos por conductores con alcohol?

Según las estadísticas de la DGT por delante de los siniestros producidos por alcohol y drogas (el 42% de los fallecidos habían consumido alcohol u otras drogas), están los siniestros por distracciones, especialmente por los móviles.

Y ese va a ser el mayor objetivo, sancionar más el uso del móvil. Sin embargo, no piensan reducir la tasa de alcohol. Pero no sé si es que no recuerdan que los puntos, igual que se pierden se recuperan, pero las vidas no.

Hace trece años que ya no celebro el día de la virgen. Hace trece años que se acabaron las verbenas. Hace trece años que no bailo con mi hija “la ventanita”. Y todo por el alcohol que otro tomó.

Tiene razón Pere Navarro que hay que poner más vigilancia. Hay viajes en los que no ves a un solo agente de la guardia civil, y seguimos necesitando más control, y mayores castigos. Esa frase que ha dicho por la tele “si matas a alguien no vas a volver a dormir”, debería cumplirse. Pero para el culpable, no para las víctimas, que somos las que ya no volvemos a dormir como lo hacíamos ante.

Querida hija, cuántas cosas hemos perdido. La mayor de todas, tu presencia, mi princesa.

“Tengo el alma en pedazos
ya no aguanto esta pena
tanto tiempo sin verte
es como una condena”. (La ventanita)

Flor Zapata Ruiz, madre deHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Persiguiendo un sueño

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Es curioso el concepto que tenemos de la vida y la muerte, cada uno. Y cómo vivimos la vida unos, y como afrontamos la muerte otros. También, como alzamos la voz ante determinadas muertes, y como se sobrellevan otras.

Si se trata de perseguir un sueño, no hay edad, mucha publicidad, y aceptación. Si la muerte sobreviene por negligencia, o en carretera, se denominará accidente. Si es con un arma, normalmente se denominará homicidio o asesinato, pero pocas veces nos planteamos lo que una muerte acarrea a aquellos que quedan vivos.

Seguro que ayer se produjeron muchas muertes, con el mismo impacto en cada ocasión, aunque con distinta repercusión mediática.

Ayer moría el niño piloto, Andreas Pérez, después de su accidente en las pistas de carreras de Montmeló.  Ayer, también morían dos hermanos en un siniestro de tráfico en Carnota, Galicia.

Todas esas muertes no eran esperadas ni deseadas, pero habrán producido el mismo impacto en sus familiares y amigos. Los padres de Galicia tendrán el agravante de que no han perdido un hijo, sino dos. Los padres de Andreas, tendrán el consuelo de que su hijo murió haciendo lo que le gustaba.

Pero la mayoría de los que hemos pasado por la pérdida de un hijo nos preguntamos ¿por qué y para qué?

Hacemos todo lo posible por cuidar y proteger a nuestros hijos, pero en lo que se refiere a los toros o los coches esa es otra cuestión. Creo que en España la edad mínima para dedicarse a los toros es 16 años, por eso algunos se van a México. Para conducir un ciclomotor creo que son 15 años, que antes eran 14.  Con 16 años puedes conducir motos de 125 ccCon 18 se puede obtener el carnet de conducir coches, pero por supuesto, no se puede ir a 200 km por hora. Pero si es para competir, todo esto no cuenta. Aquí se puede ver un ejemplo.

Y yo, como madre, ahora una madre sin hijos, me pregunto ¿Qué diferencia hay entre vivir o competir?

Ayer una periodista decía del niño piloto que había muerto persiguiendo un sueño.

Los sueños hay que conseguirlos y vivirlos. Mi hija tenía también muchos sueños.

Y a estos nuevos padres sin hijos, mi solidaridad.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Una inocente arma de matar

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Supongo que cuando el hombre invento el automóvil no era consciente de que inventaba un arma  que podía matar. Es más, incluso me atrevo a elucubrar que pensaría que sería más seguro que aquellos caballos con los que hasta entonces el hombre se movía, y que a veces se desbocaban. Pero el cambio de caballos de carne y hueso por caballos de metal, trajo velocidad, sí, progreso, pero también destrucción, porque el hombre tampoco terminó de controlarlos, y otros los controlaron pero para matar.

El automóvil, que nos trae, nos lleva, nos transporta a otros lugares, en un tiempo corto, es una herramienta en manos, a veces, inexpertas, otras, agresivas, inconscientes, y en algunos casos, asesinas.

Pero es un arma “inocente”, nunca se verá como una pistola, un cuchillo, una espada, una bomba… porque no se le supone ese fin, pero matar, mata.

Y ya sé que todos podemos morir por muchas circunstancias, accidentalmente, y con un coche se presupone que ni tú quieres morir, ni matar, pero mueres, y matas. Ya lo creo que matas. Y lo llaman accidente. Y según una frase de una película, lo llaman así para que los culpables no se sientan tan culpables. Y las leyes sean más benévolas. Pero el dolor y el daño es el mismo que en cualquier muerte.

Permitidme esta reflexión en el día del cumple de mi hija. Treinta y cuatro años, y catorce sin celebración, porque un hombre se permitió conducir borracho, una inocente arma de matar.

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(Del humorista Gráfico José Manuel Puebla Ros)

Feliz cumple sin velas, querida hija.

Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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Perder un hijo en “accidente de tráfico”

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Se cumplen trece años de la muerte de mi hija en “accidente de tráfico”.

Recuerdo que hasta yo misma pronunciaba esas palabras cuando me dirigía hacia la casa cuartel de la Guardia Civil, desde donde habían llamado por teléfono para dejar ese maldito mensaje: Si son los familiares de Helena, pónganse en contacto con el siguiente número…

Sí, y yo llamaba a mis familiares más cercanos y les anunciaba que Helena se había matado en un accidente de tráfico.

Pero ese “se ha matado duró tan solo unas horas”. Cuando cubríamos su cuerpo con un verde manto de hierba, un familiar ya supo que el causante de la muerte de mi hija, era puesto en libertad, y que iba borracho.

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Primero comencé a hablar de un “mal llamado accidente de tráfico”, y después de trece años, mi hija no se mató en un accidente de tráfico, a mi hija la mató un conductor borracho. Y muy pocos son los que se matan en un accidente de tráfico. La gran mayoría, se matan por culpa de otros, o los matan otros.

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Y sea como fuere, la miseria más grande se apodera de tu vida y tu casa. Porque pierdes lo más importante de tu vida, y con ello, la salud, la alegría, el presente y el futuro. Y aunque te pintes de colores y te pongas la máscara, telarañas cuelgan del corazón.

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Querida hija, es imposible escribir esto sin llorar. Es imposible arrancarme esta pena después de trece años. Es imposible cerrar este duelo porque la pérdida de un hijo es el dolor más grande que se puede sentir, y ese duelo es eterno, igual que el amor por ti.

No puedo seguir.

Te quiero, te quiero, te quiero…No me olvides.

No te olvidamos.

El día que me dejaste vi el mundo

como una casa imposible de habitar,

vi las nubes como países en los que no amanecería

y los árboles como seres atormentados que hablaban

con nuestras palabras perdidas,

 

sentí que ya no tenía ninguna vida para dar a nadie

y que tampoco tenía una vida para mí…

Manuel Juliá. El sueño del amor.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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Atropellos y arrollamientos

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Raro es el día que no hay un nuevo atropello, pero la gran mayoría no salen en las noticias si el fatal resultado no es de muerte. Como si quedar gravemente herido o con secuelas para toda la vida no fueran motivo suficiente para mandar a la cárcel a aquel o aquella que lo produce, mucho más si ha sido como consecuencia de un delito vial.

Hace más o menos un mes, mi amiga, desde la infancia, compañera de trabajo durante toda mi vida laboral, acompañante en mis peores momentos de duelo, fue atropellada en un paso de peatones en la localidad de Tres Cantos, Madrid.

Al principio, ni siquiera quiso decirme nada para no renovar mi dolor. Y me ha costado mucho escribir sobre ello. La verdad es que cada vez me cuesta más escribir. Al principio pensaba que era porque no quiero llorar, y escribir es llorar.

Hoy, escuchando las noticias me he dado cuenta que lo que me hace no escribir como antes no es solo el dolor, es el cabreo y la rabia que me produce esta sociedad y especialmente, la actuación de la justicia. Y no digo aquello de “…..de justicia” porque ya hubo una persona condenada por esa afirmación, pero es lo que me saldría.

A mi amiga, el conductor que la atropelló ni siquiera paró para auxiliarla. Le ha rotado tres vertebras, otra aplastada, y el coxis roto. Y tanto la policía local como la guardia civil, dicen que no pueden hacer nada. Parece ser que no hay testigos (aunque sí hay alguien que la recogió, aunque no sepamos qué pudo ver),  y tampoco se han tomados demasiado interés. Y mi amiga ya se ha rendido. Ella, desde su estado, ha investigado más que todos juntos, pero con tan poca ayuda, ella misma ya lo define como “un atropello sin culpable”.

Yo estoy segura que sí hay un culpable, por eso no aparece, por eso no se paró.

Y hace unos días, una conductora drogada  ha arrollado a un grupo de ciclistas. En un anterior post ya explique que la palabra “arrollamiento” se utiliza para los siniestros de tren y la de atropello para los siniestros de tráfico, pero en casi todas las noticias del atropello de esta conductora, lo describen como arrollamiento. Bueno, incluso algunas noticias hablan de que un todoterreno arrolla a un pelotón de ciclistas, como si el coche fuera solo.

Esta individua, que resultó conducía bajo los efectos de sustancias, en principio, no fue detenida. Solo cuando uno de los ciclistas murió.

Pero el colmo es cuando hoy conocemos que esta conductora tenía antecedentes, también por conducir con drogas,  y en 2015 se la condenó a un año de retirada de carnet y una multa. Y el “requetecolmo” es que, parece ser, según he escuchado en la tele, esa retirada de carnet nunca se hizo efectiva

¿De qué mierda estamos hablando?

¿A quién le importan las muertes en siniestros de tráfico? ¿A nuestros legisladores? ¿A la justicia? A nadie. No le importa a nadie.

Las multas si tienes dinero, LAS PAGAS. Los puntos si se pierden, SE RECUPERAN. Los carnés si se retiran, SE CONDUCE SIN ELLOS. Y la prevención… no existe.

Lo de mi amiga, lo del atropello de Capdepera, y la cercanía del día 17, cuando se cumplen 13 años de la pérdida de mi hija, por culpa de un conductor borracho, me tienen rabiosa.

Sí, señores. Esto es una mierda. Una mierda de sociedad, una mierda de vida, y una mierda de todos los que se deberían implicar en la disminución de víctimas de tráfico y no lo hacen. Pero no se preocupen, “lo llaman accidente para que los culpables no se sientan culpables”, y mañana puedes ser tú.

Disculpen la mierda que he expandido en este escrito, es lo más suave que me ha salido.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, a 8 días del décimo tercer aniversario de la muerte de mi hija, por un conductor borracho.

 

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El cuento de Adrián

Los cuentos del hada Helena, están en este blog y también estaban en una página llamada Soopbook. Pero esa página, sin avisar, decidió cerrar.

Casi todos, como digo, están aquí en este blog, pero algunos tenía su enlace, pero el cuento totalmente no. Este es el caso de “Adrían y Diego, los guardianes del agua”. La triste noticia de la pérdida de Gabriel y el que sus padres le llamaran pescaito me ha traído tantos recuerdos de estos cuentos y especialmente el de este último, que aunque este cuento lo escribí en 2014, lo voy a traer hasta aquí en este momento.

Adrián, en mi cuento, se convirtió en un pez. No sé si seré capaz de volver a escribir, en este caso sobre un pescaito, pero ojalá les llegue a sus padres que Gabriel está con el hada Helena, y ella le va a cuidar con mucho amor.

Y ahora el cuento de Adrian y Diego, los guardianes del agua. Espero poder poner aquí todas las imágenes, aunque no saldrá tan bonito como en la publicación que envié a sus padres:

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Adrián, es un pequeño de cuatros años que vive en la tierra de D. Quijote. Esa tierra donde dice la canción  que hay “mucho vino, mucho pan, mucho aceite y mucho tocino…”

Ya tiene edad de aprender a nadar, y así lo han decidido sus papás.

Y comenzó sus clases en la piscina de su pueblo.

A Adrián le gusta el agua y todos los animales relacionados con la misma. Y le gusta ir a aprender a nadar, sobretodo porque lo hace  junto con su amiguito.

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Y mientras en un pueblo de la Mancha sucede esto, en “el país infinito” alguien se está quejando.

Diego, el guardián del ventanal, corría de un lado para otro  con cara de preocupación y estrés.

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-No, no, no puede ser. Cualquier día va a haber una desgracia.

-¿Qué te pasa Diego? Se te ve muy alterado- dijo el hada Helena.

-Porque no puede ser, yo no puedo con todo. Hay demasiado irresponsable para poder controlar  todo. Cada vez hay más peligro.

-Tranquilo, ya sabemos que no puedes vigilar a todos los niños- dijo el hada.-Y no te sientas responsable, tú puedes salvar a algunos, pero no a todos.

-Ya, pero me preocupa cuando veo el peligro, y  siento no poder hacer más.

-Pues, no lo sientas así. Los que sí tiene la responsabilidad son los de ahí abajo, tú ya haces bastante. Relájate, encontraremos una solución.

-Sí, pero tengo miedo de que algún día lleguemos demasiado tarde.

-No te preocupes, ya sabes que, de todas formas, aquellos que lleguen hasta aquí vivirán una vida agradable, y nosotros nos ocuparemos de ellos.

-Sí, lo sé, pero no es eso lo que piensas sus seres queridos. Nuestras mamás y papás se quedan tristes y angustiados- respondió Diego a Helena

 

-¡Eh, no, no, eh, tú! ¿Qué haces irresponsable?

Diego había subido el tono de voz y se podría decir que gritaba y no paraba de hacer aspavientos con la intención de llamar la atención.

-¡Eh, eh! ¿Qué haces? ¡Qué no sabe nadar!

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(El hada Helena en forma de mariposa, dibujo realizado por Helena)

La mariposa cayó en picado en la piscina. Nadie pudo verla, era demasiado veloz y  minúscula. Y con la misma rapidez que entró, también salió. De sus frágiles patas colgaba una bolsita de plástico, y en su interior, un pequeño pez de colores se golpeaba una y otra vez contra las paredes de plástico, haciendo, glup, glup, mientras que el hada volaba.

 

 

Diego, desde el ventanal, observaba como su premonición se cumplía. Un niñito era sacado de la piscina, y personas a su alrededor se afanaban por hacerle la respiración.

 

Estaba tan ensimismado con esa visión, y tan cansado de gritar, que no reparó en que Helena había llegado y se estaba transformado de mariposa a su estado de  joven hermosa, con largos cabellos.

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 (El hada Helena. Dibujo realizado por una alumna de Laura, amiga de Helena)

En su mano todavía seguía la bolsa de plástico con un pez en su interior. Mostrándoselo a Diego le dijo:

-Te presento a Adrián, tu nuevo ayudante.

-¿Qué? ¿Es él?

-Sí, conseguí sacarlo del agua a tiempo.

El hada metió la mano en la bolsa  y  el pez que  abría y cerraba su boquita, comenzó a hablar.

-¡Por fin! Creí que me iba a ahogar dentro de esa bolsa. ¿Dónde estoy, quienes sois?

-Hola, yo soy Diego, el guardián del ventanal, y ella es el hada Helena, es la que te ha traído hasta aquí.

¿Aquí? ¿Qué es aquí, dónde estoy?

-Estás en el país Infinito. Yo soy Helena, como te ha dicho Diego, y  me encargo de traer hasta aquí a aquellos niños que son demasiados pequeños para perder la vida .  Él también tuvo un problema con el agua, mejor dicho, con los que cuidaban el agua, por eso está aquí y ahora es el guardián del ventanal y cuida a los niños para que no les pase nada con el agua.

– Sí, yo también tuve un problema con la guardiana. Helena me ayudó a pasar a la otra orilla -contó el osito, resumiendo en pocas palabras su historia.

– ¿Y yo?-preguntó Adrián con cierto tono de reproche.

-Es difícil poder cuidar a tanto niño mientras aprenden a nadar- respondió el hada.

-Él avisaba a tu guardiana de que tú no sabías nadar, de que no se olvidara de ti,  pero ella no le oyó. Es imposible que algunos humanos nos oigan, sólo podemos mandar señales, pero no todos están preparados para recibirlas, algunos,  ni siquiera las ven o las quieren ver. También se las enviamos a ella, pero las ignoró.

Adrián, estaba apoyado sobre su cola y miraba al hada y al osito, con cara de asombro. No entendía nada.

-Diego, te presento a tu nuevo ayudante, Adrián –dijo Helena, dando oficialidad al nuevo cargo y misión de Adrián.

Diego, juntos sus pezuñas golpeándolas en un intento de aplaudir y comenzó a dar saltos y a gritar- ¡Bien, bien!

Adrián, movió sus aletas y la cabeza en tono negativo.-No, no, yo soy muy pequeño para ser guardián, yo quiero aprender a nadar y estar con mi mamá, mi papá, y mi hermanita Irene.

-Sí Adrián, lo entendemos, pero eso no va a ser posible, por ahora. Los niños como tú estaréis aquí hasta que volváis a encontraros con vuestros padres. Aquí vas a estar genial. Te has convertido en un pez porque sabemos que te encantan los peces, y como logré rescatarte del agua antes de que dejaras de respirar, ahora puedes respirar dentro y fuera del agua –dijo Helena, en un intento más por hacerle comprender.

Adrián ya se había dado cuenta de que era un pez, pero no le importó demasiado. Ahora le preocupaban más otras cosas.

-Pero, Irene es muy pequeña, tengo que cuidarla, mi mamá, sola, no puede.

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(Adrián e Irene)

-Y lo harás desde aquí, ¿verdad Diego?-dijo Helena.

-Sí, sí, por supuesto. Yo vigilo desde aquí que a mis padres y a mi hermano no les pase nada, y, además, cumplo con mi misión de salvar a otros niños. Pero tengo demasiado trabajo, por eso me he puesto tan contento al saber que tú me vas a ayudar.

El pez seguía con cara de pocos amigos, pero en ese momento llegó un precioso periquito y se posó en el hombre del hada.

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(Alejandro convertido en periquito)

-Hola, ¿Qué pasa, quién es éste? -dijo Alejandro.

Helena hizo las presentaciones, y mientras  llegó Julia seguida del perrito Juan. Entre todos habían rodeado a Adrián y cada uno le explicaba cuál era su cometido en aquel país, y lo hacían con tanto ímpetu, que con el jaleo despertaron al león.

-¿Qué está pasando aquí, es que uno no se puede echar una siesta?

Todos querían explicarle la historia de Adrián y unos a otros se quitaban la palabra.

-Vale, vale, no organicéis tanto escándalo. Ya sé quien es Adrián.

Adrián, se fijó en aquel león y,  al principio,  sintió un poco de miedo, pero enseguida se dio cuenta que a lomos del mismo iban dos lindos gatitos y, tanto éstos, como el resto de componentes se acercaban a él sin ningún miedo a su fiereza.

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(Ruth y José, los guardianes del fuego)

Pero entonces, el pez, con cara de pánico, grito- ¡Gatos!

Casi había iniciado el impulso para salir corriendo, pero  Julia, más veloz que él gracias a sus alas, le agarró  y lo depositó sobre su vestido.

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(Julia en su columpio)

-¿Qué haces? Aquí no pasa nada con los gatos -dijo Julia.-Ellos son los guardianes del fuego.

-Pero yo soy un pez -respondió Adrián.

-¿Y qué? –contestó Helena. Esto no tiene nada que ver con ese mundo que acabas de dejar. Aquí no hay diferencias, ni riñas entre nosotros. Nos queremos, nos ayudamos, y somos una gran familia.

Entonces, habló Melenao,  el león, con la autoridad que siempre le precedía.

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(Dibujo de “El guardián del ventanal”, según David)

-Así es,  Adrián, aquí estarás bien. Seguirás formándote y te harás mayor. Desde aquí podrás ver a tus seres queridos  y te convertirás en su guardián. Pero lo más importante es la misión que tendrás desde ahora: ayudar a que a otros niños no les pase lo que a ti.

-Entonces, ¿esto es como en los cuentos? ¿Mágico como el cuento de Pinocho que me leía mi mamá?-preguntó Adrián.

pinocho

-Más o menos. En el país Infinito todo es posible. Tendrás algunas de las cosas que tanto te gustaban en la Tierra, y jugarás con el resto de animales que habitan en  este prodigioso país.

Y corriendo una roja y pesada cortina, el león le mostró una sala llena de cuentos y con una pecera.

 Adrián, no salía de su asombro, allí estaban todos los cuentos que a él le encantaban, y acercándose a la pecera exclamó -¡Pero si son Chip y Chop, mis peces! Jajaja.

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(Adrián con sus peces)

– Ahora soy como vosotros, hacedme un hueco –y diciendo ésto, se metió en la pecera.

Chip y Chop se asustaron mucho y pensaron que, con uno más en ese diminuto espacio, serían una multitud.

Adrián se movía, como pez en el agua. Dio unas cuantas vueltas y, al final, con un envite quiso salir de la pecera. Diego, que estaba cerca del borde de la misma, le cogió y le dijo:

 

-Venga, pececito, vamos al ventanal, tenemos mucho que hacer.

Adrián, movió las aletas, sacó la lengua, y siguió a Diego, sonriente y feliz.

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Y colorín colorado, este cuento sobre un pez llamado Adrián, se ha acabado.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Notas de la autora:

-Este cuento está dedicado a Irene, la hermana de Adrián, en el día del cumpleaños de éste,  un pequeño que murió en la piscina de su pueblo, por la irresponsabilidad de quien debía haberle cuidado mejor.

 -Las fotos de Adrián han sido cedidas por la mamá de éste.

 -Otras fotos son de mi propiedad.

 -Alguna foto es de autor desconocido. Si su autor no quiere que aparezcan en el cuento, por favor que me lo indique para quitarla inmediatamente.

 -Todos los derechos de este cuento son de Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, su autora, y pertenece a la serie “Los cuentos del hada Helena”.

 Se finalizó en Alcobendas, Madrid, el 27 de febrero de 2014.

 -Los cuentos de Helena son cuentos sin ánimo de lucro. Haz buen uso de ellos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

www.quieroconducirquierovivir.com

mamydehelena07@yahoo.es

 

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