Persiguiendo un sueño

calas Santiago

Es curioso el concepto que tenemos de la vida y la muerte, cada uno. Y cómo vivimos la vida unos, y como afrontamos la muerte otros. También, como alzamos la voz ante determinadas muertes, y como se sobrellevan otras.

Si se trata de perseguir un sueño, no hay edad, mucha publicidad, y aceptación. Si la muerte sobreviene por negligencia, o en carretera, se denominará accidente. Si es con un arma, normalmente se denominará homicidio o asesinato, pero pocas veces nos planteamos lo que una muerte acarrea a aquellos que quedan vivos.

Seguro que ayer se produjeron muchas muertes, con el mismo impacto en cada ocasión, aunque con distinta repercusión mediática.

Ayer moría el niño piloto, Andreas Pérez, después de su accidente en las pistas de carreras de Montmeló.  Ayer, también morían dos hermanos en un siniestro de tráfico en Carnota, Galicia.

Todas esas muertes no eran esperadas ni deseadas, pero habrán producido el mismo impacto en sus familiares y amigos. Los padres de Galicia tendrán el agravante de que no han perdido un hijo, sino dos. Los padres de Andreas, tendrán el consuelo de que su hijo murió haciendo lo que le gustaba.

Pero la mayoría de los que hemos pasado por la pérdida de un hijo nos preguntamos ¿por qué y para qué?

Hacemos todo lo posible por cuidar y proteger a nuestros hijos, pero en lo que se refiere a los toros o los coches esa es otra cuestión. Creo que en España la edad mínima para dedicarse a los toros es 16 años, por eso algunos se van a México. Para conducir un ciclomotor creo que son 15 años, que antes eran 14.  Con 16 años puedes conducir motos de 125 ccCon 18 se puede obtener el carnet de conducir coches, pero por supuesto, no se puede ir a 200 km por hora. Pero si es para competir, todo esto no cuenta. Aquí se puede ver un ejemplo.

Y yo, como madre, ahora una madre sin hijos, me pregunto ¿Qué diferencia hay entre vivir o competir?

Ayer una periodista decía del niño piloto que había muerto persiguiendo un sueño.

Los sueños hay que conseguirlos y vivirlos. Mi hija tenía también muchos sueños.

Y a estos nuevos padres sin hijos, mi solidaridad.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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