El último septiembre

 (Post escrito el 30 de septiembre de 2008 por FZ madredHelena)

Este último fin de semana de Septiembre, la DGT nos quiere contagiar de optimismo con las cifras publicadas.

 

Este fin de semana 8 muertos, frente a 32 el mismo fin de semana del 2007.

 

La misma tendencia a la caída se ve en los resultados de la campaña de verano, con 89 muertos menos.

 

 Pero, como siempre digo, aquí faltan algunos muertos que no se recogen como son los de vía urbanas y los que fallecen después de las 24 horas de producido los accidentes.

 

Y lo que es peor, que detrás de cada cifra hay una persona, con rostro, con ilusiones, con proyectos, con vida.

 

Yo no puedo estar contenta del todo, aunque me alegre esta disminución, algo por lo que llevo luchando desde hace 3 años, pero tengo que recordar el último septiembre, el del 2007, porque fue un mes bastante trágico, especialmente, en lo que se refiere a los últimos días de Septiembre.

En esos días, perdían la vida, en distintos mal llamados accidentes, muchos jóvenes, en su gran mayoría, con menos de 20 años:

 

Iñigo, Rocío, Francisco Javier, Mabel, Lucia o los jóvenes de Valverde del Camino.

Hasta el 20 de Septiembre de 2008, ha habido 1.640 fallecidos (Casi 11 aviones) 437 menos que en 2007.

 

Aún no se han publicado las cifras definitivas de muertos en todo el año 2007.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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SMS al volante

(Post escrito el 25 de septiembre de 2008 por FZ madredHelena)

El otro día leía en la sección “Dicho en 20 minutos.es”, lo que muchos lectores opinaban sobre la noticia de que un estudio en El Reino Unido revelaba que escribir SMS mientras se conduce era más peligroso que conducir con alcohol o marihuana.

 

Algunos de esos comentarios decían así:

 

“Ojo al descubrimiento científico: El experto indicó que los conductores que enviaban mensajes por el teléfono móvil solían soltar el volante para escribir. ¿Cuánto le han pagado por tan sagaz descubrimiento? Franbak”

 

“Yo, como no uso móvil, no mando mensajes, pero me encanta hacer punto de cruz cuando voy conduciendo, relaja un montón. Luz (nhcscdle)”

 

“Es muy serio que muera tanta gente en accidentes. Alguno de nosotros, ahora aquí tan felices, a lo peor moriremos en un absurdo accidente. Piénsalo, toda información sobre precaución es buena. Jorge”

 

“Ya sabéis, antes de coger el coche, beber todo lo que queráis y fumar porros. Como es más peligroso escribir un SMS… ya sabéis”

 

Y así otros muchos…

 

No lo pude evitar, me salió esta carta:

 

ZONA20Carta de Madrid.Mal llamados accidentes de tráfico

 

 FLOR ZAPATA RUÍZ [madre Helena, que murió por el alcohol que otro tomó]. 25.09.2008. He leído en la sección Dicho en 20minutos.es distintos comentarios sobre la teoría de que los SMS al volante son más peligrosos que conducir bajo los efectos del alcohol o la marihuana. Algunos estaban escritos con mucha ironía, otros con humor y todos ellos, supongo, y, afortunadamente para ellos, sin haber sufrido en sus carnes las verdaderas consecuencias de las imprudencias que se comenten con un volante entre las manos. Porque, por mucho que se comente, se estudie, se divulgue, nadie es consciente del dolor que produce la pérdida de un ser querido en esos mal llamados accidentes y que todos podemos ser víctimas. ¡Quiero conducir, quiero vivir!

 

Gracias, 20 minutos, por su publicación y especialmente por respetar mi pie de firma.

 Efectivamente, tal como ponía el titular, es una imprudencia muy grande. Una más de las que producen accidentes.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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El día sin coches, se pasó

(Post escrito el 22 de septiembre de 2008 por FZ madredHelena)

Hoy, 22 de Septiembre, presuntamente era el “día europeo sin coches”. Yo quería sumarme a esta iniciativa y he comenzado el día en transporte público,

 He tomado el tren de Cercanías con dirección Alcobendas – Parla. Pero nada más comenzar a hojear uno de los periódicos gratuitos he podido leer “El día sin coches no se celebrará hoy en la capital. Los grandes municipios, salvo Sanse, Alcobendas y Parla, harán marchas en bici y descuentos en bus, pero el Ayuntamiento de Madrid le dará la espalda a la iniciativa”.

 

Vaya por Dios, mi municipio tampoco se suma a la idea.

 

No hay problema. Ahí estoy yo y mi granito de arena y este tren estupendo que me llevará a la gran ciudad.

 

Pero poco duraría mi euforia. Poco antes de llegar a la estación de Chamartin, se nos anuncia a los pasajeros que ese tren tiene su final de parada en esta estación y que para continuar, deberemos hacer trasbordo. Pero ¿no iba este tren hasta Parla? Así lo anunciaban.

Ninguna explicación. Ninguna información. Ninguna petición de disculpas. Pero, se supone que hoy, el servicio público debería estar más asequible, precisamente.

 

Pues nada, otra oportunidad perdida. Otro año que este día pasó, sin pena ni gloria. Casi estoy por decir que el único coche que faltó en las calles fue el mío. Cómo siempre ¡Qué ingenua!

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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El alcolock: no arrancas, si bebes

(Post escrito el 1 de octubre de 2008 por FZ madredHelena)

Esta es la noticia con la que me hubiera gustado levantarme: “el alcolock de serie en todos los coches”. Pero eso, por ahora, es imposible.

Por eso, me tengo que conformar con que el Congreso pida al Gobierno que el transporte público sí cuente con este sistema y con que la Fiscalía de Seguridad Vial se proponga implantarlo a los reincidentes que cuente con sanciones por conducir con alcohol.

 Son dos propuestas que evitarán algún que otro accidente, pero no es la solución total.

En Julio, ya escribí sobre este tema. Incluso publicaron mi carta en la sección digital de elpais.com. Y un experto en este tema, dejó un comentario muy clarificador sobre el alcolock que aprovecho para traer hasta aquí, en este momento.

 Pero como decía anteriormente, siguen siendo medidas paliativas pero no totalmente resolutivas.

La persona que mató a mi hija lo hizo con un coche privado. Estuvo bebiendo en un lugar casi público (la cantina de un cuartel) Le tuvieron que ver muchas personas y nadie le pidió que no lo hiciera.

Si su coche hubiera contado con este dispositivo, no habría arrancado y, casi seguro, mi hija estaría viva.

 

Esta es la opinión de un experto:

Lo primero presentar mis condolencias a Dª Flor Zapata, la madre de Helena. Nadie mejor que ella comprende la verdadera tragedia que suponen los accidentes de tráfico.

 

Yo dirijo desde 1995 una empresa que se dedica a la investigación, diseño y fabricación de programas y dispositivos para la seguridad vial: tanto aquellos referidos a seguridad activa y pasiva del vehículo, como a las medidas de seguridad de vías de circulación, su vigilancia y control, así como a la educación, formación y vigilancia de los conductores.

 

Realmente es muy difícil llegar a reducir la accidentalidad para alcanzar la “visión cero” que persiguen algunos países y que apoya la Comisión Europea, no obstante, sí se pueden reducir significativamente los accidentes de tráfico, atajando muchas de sus causas “evitables”.

 

Una de las herramientas más útiles para reducir la siniestralidad en España es, sin ningún género de duda, el ALCOLOCK. De hecho, es la herramienta no implantada en nuestro país que supondría una mayor reducción del número de accidentes con el menor coste de implantación. Diversos estudios llevados a cabo demuestran que si se implantara de un modo generalizado entre los conductores detectados con tasas de alcoholemia más elevadas o reincidentes en la conducción bajo los efectos del alcohol, por cada euro que costase su implantación (en su mayoría a cargo del conductor) se obtendrían entre 7 y 18 euros de reducción en los costes originados por los accidentes que no se producirían. Esto naturalmente sin contar con el incalculable valor que supondría evitar la tragedia por la que ha tenido que pasar la familia de Helena.

 

No me quiero extender sobre la eficacia ni la seguridad de los dispositivos ALCOLOCK, tan sólo recordar que mientras está instalado en un vehículo, la posibilidad que dicho vehículo sea conducido por un conductor ebrio se reduce a menos de un 0,0005 mientras que a cualquier hora del día, en cualquier punto de España 1 de cada 70 vehículos está siendo conducido por un conductor que supera el límite de alcoholemia. Sobran más explicaciones.

 

La seguridad vial es responsabilidad de todos.

 

Un saludo,

 

Francisco Bermúdez

 

Delegado Nacional ante el CEN/CENELEC para la Normalización de equipamiento de seguridad en vehículos automóviles.

 

Para saber más sobre los dispositivos de  control de alcoholemía o drogas ( personales, públicos, policiales, etc.) http://www.grupotrafico.es/cinterru.htm

 

 Seguiremos luchando porque cambien los hábitos, las costumbres y porque, algún día, los coches traigan de serie “El alcolock”

 

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó 

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«En lo que dura un parpadeo»: La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

(Post escrito el 17 de septiembre de 2008 por FZ madredHelena)

Carolina es una madre sin hijos muy joven. Demasiado joven. Además, es viuda y víctima que ha sobrevivido a un mal llamado accidente de coche. Pero también es psicóloga y la autora del artículo “En lo que dura un parpadeo”, publicado en la Revista de Psicología INFOCOPONLINE.

Cuando Carolina llegó al grupo que formábamos afectados por las muertes en la carretera, en donde la mayoría éramos madres y padres de víctimas, no llegó pidiendo ayuda, lo hizo ofreciéndose para ayudar. ¡Dios mío, que fuerza! Y cada vez que estamos juntos, ella muestra una serenidad, una claridad, una paz y un sosiego que no tenemos aquellos que hemos sido sólo familiares de víctimas.

Este artículo, junto con la entrevista al psicólogo Francisco Duque Colino trata de mostrar lo poco que aún se hace y se tiene en cuenta, referido a  la ayuda psicológica para los afectados de accidentes de tráfico, causa primera de miles de muertes en nuestro país,  hoy en día, mayor en número que por enfermedad, catástrofes naturales, accidente de avión y  homicidios, temas  que, aparentemente,  nos preocupan más.

Carolina con su relato, duro, estremecedor y real, describe como vivió y sintió ese momento y lo que, ella como profesional de la psicología, echo en falta.

Recordar aquí que en nuestro caso, recibimos noticia de que algo le había pasado a Helena a través de un mensaje en el contestador telefónico. Que cuando nos pusimos en contacto con el teléfono del mensaje nos informaron “a bocajarro” y con tono de reproche “es que Ud. no sabe que su hija hace 3 horas que está muerta”.

Hace unos días, conocía a través de un amigo motero, como dos de sus amigos habían muerto. Una pareja, él en el mismo accidente y ella en el hospital, por un infarto, al comunicarle la muerte de su marido.

El amor de mi hija, que iba con ella en el coche y resultó gravemente herido, me llamó unos días después de enterrada Helena, para preguntarme cómo estaba ella. Nadie me ayudó a saber que tenía que decirle y nuestra conversación fue más o menos así:

“…Hola cariño ¿cómo estás? Bien, bien. Y ¿Helena? Helena está peor que tú, pero tú tienes que ponerte bien enseguida, para ayudarme a cuidarla…” Le habían dicho que ella estaba en otro hospital.

Esta conversación tuvo lugar en un momento en que yo regresaba de una visita al cementerio. Aún no sé de dónde saqué fuerzas para mentir de tal forma y tan convincente.

Álvaro que estaba en el hospital y que sus padres se habían encargado de buscarle un psicólogo, unos días después de esta conversación, fue informado de la muerte de Helena.

Mi marido y yo, recibimos ayuda psicológica porque unas buenas personas se encargaron de buscarla por nosotros. Nunca recibimos esta ayuda de ningún estamento oficial, ni en ese momento ni en ningún otro.

Después de 3 años, en mi caso, sigo unida a mi psicóloga que me sigue ayudando a sobrevivir.

Querida Carolina:

Perdóname por haber llorado contigo más mi pérdida que tu tragedia. Perdóname por haberte visto, siempre, como una madre sin hijos. Gracias, porque, con tu relato, me has hecho ponerme en el otro lado, el del que sufre en sus propias carnes el accidente.

Sólo una cosa más. Aclarar, por si alguien no lo percibe:

El accidente de Carolina no se produjo por un parpadeo de ella. Un conductor borracho impactó contra su coche. Un conductor tan borracho, que después de producir el accidente, abandonó su coche y se marchó a su casa abandonando la escena del… sí, iba a decir, la escena del crimen.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena

En lo que dura un parpadeo (Carolina Coto de Salas)

 

En diciembre de 2006 mi familia y yo tuvimos un grave accidente, en el que mi marido y nuestro hijo fallecieron. Minutos antes de que ocurriese, había leído en un panel de la carretera el número de muertos en accidentes de tráfico durante el mismo puente el año anterior. Recuerdo haberlo comentado, pero en ningún momento lo viví como un problema propio, aunque, de hecho, es un problema que nos afecta a todos.
Es difícil expresar los sentimientos, los pensamientos, las sensaciones que aparecen cuando vives un accidente de tráfico, porque es una experiencia por la que nunca has pasado, no sabes nombrar las sensaciones porque sencillamente nunca antes las habías vivido. No entiendes mucho de lo que pasa porque tu mente no está preparada para recibir esa información.
Es después, con mucho trabajo personal y ayuda cuando, con suerte, consigues elaborar la secuencia cronológica, poner en orden los recuerdos, unirlos a las sensaciones, y crear una historia. La historia de lo que ocurrió y cómo te hizo sentir.
“Contrario a lo que se siente habitualmente al volante, los accidentes de tráfico son muy rápidos. Todo trascurre de forma brusca y repentina, muchas veces con ningún tiempo posible para reaccionar. Es curiosa la sensación que comparten muchos conductores en cuanto a su capacidad para darse cuenta antes de que ocurra, una especie de confianza ciega en su propia intuición, que por supuesto no es real porque muchas veces no existe ninguna señal previa, no se siente en el ambiente ni se intuye. Ocurre.
Yo iba conduciendo, parpadeé y desperté en una ambulancia. No hay nada en medio. Abrir los ojos y estar en otro sitio, un sitio que no es bueno, en el que no deseas estar y separada de ellos… Ahora sé que la diferencia entre estar vivo o muerto es un parpadeo, un instante, no se ve venir, es un segundo que rompe tu vida.
En mi caso perdí el conocimiento a causa del impacto, y al despertar no entendía absolutamente nada. No sólo despiertas del estado de inconsciencia, sino que despiertas a un mundo nuevo, con otras reglas y otros personajes, desprovista de normas, pautas o señales que te digan cómo sentirte o cómo actuar.
Varias personas con las que he tenido oportunidad de hablar y yo misma, coincidimos en una primera sensación de irrealidad. Se suceden varios pensamientos muy rápidos, pero ninguno parece relacionado contigo, ni con algo posible en tu vida. No tiene significado. Y entonces, aparece una fuerte necesidad de negarlo, tanto que incluso lesionada intentas comportarte con normalidad, como si no fueses tú la persona afectada.
Lo primero que hice fue preguntar que había pasado, y me dijeron que había tenido un accidente. -No, no es verdad, ¿cómo voy a tener un accidente y no darme cuenta?-… Pensé que quizá estaba soñando y quise despertarme…
Intenté incorporarme porque mi hijo me necesitaba, pero mi cuerpo no respondía, tenía frío y no podía moverme, levanté ligeramente la cabeza y me vi llena de sangre. Fue ese el momento en el que me di cuenta de que no era un sueño, que algo había pasado.
Tras este primer instante empieza una verdadera travesía para la persona. Es como un puzzle que tienes que hacer, mientras te suben y bajan, medican, inmovilizan, etc.. Necesitas información -las piezas del puzzle- no porque estés preparada para unirlas sino porque necesitas algún asidero, algo que te ayude a entender.
Y en este punto quiero hacer hincapié porque considero que la labor del personal sanitario es fundamental. Es verdad que ante una situación de peligro para la vida de una persona, la prioridad debe ser precisamente esa, el tratamiento sanitario y médico, cuidar el cuerpo, pero es importante no olvidar a la persona que hay dentro de él.
Carezco de información suficiente sobre el funcionamiento del personal sanitario y de seguridad ante una situación de emergencia, como para valorarlo, pero lo cierto es que en mi caso, se sucedieron algunos hechos que no me ayudaron, todo lo contrario, me perjudicaron y aún hoy me duelen.
Lo que me motiva a escribir sobre aquello, es la confianza de que mi testimonio pueda ayudar, aunque sea un poco, o aportar “pistas” a los y las profesionales que en general, trabajan en situaciones de emergencias. Seguramente son cosas que muchos ya han tenido la oportunidad de aprender en su desempeño profesional, o que han leído o escuchado, pero aún así siento la responsabilidad de intentarlo.
En primer lugar, el personal que te atiende en un accidente de tráfico (sanitarios, policías, bomberos, etc.) tiene mucha más información de la que tiene la persona accidentada, no sólo datos importantes, sino cosas que en principio pueden parecer pequeñas, pero que ayudan a orientarse: la hora que es, dónde estás, dónde vas, qué ha pasado, etc. Y no me refiero a la comunicación de una mala noticia, como pueden ser los fallecimientos, las lesiones graves, etc. sino a cosas leves, que ayudarían a recolocarte en ese nuevo mundo.
La desorientación es grande, pero lo más grave es que la persona accidentada sigue funcionando con las mismas pautas y esquemas de pensamiento, aunque en esta nueva situación están desajustados. Eso no significa que dejes de pensar, o que dejes de tener sentido común, sino todo lo contrario, recibes la poca información que te llega y le das vueltas, la gastas de tanto pensarla, intentas encontrarle su significado, más allá de las palabras.
Esto es importante porque las palabras que pudieran tener un ánimo de tranquilizar a la persona, pueden no hacerlo, especialmente cuando los mensajes que te envían unos y otros son contradictorios entre sí. El hecho de que los y las profesionales se pongan de acuerdo en qué decir y cómo es muy importante a la hora de comunicarse en una situación así. Es comprensible que en ocasiones no haya tiempo, pero el efecto que produce en la persona atendida puede ser devastador.
Las horas siguientes al accidente recibí muchos y muy diferentes mensajes sobre el estado de mi familia. Unos me dijeron que igual que nosotros nos estamos ocupando de ti, otros se están ocupando de ellos, otros, que en el hospital en el que yo estaba no había suficiente sitio para los tres. La Guardia Civil me preguntó como si no supiesen nada del accidente, en ningún momento me dijeron que había otro coche implicado que nos sacó de la carretera, e incluso llegaron a decir que en el lugar del accidente no había ninguna otra persona y menos un bebé. Todas estas contradicciones lejos de tranquilizar, crean una enorme sensación de inseguridad y de miedo, imaginas lo peor, pero al no tener pruebas, lo niegas, y vuelta a empezar de la forma más angustiosa y temible.
Supliqué información durante horas. Pero nadie me la dio, así que sabía que la situación era muy grave. Cuando pensaba que habían muerto, me decía a mi misma: no seas dramática, seguro que no, pero estarán graves o a lo mejor como yo y de nuevo volvía a suplicar que me llevaran con Jorge que necesitaba la voz de su madre, que estaría asustado. Cada vez me esquivaban más y yo cada vez tenía que hacer más esfuerzo para convencerme de que no podían haber muerto los dos.
En el hospital, me dejaron sola la mayor parte del tiempo. Notaba cómo me esquivaban y sólo hacían acto de presencia para inyectarme más sedantes y analgésicos, y yo, mientras, intercalaba los periodos de inconsciencia, con el miedo y la soledad, en las cerca de 7 horas más largas de mi vida.
Soy consciente de la dificultad de comunicarle a alguien que su familia ha muerto, más cuando el resto de su familia se está trasladando al lugar pero aún está sola, pero mentir no ayuda, contradecirse, ocultar, esquivar, e incluso zafarse de las preguntas más directas, tampoco.
Más de un año después sigo pudiendo recuperar las sensaciones y pensamientos de ese primer día, de las personas que me atendieron (y salvaron), los olores, la sensación en la boca del estómago. Se han gravado en mi memoria y duelen. No es digno tener a una persona así durante tantas horas.
Durante el mes que estuve ingresada en otro hospital, las personas que más me ayudaron, con las que mejor me sentí, fueron aquéllas que mostraron cariño, respeto y consideración a mi situación, pero sin evitarme, sin actuar desde la lástima, sin miedo, sin infantilizar la relación y sin juzgar cómo debía comportarme o sentir. En definitiva, creo que fueron aquellas personas que manteniendo su profesionalidad técnica, consiguieron tratarme con un cierto sentido de justicia y de solidaridad. Gracias a todos/as ellos/as.
Una última nota para cerrar con algo que escribí hace ya algunos meses.
Ahora echando la vista atrás, no sé cuál fue exactamente el momento en el que supe que mi vida ya no volvería a ser igual, porque se intuye pronto, se sabe algo después y se siente tan despacio que casi 5 meses después aún no consigo “darme cuenta del todo”. Creo que desde que abrí los ojos y me vi en otro lugar, o desde que vi la sangre, en cualquier caso ocurrieron casi a la vez, ahí se intuye. Y esa intuición se va confirmando conforme pasan las horas, pero te niegas a considerarlo. Luego te lo dicen (en mi caso mi familia), y ya lo sabes, la información ha entrado en tu cerebro, sientes dolor, rabia, quieres negarlo pero aún crees que de algún modo volverás hacia atrás. Solo despacito, día a día vas dimensionando la situación, y sintiendo, interiorizando el significado de nunca.
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Los jóvenes, de dos en dos, de tres en tres

(Post escrito el 13 de septiembre de 2008 por FZ madredHelena)

Cuando me disponía  a escribir sobre mi negra suerte que me ha tenido, durante una semana, apartada de este blog y de mi correo electrónico, por culpa de esa parte de la informática que, desde que el uso del ratón y los diferentes Windows hicieron la informática cada vez más “easy” (fácil) para los usuarios (según algunos) pero que, en mi caso,  acabó con mis pocos conocimientos de DOS y mi capacidad para saber utilizar ciertos comandos con los que ver o rastrear los problemas de aquellos pequeños ordenadores y hacerme una inútil con estos nuevos; de repente, me encuentro con la triste realidad de todos los fines de semana: La muerte de los jóvenes en las carreteras.

 Y esa sí que es una negra suerte.

  Cuando aún no ha terminado el fin de semana, dos hechos me recuerdan la que de verdad es mi negra suerte.

Tres jóvenes han muerto entre Frías y Quintana, Burgos, al caer su coche a un canal de regadío y dos jóvenes en Málaga, al caer su coche al arroyo Alfarnate. En ambos casos, otra persona más se ha salvado.

Con un par de horas de diferencia y en dos puntos casi extremos de la geografía, de Norte a Sur, 5 jóvenes. ¡Qué suerte más negra!

Las noticias se repiten así una y mil veces: salida de la vía por causas desconocidas.

 Pero, para muchos, esta será una noticia más sobre muertes en carretera. Es probable que cuando termine el fin de semana ya no sean 5 jóvenes, sino 10. Aún así seguirá siendo una noticia más, una estadística más del fin de semana que se unirá al número de muertos habidos durante el verano. Que llegarán a sumar 4 aviones. Sigue sin importar.

 Pero a mí sí me importa. Y a los padres de esos chicos y chicas.

 Yo sí he reparado en las imágenes de la televisión que no eran la de los hierros retorcidos, sino la de un pequeño muñeco de peluche de los que suelen llevar muchos jóvenes en sus coches. Mostrándonos  con ellos su parte más joven, más infantil, junto a su parte de iniciación para llegar a adultos: el coche.

 Una  vez más, escribo esta reflexión sin saber las causas, los motivos de estos nuevos accidentes. Es probable que mañana se comiencen a oír voces de exceso de velocidad, inexperiencia, exceso de juventud o puede que alcohol, cansancio, etc. ¡Quién sabe!…

 Pero es igual porque, ni la existencia de una culpa o un culpable, hará más llevadera la pérdida.

 “Jóvenes de este país ¿Qué os pasa?, ¿no os dais cuenta que es la más fea del baile?, ¡Miradle la cara! Tiene cara de velocidad, de droga, de alcohol. ¡No os dais cuenta que os cobra muy caro por muy poco placer!. ¡Miradle la cara, es la muerte!.

Vosotros perdéis la vida y a nosotras, vuestras madres, nos arrancan las entrañas. La muerte también se apodera de nosotras”

(Quiero Gritar. Flor Zapata Ruiz.Julio de 2006) 

 Queridos padres: Vuestro dolor es también el mío, porque, antes, ya fui yo.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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¿Estamos contentos?

(Post escrito el 3 de septiembre de 2008 por FZ madredHelena)

Desde que he hecho un curso sobre Creación Literaria, intento poner distancia en lo que escribo. Es decir, lo aparco durante unas horas, a veces días, porque escribo con demasiado impulso, con demasiado corazón, sobre aquello que me tiene herida.

 

 La noticia sobre el descenso de los muertos en carretera, la alegría de las autoridades, me duele, me hiere, me afecta. Porque esa alegría es tan pobre, como si aquellos que tienen muchos hijos pensaran, se plantearan, que si les pasara algo a alguno de ellos, tienen más.

Ayer ya había escrito esta carta para enviar a El País. Siguiendo los consejos de lo aprendido, la dejé reposar. Hoy la recupero, pero, para qué arriesgarme a enviarla y que no sea publicada. ¿Es que es más importante una sección de un periódico que mi propio blog? (Ataque de autoestima. No os preocupéis, se pasa rápido)

 

Bueno, sólo pasará que será vista por unas cuantas almas menos, pero no importa. Tú la leerás. Ya es importante. Y a mí, ya me ha hecho efecto su poder balsámico. El bálsamo de la escritura.

 

Señor Rubalcaba, no estamos contentos con esta noticia. No los familiares de estos 450 fallecidos. Tampoco aquellos a los que les ha cambiado la vida como consecuencia de los accidentes. No los que hemos perdido a nuestros seres queridos en circunstancias parecidas.

 

 Cartas al director:

Aún queda mucho por hacer 

Las autoridades están contentas porque han bajado los muertos en las carreteras. ¡Las cifras nos llevan, nada menos, que al año 1964!. Y la responsabilidad de este descenso es especialmente de los conductores, las campañas y las escuelas, según el ministro de Interior.

 

Yo mejor diría que gracias al “palo y tente tieso” que para muchos supone la pérdida de puntos, la sanción económica y especialmente, tener que verse ante  un juez.

 

Pero hay que ir más allá. Aún son muchos muertos. Entre julio y Agosto 450. Casi 3 aviones.

 

Si queremos un verdadero descenso de muertos en las carreteras, tienen que estar implicados más ministerios. Por ejemplo: Fomento, Sanidad, Educación e Industria.

 

Nuestras carreteras siguen teniendo muchas deficiencias y facilitando que las muertes se sigan produciendo. ¿Qué pasa con los puntos negros una vez definidos como tales?

 

¿Qué hace Sanidad que no presiona para que no se produzcan estas muertes? ¿No les importa el gasto que suponen los accidentes? ¿Sólo daña la salud el tabaco? ¿Y el alcohol y resto de drogas?

 

La labor  de educación con seguridad vial (donde se imparta), es imposible de valorar aún. Se necesitará que los niños se hagan adultos. Pero ¿Y los que están en los institutos a punto de ir a la Universidad y deseosos de sacarse el carnet de conducir?

 

Y la Industria del automóvil ¿Por qué no utiliza más las nuevas tecnologías para salvar vidas?

 

Por no hablar del propio ministerio de Interior. ¿Qué pasa con los controles sobre drogas? ¿Para cuando se generalizarán como los de alcohol?

 

Aún queda mucho por hacer.

 

 Flor Zapata Ruiz, madre de una víctima de la carretera. 

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Las víctimas de accidentes de tráfico

(Post escrito el 25 de agosto de 2008 por FZ madredHelena)

Si hay un colectivo que pueda entender y solidarizarse con el dolor de las víctimas del accidente aéreo de Barajas, ese es el colectivo de víctimas de accidentes de carretera, porque cada día, cada fin de semana, sufren el mismo zarpazo inesperado, doloroso, traumático y entran en una tragedia que les cambiara la vida.

Pero es curiosa la reacción de nuestra sociedad ante eventos semejantes.

 

Nuestros seres queridos se van quedando en las carreteras, en este año, a una media de 20 por fin de semana.

 

En lo que va de año, hasta el 10 de Agosto, esta tragedia había producido  más de 1.300 víctimas. Los heridos lo son también en gran número y muchos de ellos con secuelas para toda su vida.

 

Algunos de estos siniestros puede que se produjeran por fallos humanos y afecten a los propios causantes, pero en una gran mayoría, miles de víctimas se ven involucradas, afectadas, por las acciones de otros, convirtiéndose en víctimas sin culpa.

 

Cada fin de semana, unos 20 padres se ven privados de sus hijos. Se ven golpeados por la muerte inesperada. No se han despedido de ellos, no les dio tiempo. Algunos no pierden a un hijo, sino a 2 y a los amigos de sus hijos.

 

Pero para la sociedad esto es sólo una estadística. Algo que le sucede a los demás. Un mal menor entre los millones de desplazamientos que se producen por las carreteras. El tributo que hay que pagar en estos tiempos modernos de las prisas, la velocidad, el ocio y el mundo en que vivimos.

 

Es un goteo al que nos hemos acostumbrado y ya no nos impacta como una tragedia aérea, donde de un sólo golpe 154 personas pierden la vida y en algunos casos familias enteras, como en las carreteras.

 

Nuestros muertos nunca tendrán un entierro casi de estado. Rara vez los políticos pasarán por nuestro tanatorio. No será necesario formar un gabinete de crisis o un grupo de estudio, para investigar los motivos por los que se produjo ese accidente. La mayoría de nuestros muertos se van a la tumba con el secreto de por qué se produjo ese accidente y en las noticias sobre el mismo aparecerá la mayoría de las veces “se desconocen las causas”.

 

La sociedad no guardará un minuto de silencio por esas más menos 20 personas que tan solo en un fin de semana se han quedado en el asfalto. Ni siquiera uno los que lo hacen en vías urbanas y que no son contabilizados en esas negras listas. Tampoco se manifestarán cada tercer domingo de Noviembre, en el día de las víctimas de movilidad vial, declarado por la Organización Mundial de la Salud como tal, dada la repercusión en la sociedad y el número de víctimas producidas, que sólo se realiza en algunas ciudades y con mucho trabajo y esfuerzo por parte de algunas asociaciones de víctimas y familiares.

 

Los que perdemos a nuestros seres queridos no tenemos en los momentos de más dolor, ayuda psicológica. Sólo algunos y en algunos lugares tienen este privilegio. Algunos nos encontramos un mensaje en nuestros teléfonos.

 

Como seres humanos, nosotros también pedimos explicaciones, negamos nuestra pérdida, buscamos responsabilidades y, a veces, tenemos que esperar 3 años para poder enterarnos de lo que pasó, a través del juicio al responsable, eso si con un poco de suerte conseguimos conocer si ha habido un responsable y sólo con nuestros medios le llevamos ante la justicia.

 

Incluso tenemos que luchar con jueces que ponen impedimentos con sus comentarios o sentencias, para que con los pocos medios que tenemos a nuestro alcance, podamos tratar de impedir o evitar que se sigan produciendo víctimas en accidentes que son evitables.

 

Por eso, además del dolor que siento por la pérdida de estas 154 vidas, cada una con su historia y cada uno dejando un reguero de dolor y porque desde hace 3 años sé por lo que se pasa, se sufre y cómo te cambia la vida, tengo envidia. Y no es sana, porque la envidia nunca es sana, es envidia. Tengo envidia de los familiares de víctimas de accidentes aéreos, porque ellos pueden que consigan que les den explicaciones, apoyo, consideración y puede que consigan que en este medio de transporte se lleven a cabo medidas que aseguren la vida.

 

Nosotros, los que perdemos a nuestros seres, de uno a uno, de dos a cuatro o cinco, seguiremos lamiéndonos nuestras heridas como mejor podamos y aquellos que después de un hecho tan espantoso sacamos pequeñas fuerzas, seguiremos luchando para que a otros no les suceda, sin grandes ayudas ni promesas por parte de políticos y gobernantes. Sin grandes manifestaciones de esta sociedad. Sólo con la ayuda de los afectados. Pero así es la vida, los muertos solo cuentan cuando son muchos y a la vez.

 

Reitero mi pesar a todos los familiares de las víctimas. Siento en lo más profundo tener que daros la bienvenida a este mundo de dolor.

 

Flor Zapata Ruiz, madre e Helena.

 

P.D. En este fin de semana se han producido 23 muertos. En Vejer de la Frontera han perdido la vida 4 jóvenes. Sin hacer grandes estudios, parece ser que la culpa ha sido de la velocidad y de no utilizar cinturón en dos de ellos. Esta es la versión primera. Pero esto no justifica 4 muertes. En el primer lugar de donde saqué la noticia, pueden observarse los comentarios pidiendo una Autovía ¡ya! No sólo los jóvenes son los únicos responsables. Las medidas de seguridad se tienen que llevar a todos los medios de transporte. El coche particular es también un medio de transporte. A veces, nos vemos obligados a su utilización para paliar los defectos de las propias infraestructuras del resto de  transportes.

 

Vuestro dolor es también el mío, porque, antes, ya fui yo.

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La virgen de agosto

(Post escrito el 18 de agosto de 2008 por FZ madredHelena)

Más o menos este ha sido el título que la DGT le ha dado al último dispositivo de seguridad puesto en marcha durante este puente de Agosto.

 

Y según ellos, los desplazamientos como consecuencia de estas fiestas de La Virgen de Agosto, han sido la causa de la gran mayoría de las muertes durante este puente. De momento, 21 personas y 24 con heridas graves

 

Aún así, insisten en que ¡son menos que  en el año 2005!

 

Claro que el accidente de Oropesa con 8 muertos y 43 heridos, ha venido a romper la estadística. Pero es lo que yo decía hace unos días, menos muertos, pero más de una sola vez.

 

Pero la culpa la tiene la virgen.

 

El día 14, y a mi pesar, tenía que pasar por el recinto ferial de uno de tantos pueblos que celebraban las fiestas de la virgen. Con gran satisfacción, pude comprobar como un coche de la guardia civil de tráfico, se encontraba en la entrada y salida de dicho recinto, para controlar que los que conducían no lo hiciesen con alcohol.

 

Nosotros mismos, dejamos el coche en el lugar donde habíamos estado cenando y nos desplazamos andando.

 

Tal vez, si esto mismo se hiciera en todos los lugares, si esto mismo se hiciera en tantos polígonos industriales, recintos feriales, etc., donde la juventud va a divertirse cada fin de semana, las muertes seguirían reduciéndose.

 

Pero no tendremos esa suerte.

 

La virgen, las fiestas, la velocidad, el alcohol, la violencia vial, el exceso de juventud y aprender lo justito para sacar el carnet de conducir, seguirán matando, especialmente a nuestros jóvenes.

 

Aunque otros muchos seguirán quedándose en los puntos negros, en nuestras carreteras con el asfalto parcheado, lleno de baches o curvas. Pero qué importancia tiene esto dentro de 6,5 millones de desplazamientos.

 

Para los padres de Laura Belén, Victoria, Héctor y Jose Antonio sí tiene importancia, aunque se demuestre que fue el exceso de velocidad lo que provocó su accidente en el polígono de Nuestra Señora de Butarque, Leganés. ¡Vaya por Díos, otra vez la virgen!

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

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Menos muertos, pero más de una sola vez

(Post escrito el 11 de agosto de 2008 por FZ madredHelena)

 Cuando nos empezamos a creer que los muertos por inseguridad vial son menos o al menos eso es lo que nuestras autoridades se esfuerzan por decirnos, los mal llamados accidentes dejan tras de si un rastro de víctimas impresionantes. De una sola vez, en un solo zarpazo.

 El pasado día 9, en un único hecho 6 muertos. Cinco de ellos de la misma familia. En Toledo.

 En una recta. Un adelantamiento. Un golpe mortal.

 Recuerdo aquí uno de los slogans propuesto en el recién finalizado concurso de la DGT y El País:

 Decía algo así, si no recuerdo mal “En carreteras secundarias la precaución no es secundaria”. Ha habido muchos relacionados con la accidentalidad en carreteras secundarias porque es ahí donde más muertes se producen y la mayoría de las veces, en los adelantamientos.

 Pero, a pesar de este mensaje de disminución, las muertes siguen existiendo y no es un mal menor con el que hay que vivir. Si otros países tienen una accidentalidad tan pequeña, será por algo. Se podrá conseguir, digo yo, pero para eso hay que cambiar muchas cosas.

Muchas personas piensan que la muerte es algo inevitable, que está marcada, que más tarde o temprano llega, que los accidentes son inevitables, pero todo eso no es cierto.

 

Si de verdad creyéramos en este fatalismo o en ese destino tan escrito, el mundo no habría evolucionado. No existiría la medicina para salvar vidas. El mundo no habría evolucionado.

 Yo no puedo conformarme pensando que mi hija tenía escrito que tenía que morir así. Ese no era su destino. La culpa fue de él que la mató por conducir borracho.

 Yo no creo que todos tengamos una hora, porque si eso fuera así, mejor sería que naciésemos con fecha de caducidad inscrita y así nos tomaríamos la vida de otra forma.

 

Pero no sé como transmitir a los demás este dolor, esta angustia, este morir en vida para que respeten la vida de los demás. Apenas hay accidentes, sólo hay acciones evitables y personas que no aman su vida ni la de los demás y así la exponen diariamente, llegando los daños colaterales a los demás.

 ¿Quién puede imaginar el dolor que produce perder, de repente, a cinco miembros de una misma familia?

 Todos estamos en la carretera. Algunos, muy pocos años.

 Vuestro dolor es también el mío. Me duele porque revivo el mío y porque sé por lo que tendréis que pasar.

 1357 muertos hasta el 10 de Agosto. Supongo que sin contar los que mueren en las vías urbanas.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

 

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