Carta a los amigos de los jóvenes de Alcobendas

Post escrito el 10.02.2007 por FZ madredHelena

Hoy se cumple una semana de la muerte de Sandra, Roberto y Eugenio.

Para sus padres habrá sido la semana más larga de su vida. Lo digo por experiencia y lo que a continuación voy a decir es también mi propia experiencia. Puede ser que otras personas lo sientan de otra forma.

Nadie nos prepara para la muerte, ni la propia ni la de un ser querido. No existe en ningún colegio esta asignatura.

A los niños se les oculta, a los jóvenes, salvo aquellos que lo han vivido de cerca, se les exime del hecho de enfrentarse a ella o tener que cumplir socialmente con los que se ven afectados, para ello están los padres. Y la propia naturaleza les aleja de este drama, pasarán muchos años hasta que tengan que enfrentarse con la muerte de sus padres.

Pero ¿qué pasa ahora, cuando cada fin de semana pierden amigos en la carretera de forma tan violenta?

Todavía NO SÉ LO QUE PASA POR SUS CABEZAS.

En principio están impactados, doloridos, ese día están ahí y después … ¡Desaparecen!

En una gran mayoría estoy segura que este hecho les servirá para consumir la vida más rápidamente..”jo macho, vamos a pasarlos bien, ya ves son dos días…”, “a vivir que esta vida es una mierda…”, “disfruta, disfruta, acuerdate de fulanito…”.

No sé cuántos sacarán una lección, cuántos cambiarán de tipo de vida, a cuántos les servirá la muerte de sus amigos para hacer algo distinto en esta vida, para no consumirla.

¡Cuánto me gustaría que en los colegios les enseñasen también a cómo actuar ante una situación así, a prepararles para la vida y para la muerte!

Cuando perdí a mi hija, yo tenía necesidad de mantener algo vivo de mi hija cerca de mí y lo más vivo en ese momento y relacionado con mi hija, eran sus amigos. Deseaba verlos, hablar con ellos, qué me contaran cosas de Helena como amiga, esas cosa que no conocemos los padres, porque con nosotros son nuestros hijos y con sus amigos son amigos.

No quería que la olvidaran, esperaba cada día qué alguien me llamara, qué alguien me regalara el oído diciendome cosas de ella. Pero eso, muy pocas veces se daba. Sólo los amigos, quizás los que se habían alejado en el tiempo, reaccionaban y por supuesto, los últimos que hizo, sus compañeros de Erasmus, muchos de ellos extranjeros y a veces casi sin entendernos, eran los que escribían o los que aguantaban mis escritos.

 Los más cercanos, los del día a día, desparecieron.

¿Estaban muy impactado, no querían molestar, no lo podían soportar, les producía mucho dolor? Pues, imaginaos a nosotros, sus padres.

El dolor nos hace fuerte. El dolor se combate, como la mayoría de las cosas, con Unión, con Compañía, Compartiendo.

Os hablo sólo como madre. Preguntad a los padres de vuestros amigos si quieren que vayais a verlos, acompañarlos en su dolor, pero no de palabra, sino de presencia. Si os dicen que sí, sólo tenéis que estar con ellos, escuchando, en silencio, arropando.

El dolor hace madurar. A nadie le apetece sufrir. ¿Créeis que a nosotros nos apetece?, ¿créeis que nosotros por ser más mayores, por ser padres, tenemos obligación de sufrir?, ¿creéis que por traeros al mundo estamos obligados a sufrir por vuestras acciones?.

Vosotros sois fruto de, cómo dice la canción de Sabina, “el sexo con amor de los casados”, algo que por ahora no podéis comprender. Sólo cuando seais padres.

Si sois mayores para llevar un coche, también sois mayores para cumplir con vuestros deberes de solidaridad. Afrontar los hechos, sed valientes y dad la cara.

Ayudad de alguna forma a los padres que perdieron sus hijos y a los amigos que sufrieron heridas. No hagáis como si no hubiera pasado nada, porque sí ha pasado.

Flor, madre de Helena.

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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Una respuesta a Carta a los amigos de los jóvenes de Alcobendas

  1. Mi querida amiga hermana… Son tan hermosas y certeras tus palabras, que sé que llegarán al corazón de esas jóvenes y esos jóvenes a quienes las diriges así como también a sus profesores y padres, motivándoles a reflexionar acerca de la vida y la muerte y a vivir esta hermosa vida amando. Me siento honrada de contar con tu amistad…

    Con paz y amor, un abrazo azul con Helena, Mijáil y tantos hermosos seres de luz como ellos… que ya no viven esta vida junto a nosotros debido a fallas humanas en la seguridad vial.

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