Queridos Reyes Magos

 Post escrito el 5.01.2007 por FZ madredHelena.

Queridos Reyes Magos:

Desde hace bastantes años, en nuestra casa, era nuestra amada hija la encargada de escribiros la carta y lo debía hacer muy bien porque todos los años nos sorprendíais con bonitos regalos.

Cada mañana del día 6, ella era la primera que se levantaba, iba hasta el salón y volvía con todos los regalos que habíais dejado en nuestros zapatos, que ella la noche anterior había colocado con sumo cuidado. Incluso ponía de sus zapatos uno por cada uno de sus primos, con un cartelito que decía: Margarita, Diana, Alfredo, Esther y Luis, para que dejarais también los regalos que os pedía para ellos.

Después, volvía a nuestra cama, se ponía entre los dos y los tres juntos comenzabamos a abrirlos.

Este año soy yo, su madres, la que os escribe, porque ella ya no podrá volver a hacerlo. Un coche, no de juguete, con una persona en su interior que conducía muy bebido, nos la ha arrebatado.

Este año no os puedo pedir regalos, no podríamos soportar el dolor de abrirlos sin estar ella.

Pero sí quiero pediros algo.

Sé que recibiréis muchas peticiones casi imposibles de realizar. Por ejemplo: que se terminen las guerras, que se acabe el hambre en el mundo, que no haya violencia de genero, que cada niño tenga al menos un juguete, etc.

Yo os quiero pedir algo que con un poco de ayuda, podéis realizar. Podéis , por ejemplo, pedir la ayuda de unos becarios, cobran poco y tienen mucho interés.

Mi petición es la siguiente: me gustaría que en cada casa dejaseis una nota que diga…

«Para los papas y hermanos mayores que conducen un coche»

Los coches nos transportan, nos llevan a lugares preciosos, con ellos podemos vivir historias magníficas y experiencias inolvidables. Pero a veces, son muy peligrosos. Se pueden convertir en un arma mortal.

Por favor, sed amables y no violentos al volante, sed educados, como lo seríais si fueseis andando, cuando cedeis el paso para que pase otra persona. Sed responsables, no conduzcas si bebes o tomas medicamentos que te produzcan sueño.

En definitiva, Conduce y Vive.

Creo que no será difícil para vuestras Majestades y con ello podemos conseguir reducir muchas desapariciones de nuestros seres queridos.

Gracias, muchas gracias, por todos los regalos que durante ¡20 Años!, dejasteis en nuestra casa. Gracias por darnos la oportunidad de compartirlos con nuestra hija y perdonad que por un año más os demos tanto trabajo.

Un respetuoso saludo de Flor, mamá de Helena.

(Esta carta la escribí el año pasado. Sigue siendo mi carta a los Reyes) 

 

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El día que escribí a los jóvenes

Post escrito el 3.01.2007 por FZ madredHelena

Entre ayer y hoy ha habido unas 1.300 visitas al post «Carta abierta a los jóvenes».

Esta carta la escribí cuando se cumplían cinco meses de la muerte de mi hija.

El milagro de tantas visitas lo ha permitido un desconocido, al que doy las gracias desde aquí, que a través de «Meneame», ha puesto un link a esa carta.

En Meneame han dejado bastantes comentarios y como para poder contestar allí me resulta un poco complicado, lo haré a través  del blog y espero que alguno lo pueda ver.

Lo que quiero aclarar son los motivos que me llevaron a escribir esa carta.

Estaba tan indignada y me parecía tan imposible que una persona que había producido la muerte de otra no se le retirara ni siquiera el carnet de conducir, me preocupaba tanto que pudiera producir otros accidentes, estaba tan asombrada que la justicia, hasta ese momento, hiciese tan poco para castigar estos hechos, y veía tan de cerca que los jóvenes iban muriendo como moscas cada fin de semana, que no se me ocurrió otra cosa que escribirles esa carta.

En principio a las direcciones de correo que tenía mi hija, amigos unos más, otros menos, después a los jóvenes de mi municipio a través de una revista municipal, más tarde a través de los periódicos, hasta llegar aquí al blog. Ha pasado poco más de un año desde el inicio de esta carta y de ella salió el título de este blog.

Pensaba que era mi obligación despertarles, estaban dormidos, siempre me había llamado la atención, que en relación con nuestra etapa de juventud, ésta era sumisa, no peleaba, no tenía ideales, nada por lo que luchar, yo quería ser un revulsivo para ellos. ¡Qué inocente!

¡Tenía tanto dolor! que no podía permitir que otras madres siguieran mi camino, mi experiencia. También había un deseo: había perdido a mi hija, no quería perder a los amigos de mi hija. ¡Qué inocente!

Además, pensaba, si los jóvenes hacen lo posible por disminuir los accidentes, ya no necesitaremos a la justicia. ¡Qué inocente!

Todos estos eran mis pensamientos, mis motivaciones cuando escribí esta carta.

En ningún momento quise culpar a los jóvenes de que fueran los causantes de los accidentes, como algunos han creido entender. Siempre defendí a los jóvenes y proclamé que no sólo son ellos los que beben, que hay muchos adultos que lo hacen.

También mi rabia, mi dolor, mi pena me hacía tener otro objetivo. ¿Cómo siendo la causa, el motivo que produce más cantidad de muerte, más que el terrorismo, más que la violencia de genero, más que cualquier enfermedad, nadie se manifestaba por ello?. ¡Qué inocente!

Sólo hubo una joven que se dio cuenta que estaba pidiendo una manifestación. Natacha, una antigua compañera de Helena que se habían separado a los 13 años, que no se volvieron a ver, que cada año decían que se iban a ver pero que al final sólo se escribían.

¡Qué inocente!. Perdí a mi hija y a sus amigos, pues los más íntimos jamás volvieron a casa.

¡Qué inocente! Sigue habiendo accidentes y jóvenes muertos.

¡Qué inocente! La justicia sigue aplicandose unas veces mejor y otras muy mal.

¡Qué inocente! La juventud sigue pasiva. Creo que por lo único que se han manifestado y no han sido el número deseado, aunque les deseo mucha suerte en esa lucha, por una vivienda digna y asequible.

Sé que soy como una niña, inocente. Qué creo que mi lucha servirá para algo. Qué algún día, alguien se acordará de lo que digo. Qué necesito seguir pensando que hago algo por los demás, ya que no lo puedo hacer por ella.

Sé que soy inocente, pero que más da, el caso es vivir, porque morir, aunque lo he deseado,  no he muerto.

Carta abierta a los jóvenes

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Aún no terminaron las fiestas

Post escrito el 2.01.2007 por FZ madredHelena.

Aún no terminaron las fiestas y ya tenemos un balance de víctimas bastante grande.

He de decir, que todas las víctimas me impactan, pero disculpar que me refiera en especial al accidente ocurrido ayer por la tarde, en el Km. 34 de la carretera M-607, sobre las 16,30, en el que perdieron la vida un matrimonio y su hijita de 3 años.

No tengo más noticias que las leídas en la prensa y dan pocos detalles de por qué sucedió. No sé si algún día contaré con más detalles, probablemente será algo que no llegará a los medios de comunicación. La noticia se recoge en el momento del hecho, a veces siguiendo la versión de los mejor parados en el accidente y no me refiero a este hecho, que no tengo ni idea quién pudo ser el presunto causante del siniestro, y muchas veces no es la mejor versión.

 

Este accidente me ha impactado en especial por tener muchos puntos de coincidencia con el accidente de mi hija. Ocurrió en la misma carretera, muy cerca uno de otro y casi a la misma hora. Le separan 1 año y siete meses y dos víctimas más.

Mi hija murió en el Km más menos 37, este en el 34 y el pasado Septiembre de 2005, hubo otro en el km. 30, en este murieron 5 personas. Por no hablar de 2 ciclista muertos en 1995 en el Km. 20,800, barridos por un coche cuando estaban en el arcen areglando un pinchazo.

¿Es un punto negro?

No sé si esto se puede considerar un punto negro, pero sí que para los afectados, desde ese momento es una carretera maldita.

Por desgracia, para visitar a mi hija, que está enterrada bajo un manto de cesped, probablemente uno de los cementerios más bonitos de España, tengo que tomar esta carretera de Colmenar M-607. Aparentemente no me parece nada peligrosa. ¿No seremos nosotros la que la hacemos peligrosa?

En algunos periódicos que dieron la noticia del accidente de mi hija, decían que había sido un choque en cadena. Nada más cierto. Claro que mi hija estaba muerta no podía decir nada y el novio de mi hija gravemente herido.

Esa joven de 14 años que se ha quedado sin padres y que está gravemente herida, me produce mucha pena, fuese como fuera, ya tiene bastante dolor para toda su vida.

Sólo pido que se recupere pronto, será una alegría para todos. Así fue como pensé yo cuando supe que el amor de mi hija se había salvado.

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Si al 2007 quieres llegar

Post escrito el 28.12.2006 por FZ madredHelena.

EN EL COCHE… gasolina nada más.

 

Por el bien de todos, sigue la recomendación de Helena.

Te lo dice una madre que no encuentra consuelo ni paz, sólo dolor.

Flor, madre de Helena.

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Continuación de Un cuento en Navidad

Post escrito el 26.12.2006 por FZ madredHelena.

La primera parte en este enlace Un cuento en Navidad

Segunda parte:

…Hablaba poco, nos observaba y tosía. Pero cuando comenzábamos a cantar villancicos, él con mirada burlona y una media sonrisa, comenzaba unas coplillas que él decía que eran villancicos, que siempre decían alguna palabrota y que casi nunca podía terminar porque la tos se lo impedía. Nuestras madres exclamaban, «padre no cante eso a los chiquillos», pero nosotros cada año esperábamos que el abuelo cantara aquellos villancicos que hablaban de «pelotas» y que nosotros intuíamos que no eran las de jugar.

No había luz eléctrica, por lo que las madres preparaban pronto la cena y cuando por aquellas minúsculas ventanas ya no entraba luz del exterior, la lumbre se convertía más aún en el centro de atención, siendo también el foco de iluminación.

Cuando llegaba la hora de cenar, había que encender unas «carburas», que eran las mismas con las que el abuelo había trabajado en la mina.

Este instrumento, para los que no lo conozcan es algo parecido a una cafetera tipo italiana, de las que se ponen en las cocinas de gas. Se me ha ocurrido la comparación por la forma de funcionar. Con unos polvos, carburo, y agua, se producía una especie de explosión al acercársele una chispa o una llama, produciendo una llamarada, que después se iba ajustando a través de una boquilla dando así una pequeña luz.

Cualquier minero lo explicaría muy bien, mi explicación es muy infantil, del recuerdo de esos años, cuando te asustaban con cualquier cosa y te prohibían acercarte al fuego o jugar con él.

Cuando se iba acabando el combustible, la llama se iba debilitando, la luz desvaneciendo hasta apagarse. Esa era la señal de que había que irse a la cama.

Los más pequeños nos quedábamos a dormir allí. La habitación de los abuelos era grande, tenía una cama muy grande y muy alta, en relación con las ventanas, con los barrotes de hierro negro y unos adornos dorados, que siempre estaban relucientes como el oro. Un poco alejada de ésta había otra cama más pequeña.

Mientras que  fui la nieta más pequeña, yo dormía con los abuelos , en el centro para no caerme de esa cama tan alta, después pasé a dormir a la otra con mis primas. Eso me gustaba más, nos lo pasábamos mejor. Contábamos cosas, las mayores cuchicheaban sobre las pelotas de las que hablaba el abuelo, nos estrujábamos unas contra otras para darnos calor y nos reíamos con una risa contagiosa que no paraba.

Mi abuelo decía » a callar, como me levante con la correa …» y a nosotras nos entraba más risa aún, nos tapábamos la boca, pero no dejábamos de reír.

Cuando las primas eran más mayores, se iban esa noche, después de cenar, a cantar por las casas con otros grupos de jóvenes y mayores. Tocaban zambombas, botellas de anís con una cuchara, tapas de cacerolas, un almirez, etc. Llegaban cantando a las casas y si les abrían, les daban dulces y unas copitas de licor y en algunos sitios algo de dinero, «el aguinaldo».

Cuando pasaban por la puerta de alguna casa que habían tenido la desgracia de perder a algún ser querido, cesaban en su canto y pasaban sin hacer ruido, hasta la siguiente casa.

Así nosotras, las pequeñas, entre risas y oyendo a lo lejos las canciones de alguno de estos grupos, terminábamos por quedarnos dormidas, esperando que nos hiciéramos mayores, para poder salir por la noche a pedir el aguinaldo y no tener la regañina del abuelo.

El abuelo era un santo, nunca se levantó con la correa y así pasaban nuestras Noches Buenas, que verdaderamente eran buenas, las mejores que tuvimos, hasta que llegó la luz eléctrica a casa de los abuelos.

Era una época sin regalos, sin consumo, era una cena un poco especial porque se mataba un pollo del corral de la abuela o un pavo que habría comprado antes para engordarlo. Era especial, porque se cantaba, porque nos pasábamos horas imaginando formas con las sombras que producía el fuego o la luz tenue de las carburas y oyendo el chisporroteo de la leña. Porque escuchábamos y cantábamos una y otra vez los villancicos sobre las manos de la Virgen de tanto lavar o las cancioncillas del abuelo sobre ese hombre que se cortó las pelotas haciendo migas.

Si esta Noche Buena, hubiéramos estado en casa de los abuelos, los grupos musicales habrían pasado por delante de la puerta diciendo: «schsssssssss, silencio, aquí no, en esta casa no, que están de luto».

Feliz Navidad para todos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Un cuento en Navidad

Poste escrito el 25.12.2006 por FZ madrdHelena.

Este fue mi primer cuento de Navidad.

Para mí que vivía en un lugar donde sólo había 6 casas, ir a casa de mis abuelos era como ir a una gran ciudad.

Nada más lejos de la realidad. Ellos vivían en un barrio de casitas hechas por sus propios moradores, en una zona minera, junto a un rio, y sin infraestructuras de ninguna clase.

Eran casitas bajas, hechas de adobe, con tejados de troncos y tejas. Sus fachadas estaban encaladas y tenían un friso gris o azul. Los habitantes de estas casas eran personas humildes que habían sido o eran mineros que trabajaban en las minas de carbón de la zona.

La casa de mis abuelos, comparada con la mía y no es que yo tuviera un palacio por casa, pero si tenía los servicios más básicos: luz y agua; me parecía la casita de chocolate del cuento.

Tenía una pequeña puerta y cuatro diminutas ventanas que por la noche se cerraban al exterior con unas contraventanas de madera.

En el interior, solo había tres estancias. La más grande podía considerarse comedor cocina y las otras dos habitaciones. Se comunicaban entre ellas por unos huecos adintelados con cortinas. En esta casa sólo había una puerta, la de la calle y era tan pequeña que las personas mayores cuando entraban debían bajar la cabeza. En el centro tenía un pequeño ventanuco, que cuando la puerta estaba cerrada, permanecía abierto y por la noche se cerraba.

Las ventanas, pequeñas y a muy baja altura, casi la mía, la de una niña de cinco o seis años, junto con esta puerta, es lo que hacía que me sintiera en su interior, como en el interior de la casa de un cuento.

La estancia que yo llamo salón cocina, era casi rectangular y en las paredes que no daban a la calle, había un aparador vitrina, una cantarera bajo un arco, con varios cantaros de donde se cogía el agua que se necesitara. En la otra pared un hueco donde se hacía el fuego. Una lumbre de leña y a sus lados un puchero con café y una olla con agua, siempre caliente, por si hacía falta.

El resto de muebles eran una mesa, sillas con asientos de enea, un único sillón de madera y un espejo en la pared, junto a una de las ventanas, que el abuelo utilizaba para afeitarse.

El sillón tenía un único dueño, el abuelo. Estaba situado en un rincón al lado del fuego.

Este hogar, fuego, lumbre o como le querais llamar, era el centro de la casa. Servía para cocinar, como calefacción como calentador de agua, para iluminar y como televisor. Sí digo como televisión porque lo contemplabamos como hoy podríamos mirar a la pantalla del televisor y ejercía la misma atracción, pero con una diferencia. Mirando al fuego, la imaginación la poníamos nosotros e imaginabamos formas con las llamas o con los trozos de brasas.

El día de Noche Buena ibamos a casa de mis abuelos y antes de que las madres y la abuela prepararan la cena, los primos pequeños nos reuníamos  alrededor de ese fuego para escuchar las historias que nos contaban nuestras madres que les habían pasado y para cantar villancicos que ellas nos enseñaban.

A veces, el abuelo nos construía una zambomba, que nosotros eramos incapaces de tocar, pero que nuestra abuela lo hacía fenomenal y nosotros la acompañabamos con panderetas y carracas.

El abuelo había sido toda su vida minero y como dice la canción, arrancando negro carbón, dejó sus pulmones. Tosía mucho. Con algunos golpes de tos parecía ahogarse. Después escupía algo en una pequeña latita que había en el rincón, con ceniza. Las hijas después de cada golpe de tos le decían «padre ¡cuándo vas a dejar de fumar?, te vas a morir».

Continuará ….

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Ultima oportunidad

Post escrito el 23.12.2006 por FZ madredHelena.

En estos días parece que es nuestra última oportunidad de comer, beber, pasarlo bien, disfrutar a tope. Parece que durante el año no comemos no bebemos, no le deseamos a los demás lo mejor, etc.

No es cierto. Pero si es cierto que quizás para muchas personas sea su última oportunidad. Su última oportunidad para sobrevivir.

Sigo descubriendo secretos de mi hija. Para aquellos que han leído mi post «los secretos de los hijos», sabran que lo que hago es descubrir papeles que Helena tenía escritos.

He encontrado una nueva recolección de frases de Helena y me ha llamado la atención una de ellas. Además de la frase he encontrado en su colección de tarjetas, otras que tambien aludían al tema.

El tema es el alcohol y la conducción. No podría imaginar que ella se vería envuelta en un tema así y sería la víctima.

Es vuestra última oportunidad si queréis pasar muchas más Navidades, muchas más Fiestas, «No bebas si vas a conducir».

 El que abusa mucho  del líquido se mantiene poco tiempo en sólido.

Si supieras que este fue el motivo de tu muerte, que alguien no había nunca leído esta frase.

Os podéis imaginar ahora lo que se puede sufrir descubriendo los secretos de nuestro hijos.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por un conductor borracho.

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Una sentencia ejemplar

Post escrito el 22.12.2006 por FZ madredHelena.

Esta sentencia se quedó en papel mojado. El sentenciado fue puesto en su casa a los 3 meses, con una pulsera.

Parece ser, que por fin, los jueces van reconociendo que hay determinadas actitudes ante un volante que son merecedoras de definirse como delitos y que muchos de los accidentes de tráfico podrían evitarse.

Ya se ha emitido la sentencia contra la persona que produjo un accidente en la carretera de Badajoz a Mérida, produciendo la muerte de 5 personas, cuatro de ellos familiares: dos hermanos y sus parejas.

Esta sentencia le condena a 4 años de Prisión y 6 años de retirada de carnet.

Sus familiares, pertenecientes a la asociación Stop Accidentes han luchado todo este tiempo para conseguir una sentencia justa, máxime cuando al principio sólo querían definirlo como una falta administrativa.

Los padres, los hermanos, los familiares de Cristina, José, Miriam y David, han estado ahí como una piña y su lucha ha sido recompensada, aunque la perdida de sus 4 familiares no tiene compensación.

Esperemos que la justicia siga por este camino y que las personas que no tienen respeto por la vida de los demás, tomen buena nota de esta sentencia.

Quizás sea a lo único que respondan, al castigo.

Podéis tener más información en la página de Stop Accidentes. (Ver enlaces)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!

Post escrito el 14.12.2006 por FZ madredHelena

Queridos amigos:

Quiero celebrar con vosotros mi post nº 100.

Son 100 escritos, la mayoría llenos de recuerdos, dolor, deseos de salvar vidas y en definitiva divulgar esa frase que me pareció se identificaba con Helena, una chica llena de vida.

Esta frase pensé que debía ser un objetivo para todos los jóvenes, claro que los jóvenes no piensan que pueden morir, pero estaba convencida que habría sido el grito que habría lanzado Helena.

Y esta frase, que surgió en mi primer escrito a los jóvenes, se ha hecho imagen.

Una imagen que me gustaría que los jóvenes y no tan jóvenes llevaran en sus coches. Que se hiciera tan popular como esas especies de margaritas que llevan hoy en día muchos coches.

Esta frase, esta imagen será una pegatina. Ya os diré como conseguirla.

Gracias por leer estos 100 post. Gracias por aguantar mi tristeza. Gracias por acompañarme en mi soledad. Gracias por pensar en lo que escribo. Gracias por vuestros comentarios. Gracias por estar ahí.

Disculpas por las erratas y faltas.

¡Quiero Conducir, Quiero Vivir! para todos los que conducen.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena Castillo

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Hoy tengo la cena de empresa

Post escrito el 12.12.2006 por FZ madredHelena.

«Cariño, que hoy tengo la cena de la Empresa…

Así comienza uno de los anuncios de la nueva campaña de la DGT para estas fechas. El «gore intelectual» le llaman. Esta campaña no es real.

Quien bebe no admite que está bebido y menos aún se plantea el dejar este mensaje.

A mi hija no le dieron opción a dejar ningún mensaje. Primero porque ella no iba a beber, ni había bebido. Por su propia acción era imposible que le pasara algo así.

Pero, sí es un mensaje acertado para dejar cada uno de los que sí conducen con la máxima responsabilidad, porque nunca sabes con quién te vas a cruzar. «Luego te veo… si me dejan vivir».

En 2005, la Guardía Civil de Tráfico interpuso 85.000 multas por alcoholemia y más del 30% de conductores que murieron en carreteras, presentaban tasas de alcoholemia muy altas (inf. de Terra hoy).

Pero ¿Cuántas personas que no habían tomado ni una gota de alcohol, murieron por este 30% ó por esos 85.000 borrachos conduciendo?.

Mi hija fue una de ellas.

¿Por qué no hace la DGT una campaña mostrando las caras reales de los que han muerto por el alcohol con el que conducían o la de los que se cruzaron en su camino?

Yo les presto la foto de mi hija, cuando quieran. Y no es por afán de exhibicionismo.

El último mensaje de mi hija no fue un mensaje de buzón, fue una llama da de viva voz:

– Papá, ¿vaís a llegar a la hora de la comida?

– No hija, nos quedamos a comer con la abuela, nos iremos después de comer

– Vale, entonces me voy a comer con unos amigos

– Vale, nos vemos después.

Esta conversación se producía sobre las 12 de la mañana. A las 4 de la tarde, estaba muerta. La habían matado.

¡Despídete siempre, nunca sabes quién va a beber y conducir!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

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