¿Sabemos conducir?

fallecidoelpais

De entre los millones de conductores que somos, si le preguntas a cualquiera si sabe conducir siempre te responderá que sí, y que quien lo hace mal son siempre los otros. Pero algo no cuadra si nos fijamos en los resultados de la siniestralidad en Semana Santa.

Parece ser que este año la colisión frontal ha sido la primera causa de muerte. De los 28 accidentes mortales producidos en esta semana santa, 15 se produjeron por colisión, De ellos 13 fueron choques frontales y 2 frontolaterales.

La gran mayoría de choques frontales se suelen dar en vías de doble dirección, es decir, no en autovías o autopistas. ¿Qué pasa que no sabemos adelantar? Pues va a ser que sí.

Cada vez que tengo que renovar el carnet de conducir la prueba que más nerviosa me pone es la de los mandos o la del ratoncito, como la llamo yo. Nunca sé si voy a acertar. Y me considero que sé conducir. Lo hago desde que tenía 20 años. Pero también es verdad que cuando voy en una carretera de dos direcciones, me aseguro muy mucho a la hora de adelantar, porque a lo que más estoy acostumbrada es a ir por autopista o autovías. Y no me da vergüenza confesarlo.

Así, las carreteras secundarias acumulan el 80% de los accidentes mortales. Y de esos 28 siniestros, 24 se produjeron en vías convencionales y solo cuatro en autopistas o autovías.

Es cierto que esas carreteras están peor, y que puede que en más de un siniestro haya tenido que ver el estado de la carretera, pero me temo que en los choques frontales ha tenido que ver que uno de los dos conductores no ha calculado bien cuando iba a salir “el ratoncito” o es un inconsciente por adelantar sin buena visión o en tramo prohibido.

Y no creo que tenga que ver la edad del coche, como apunta la directora de la DGT, o la edad del conductor, que puede que en algún caso sí, pero no necesariamente porque sea mayor, los jóvenes adelantan con mucha alegría, aunque, como decía mi madre, un experto conductor, prudente y sensato, “déjale es joven tiene reflejos”. Pero todos sabemos que muchos mayores suplen esa falta de reflejos con una mayor prudencia y con muchas horas de conducción.

Tener el carnet de conducir no es sinónimo de saber hacerlo. Muchas veces la máquina supera al que la lleva entre sus manos y otras veces, una confianza excesiva, un ego sobrepasado, y un alarde de coche, y en resumen, un exceso de violencia, producen una muerte a la vuelta de la esquina.

Siempre he dicho, si no vas a conducir, no te saques el carnet. Eso de, por si me hace falta, para un momento de apuro, es una osadía. Sabe conducir supone tener horas de volante. Todos hemos comenzado pasando algún que otro apuro, y con más miedo que vergüenza, para después de unos años parecer unos expertos. Pero si nuestro contacto con el coche es menos que esporádico o sólo en vacaciones, nos podemos ver mal en algún momento, sobre todo si no somos conscientes y ponemos  prudencia.

Este año, 35 personas no han vuelto a sus casas en esta semana. En lo que va de año, hasta el 21 de abril han muerto ya 296 personas. Total, una minucia si se compara con los millones de coches que se desplazan, pero una tragedia para cada uno de esos 296 hogares. Máxime cuando nadie piensa ni tiene por qué admitir que conducir un coche es arriesgarse a torear uno de los toros más bravos y puede morir en la embestida.

Es cierto que las infraestructuras nos tienen que facilitar la labor con buenas carreteras y bien señaladas. Que siempre vendrá un descerebrado que nos podrá en peligro con su velocidad, su alcohol u otras drogas, con el móvil en la mano, pero también está nuestra parte.

Y por cierto, ha habido 12 siniestros por salida de vía, que digo yo que la salida de vía no es la causa, será el desenlace, el final, pero la salida de vía tiene que ser causada por algo o alguien.

En resumen, conduce sin miedo, pero con vergüenza.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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