Los coches y las calles de los pueblos

 

 calasd

 (Post escrito el 27 de julio de 2008 por FZ madredHelena)

Ayer conocía la muerte de un menor y  el arrollamiento de otros  6 menores, con edades comprendidas entre los 13 y 16 años, en un pueblo de Toledo, San Bartolomé de las Abiertas, cuando yo misma me encontraba en otro pueblecito, éste de la provincia de Ciudad Real.

 

Me imaginé la escena. Unos adolescentes, casi niños, haciendo algo que nunca hacen en una gran ciudad, pero que en nuestra infancia era lo más normal y habitual. Porque nosotros nos criamos en la calle y no necesitábamos parques, ni bancos. Porque teníamos la calle, el campo, las huertas, para nosotros.

 

Hoy, cada vez que visito este pueblo, donde sus calles estaban hechas para agrupar a los vecinos, no para separarlos. Donde las aceras tienen como mucho unos 50 cm de ancho y la calle puede que no llegue a tener los dos metros, los coches pasan, por algunos espacios completamente pegados a los bordillos, porque no hay más espacio. Pues como decía, hoy en día cada vez que visito este pueblo y oigo el rugido de la velocidad a la que pasan los coches y algunas motos, desde dentro de la casa me digo ¡Dios mío, que no salga nadie!

 

Porque esas calles no están pensadas para los coches. Porque esas calles están o estaban continuamente cruzadas por las  vecinas a casa de la vecina de enfrente para peguntar ¿Cómo estás?, para pedir un poco de sal, para preguntar ¿Está aquí mi fulanito? etc. y el conductor de turno, metido en su lata no piensa  que, en ese momento cruce una persona, una persona que cuando la llegue a ver, la tiene encima del capó.

 

Helena, cuando iba en verano a este pueblo, se pasaba el día cruzando a la casa de enfrente. La casa de la tía Antonia, para ver sus gatitos. Por las noches, estas calles se llenaban de sillas donde las abuelas se sentaban a tomar el fresco y charla con sus vecinas y los niños se sentaban en le bordillo de la acera o jugaban con el balón en mitad de la calle o se sentaban en el escalón de la puerta de la abuela más condescendiente, a la que no le importaba esa invasión.

 

Por eso, me imagino la escena. La veo como en una película y después me llega el dolor, el dolor de esos familiares.

 

y ¿Qué hacemos con estos energúmenos que conducen sin carnet o se ponen hasta el culo de alcohol u otras drogas? ¿Que matan a jóvenes y menos jóvenes y a ellos no les pasa nada?

 

Adrián no había cumplido los 15 años. A sus padres y  familiares les espera un camino de dolor para el resto de sus vidas.

 

Al A.G.G., que sigo opinando que deberían poner el nombre y los apellidos para que todos podamos saber que ha matado a una persona y herido 6 más y no ha sido un accidente, le espera un poco de jaleo, trámite, algún tiempo en la cárcel, pero eso será después, quizás dentro de 3 años, el tiempo que tardará la justicia en todo el papeleo, unos meses aislado, pero viviendo bien y a la calle.

 

Así de injusta es la vida. Porque los que matan, a ellos, no les pasa nada, ellos no se matan, solo dejan ese reguero desangre, dolor y sufrimiento.

 

¡Cuántas veces he oído decir al padre de Helena: Qué miedo me da esa calle! Cada vez que Helena se iba al pueblo. Y cuantas recomendaciones: Helena, mucho cuidado antes de cruzar. Pero ¿Qué se puede recomendar cuando ni siquiera cruzas, cuando la muerte te viene por estar sentado en el bordillo de la acera?

 

Mi solidaridad con este pueblo y sus vecinos que esperan a que llegue el verano para que sus calles y sus abuelos se llenen de alegría con la llegada de los niños.

 

Mi cariño para los padres de Adrián y los padres de los niños heridos, porque sé lo que es esto, porlo que están pasando y por lo que tendrán que pasar.

 

(La última copa siempre la pago yo. No mueras tú por el alcohol que otro toma. No tomes tú el alcohol que mata a otro)

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

www.quieroconducirquierovivir.com

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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