
Queridos Reyes Magos:
Hace ya muchos años que no recibís una carta, ni física, ni simbólica, de la que suscribe.
Ya os he contado todas mis historias relacionadas con vosotros: Las cartas que escribía mi hija pidiendo para toda la familia, motivo por el que ya no recibís encargos para esta dirección; mis reyes cuando era pequeña; mis reyes cuando ya era mayor; o mis peticiones simbólicas para bajar las cifras de víctimas de la inseguridad vial.
Pero este año es especial. Voy a hacer un último intento.
Este año me he cuestionado qué hacéis trabajando tanto, tan lejos de vuestra tierra, y siendo tan generosos con niños de otros países, de lugares lejanos, que tienen de todo, que pocos dan valor a esos esplendidos regalos, y para los niños que más los necesitan, que más los agradecerían, seguro que no les llevaréis nada.
¡Ah, ya, que en Gaza ya no hay calles, ni comida para los camellos!. ¡Ah, que allí ya no hay niños!

Madres de gaza. Celsa Sanchez
¡Qué pena!
¿Y no sería posible que con vuestra magia os desviarais un poco en vuestro camino y antes de tomar rumbo para la zona rica y en paz del planeta repartierais un par de hosti… a esos “sferiff” que hay por el mundo. Desde vuestro lugar de origen, donde comenzasteis hacer vuestro merchandising, donde nació ese pequeño que dicen murió para salvarnos a todos, hay uno que este año debería recibir algo más que carbón, pero los hay por todo el planeta. Son como los malotes de colegio que toman lo que quieren siempre por la fuerza.
Por favor, poned un poquito de orden, un poquito de cordura, de humanidad, DE PAZ.
Es lo que más necesitamos. NI ORO, INCIENSO O MIRRA, SOLO PAZ Y HUMANIDAD.

Una madre sin hijos
Majestades, gracias, anticipadas, por lo que podáis hacer.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, a la que mató un conductor con alcohol, y la que se encargaba de escribiros.

