Cruzar la A-6

 

«Casi todos los días cojo el autobús número 611 en el Intercambiador de Moncloa. Me dirijo a la Universidad por la carretera de la Coruña. Cuando voy en este bus, según vamos avanzando suelo ver el cartel de la estación de Cercanías de Las Matas. En el kilómetro 26. Entonces retrocedo casi tres años en el tiempo y recuerdo la vuelta a casa después de clase. Primer año de carrera, a la una y media se acabó la clase. Miguel Ángel nos deja a la altura de la estación de Las Matas. Allí tenemos que cruzar al otro lado de la autopista. Sobre las dos menos veinte, más o menos. Para llegar al lado opuesto, dónde se encuentra la estación, hay que pasar un puente largísimo y muy alto.Helena siempre coge mi mano y la aprieta fuerte para que yo no tenga miedo. Ella sabe que tengo vértigo y esa sensación de vacío a nuestro alrededor y bajo nuestros pies es horrible. Todos esos coches, de vez en cuando un camión, pasan feroces por debajo. Es una sensación horrible si eres una persona que tiene vértigo.
Ella me cogía de la mano y la apretaba bien fuerte. Cantábamos alguna canción para olvidarnos del miedo y de esa desagradable sensación de vacío bajo nuestros pies. Al ritmo que íbamos acelerando el paso, acelerábamos también el ritmo de la canción. Cada vez más rápido. Más y más rápido. Más y más…
Luego llegábamos al andén de la estación, exhaustas, entre risas y nervios. Así todos los días. Como un ritual.
Cada vez que cojo el autobús número 611 en el Intercambiador de Moncloa hacia la Berzosa, siento cómo aprieta mi mano con la suya y cantamos.

Todos llevamos un recuerdo personal de Helena en nuestro corazón. Y este es uno de los míos. Uno de tantos buenos. Un abrazo para los dos.
Ana.»

Esta es una muestra más de una amiga de Helena. ANA ALEJANDRO, amiga y compañera de Universidad. Este relato me conmovió de una forma muy especial.
Otra persona que ha sufrido la pérdida de Helena. Gracias Ana.

Publicado jueves, 31 de agosto de 2006 16:20 por FZ_madredHelena Editar
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Árboles en las carreteras

 Recuerdo cuando viajaba con mi padre en su moto, lo agradable que eran esos paseos por unas carreteras llenas de árboles, por donde en verano, era posible pasar sin recibir el duro sol.
Pero, poco a poco, según me iba haciendo mayor, los árboles comenzaban a desaparecer de las carreteras. Recuerdo en una ocasión, que la tala fue tan drástica y tan rápida que cuando volví a pasar por ese lugar, le pregunté: ¿Qué ha pasado papá? ¿Qué han hecho? ¡ Con lo bonito que era este camino! Aún no me planteaba motivos ecológicos, pues eran árboles, probablemente milenarios; tampoco tenía idea de peligro o seguridad; yo sólo era una niña y me gustaban los árboles.
Mi padre me contestó: dicen que los quitan por seguridad: Por que son un peligro si los que conducimos nos salimos de la carretera y vamos a chocar contra ellos. A mí me parecía que era imposible que alguien, en su sano juicio, fuese a salirse de la carretera y chocar contra aquellos árboles. Y desde entonces, aquellos recorridos se fueron despoblando de árboles y ya no eran tan bonitos.

Este fin de semana, recordaba este episodio, cuando veía esta foto:

 

 

 

 

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Estado en el que quedó el automóvil tras recibir el impacto del quitamiedos. / iñaki osorio 

Este fin de semana, recordaba, también, el optimismo de las cifras facilitadas por los organismos oficiales: «La cifras más bajas de muertes en carretera desde el año 1965. El número de muerto en febrero es de 135«.  

Este fin de semana, 18 muertos en 12 mal llamados accidentes. (Después la DGT ha informado de 21 muertos. Peor todavía)

También recordaba mi cuento de Navidad, de este año «Te estás durmiendo«, cuando me enteraba que, probablemente, esta fue la causa de uno de ellos, en Castellví de Rosanes, y  que ha producido 5 muertos.

Este fin de semana ha sido uno de los más sangrientos. Y no por el número de víctimas, que habrá habido otros con más, sino porque en cada mal llamado accidente, las víctimas, eran muchas.

Los árboles se han multiplicado en nuestras carreteras. Pero, ahora, tienen formas diversas y no producen oxigeno ni bienestar con su observación. Ahora, los árboles son de hormigón, de acero, cuchillos… Los árboles que han plantado los hombres, dicen, que para salvar vidas, para quitar miedos… ¿Quita qué?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

 

 

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En el día de la mujer

En el día de la mujer, ha habido mujeres que han faltado. Muchas. Demasiadas. Todas ellas muy valiosas. Leer más…

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Caballo de Troya Siglo XXI

RELATO PARA EL DIA DE LA MUJER

 

Después de nueves meses y tres días dilatando, por fin, encima de la cama estaba esa “cosita”, redondita, coloradita y llena de pieles secas y que todavía no tenía un nombre.

 

La madre, una mujer de 30 años, mayor en aquellos tiempos para tener hijos, era una trabajadora, ama de casa y estudiante de último año de Historia del Arte. Demasiadas cosas para ser madre también.

 

Cuando la pusieron sobre el vientre de la madre, todavía manchada de sangre y restos de placenta, estaba arrugadita como un viejito, la comadrona, con voz de experiencia, enseguida grito ¡esta niña está pasada! Y el ginecólogo, al que casi nunca le coinciden sus cuentas con las de las madres, dijo, “de eso nada”.

 

La madre cruzó sus brazos sobre el cuerpecito de esa especie de conejito y sus muñecas quedaron manchadas de sangre. Rompió a llorar por el esfuerzo, los nervios y la emoción.

 

Esa imagen de las muñecas manchadas de sangre, se repetiría una y otra vez en la cabeza de esa madre, 20 años más tarde.

 

Veinte años más tarde los lloros no eran por el esfuerzo y la emoción, no había manchas de sangre en las muñecas. La madre se las frotaba intentando que esa sangre brotara, ¡era tanto el dolor, la rabia, la angustia que sentía!

 

Como estudiante de arte, estaba totalmente enamorada de la cultura griega y romana, sus dioses, su mitología, cada nombre tenía una historia tan impactante que era irresistible no pensar en alguno de ellos para ese futuro niño que iba a venir. Si era niño, Marco o Leandro, este último iba cada noche a ver a su amada, aprovechando la bajada de la marea, pero una noche se entretuvo más de la cuenta y murió ahogado.

 

Si era niña, había tantos, Diana, Aurora, Cloe, Atenea, Helena. Esta última era la más bella, se produjo una guerra por ella.

 

Ya en la habitación, viendo aquel cuerpecito con abundante pelo negro, con unas manitas regordetas y con una cara gordita y sonrosada, pensó que aún no habían decido como la llamarían, de momento lo que más lesalía era “cosita”.

 

– Por fin ¿cómo la vamos a llamar?, esos nombres romanos y griegos que tu propones me parecen muy raros, a mi me gusta Elena. Dijo el Padre

– Entonces será Helena con “h”, como la de Troya. Le contestó la madre.

– Ya veremos que dice el oficial del registro.

 

Y así comenzó la historia de Helena con “H”, un nombre ligado a una gran historia, la historia de Helena de Troya una historia de belleza, amor y guerra y conocida por un caballo, caballo de madera, que permitió ganar una batalla.

 

20 años después, este nombre iría nuevamente ligado a caballos, esta vez no eran de madera, eran caballos de fuerza, de metal y también de destrucción.

 

Helena siempre estaba orgullosa de su nombre, cosa que su madre dudó nada más ponérselo, pensando, ¡Dios mío!, toda la vida diciendo “Helena con h”, me odiará por ello. No fue así y orgullosa ella decía “Helena con “h” como la de Troya”.

 

Durante 20 años la madre de la Nueva Helena de Troya, quiso ser una superwoman, terminó sus estudios de Arte, trabajaba fuera y dentro de casa, llevaba a su hija al colegio, a natación, a tenis, a piano, a baile a todo lo que la nueva Helena de Troya quería aprender o aquello que sus padres pensaban que le podría venir bien para su educación.

 

Su padre, que a pesar de los tópicos siempre quiso tener una niña, era el encargado de hacer de taxista en fiestas, cumpleaños, ferias, eventos y por supuesto cuando empieza a ser una jovencitas que comienza a salir por la noche.

 

Así hasta que la nueva Helena se convierte en una mujer autosuficiente y por supuesto, ya no quiere a sus padres para que la lleven y la traigan. ¡Ya tiene carnet de conducir!. Ahora quien se queda sin coche es su madre.

 

Estamos en el siglo XXI, pero la historia ha cambiado muy poco.

 

Existen nuevos caballos de Troya. Existe el Dios Baco, que invita a beber y las guerras son distintas, pero el resultado el mismo.

 

Un día un hombre que jugó con el dios Baco, y se llenó de alcohol, después tomo un caballo de metal e hierro, el caballo más peligroso del siglo XXI, aquel que produce las mayores muertes en este siglo.

 

Este caballo llevaba en su interior sólo un hombre, no como el de Troya, pero ese hombre, lleno de alcohol, logró ganar el sólo esta guerra, una guerra que dejó destrozada a dos familias, a muchos parientes y amigos y en la cuneta una vida.

 

Helena, al revés que la de Troya, murió en esta guerra, murió entre los hierros retorcidos del caballo de metal que ella conducía. Ella era bella como la de Troya, pero no había producido ninguna guerra por amor, el amor de su vida iba en el asiento de al lado, ella no iba a ninguna guerra, ni adoraba al dios Baco, al revés.

 

La madre de Helena sintió que de nada había servido todo el esfuerzo realizado para superarse como persona, todo el tiempo quitado o robado para poder disfrutar de su única hija, a la que pensaba tener durante muchos años, ahora se terminaba y acuciaba más la pérdida y el fracaso.

 

Esos pocos veinte años, compartidos con trabajo fuera de casa, cursos, trabajo del hogar, prisas, nervios, preocupaciones, en qué poco se habían quedado. Se encontraba estafada además de con un inmenso dolor.

 

Pertenecía a una nueva generación que había tenido la posibilidad de estudiar, que había intentado progresar, participar en lo que se llamaba “La liberación de la mujer”.

 

Les dieron la posibilidad de trabajar, pero no la de progresar, las mujeres trabajaban casi siempre como apoyo, muy pocas dirigiendo y siempre cobrando menos que los hombres.

 

Tenían la suerte y la posibilidad de ser madres, pero no la de disfrutar de esos hijos todo lo que querían. Había que trabajar. Por entonces, había que demostrar que el hecho de tener hijos no te impedía trabajar, tenías que convencer que el empresario que tomara una empleada, no iba a ver mermada la productividad de esta porque fuera madre. Muchos de ellos se negaban a tener mujeres que fueran madres porque faltarían cada vez que el niño se pusiera enfermo.

 

Por aquellos tiempos no existía la conciliación entre vida familiar y laboral y aquella mujer que pedía una excedencia para cuidar a su hijo, no volvía a recuperar su puesto.

 

Por entonces 3 meses de maternidad y vuelta a trabajar. Había que mantener un puesto de trabajo que permitía pagar una hipoteca junto con el sueldo de tu marido. Además, querías perder todo lo conseguido: estudios, trabajo, dinero. La famosa liberación

 

Ahora perdía el único progreso que había conseguido, la única labor bien hecha, lo único por lo que merecía vivir, su hija. Se había convertido en una madre de una víctima inocente, en una madre sin hijos.

 

No le faltaba razón. Una madre más loca de dolor, madres que se empeñan en ganar la guerra de la vida y que les arrebatan lo más preciado, la vida de sus hijos.

 

Helena con su muerte también produjo una guerra. La que su madre emprendió para concienciar a la sociedad de que el alcohol y los nuevos caballos del S.XXI, no podían terminar con los hijos e hijas que las mujeres traían al mundo.

 

 

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Este relato es un homenaje a las madres que han perdido a sus hijos/hijas por las guerras que comienzan otros, por el alcohol o las drogas que consumen otros, por la violencia de maridos o novios, por el terrorismo que propician hombres con ansia de poder, intolerancia o fanatismo, por la desidia de tantos y por la culpa de todos.

 

Perdonad que en este día recuerde sólo el nombre de hijas.

 

Hijas de todos: Toñi, Mirian y Desirée, Anabel Segura, Mar Herrero, Rocio Wanninkhof, Sonia Carabantes, Sandra Palo, Sandra Martinez……………..Helena y muchas miles más.

 

 

Flor Zapata Ruiz

Madre de Helena Castillo

 Publicado jueves, 08 de marzo de 2007 19:20 por FZ_madredHelena

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Los amigos

helena
“La amistad es un alma con dos cuerpos» (Aristóteles)
Frase recogida en la colección de frases de Helena.

Helena supo contactar mucho con las personas, su simpatía y su sonrisa siempre en sus labios, atraían de una forma especial.
Yo no querría ser arrogante diciendo que tenía muchos amigos, porque tampoco sé cual sería para ella el grado de amistad hacia muchas personas y viceversa, pero lo único que puedo mostrar son los comentarios recibido de sus amigos, y en especial sus amigas.

Habrá quien diga que tiene que ver esto con un blog sobre motor. Mucho. Las vidas, la amistad, el amor, la familia, todo se puede perder en un segundo. Los coches se cambian, se arreglan, se compran. La vida se pierde. Es lo único que se pierde.

Disfrutad de la amistad, cultivarla y preservarla, junto con la familia será vuestro soporte en los peores momentos.
Así veían a Helena sus amigos:

Núria Ramos Fernández

Más joven que ella, vivimos en la misma urbanización, fue de las últimas en conocer a Helena . Gracias Nuria
Para Helena Castillo… de quien aún no entiende las injusticias,

Me faltó tiempo

Te has ido; no lo esperaba.
Te conocía; no lo suficiente.
Te extraño; bastante…
Pero, pude vivir sin ti y ahora sin embargo…
no puedo dejar de pensarte, extrañarte, oírte, verte…
Creo que ha sido la forma de marcharte, me doy cuenta de que no puedes volver y en cambio… sigo soñando que todo ha sido un error, que sigues formando parte de esta vida,
Y que nadie te ha quitado la oportunidad que Dios te dio.
Pero sólo queda dolor y más dolor, y me ha faltado tiempo en esta vida para conocerte, sólo silencio y amargas lágrimas, pero aunque no sé si injusto, sonrío porque recuerdo nuestros momentos, aunque escasos para ese tiempo.
Sé que debes estar sufriendo y no sé si querrás que te escriba,
Pero lo hago porque no hice más en vida.
Recuerdo tu forma de reír y el tono de tu voz,
Tu forma de andar y tu cabello negro,
Me faltó tiempo, espero que me perdones,
Pero quiero que sepas que fuiste y eres alguien para mí,
Nunca olvidaré tu risa,
Nunca olvidaré quién fuiste,
Estoy orgullosa de ti.
Te extraño.
Publicado lunes, 28 de agosto de 2006 21:07 por FZ_madredHelena

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Cecilia en el 2009

El próximo día 10 de marzo, en el programa de TVE «Los mejores años», se hará una pequeña referencia a Cecilia. Leer más…

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¡Quiero Gritar!

¡Quisiera gritar! Quisiera emitir un grito tan grande que parase el mundo. Un grito que transmitiera el dolor que siento desde hace un año y que aumenta cada fin de semana cuando escucho o leo, los muertos en el fin de semana por accidentes de tráfico.

¿Cómo podría hacer para llegar a las conciencias dormidas de esta sociedad?, ¿cómo podría transmitir mi dolor?, ¿cómo podría convencer de que mañana puedes ser tú?, ¿cómo decir que esto es una locura, que la vida es bella y demasiado corta en situación normal?

¡Quiero Conducir, Quiero Vivir! Fue el mensaje que transmití a los amigos de mi hija, después a través de los periódicos a los jóvenes que leyeron mi carta. Les pedía que cambiaran este mundo, esta realidad. Quería cambiar el motivo, la causa o al menos disminuir el factor de riesgo. Este fin de semana, una vez más, 3 jóvenes muertos en un único accidente. Al principio tenía alguna esperanza de que esta frase se convirtiese en un eslogan, en una bandera para vivir, pero cada vez me parece más una utopía. ¡Tonta de mí!

Jóvenes de este país ¿Qué os pasa?, ¿no os dais cuenta que es la más fea del baile?, ¡Miradle la cara! Tiene cara de velocidad, de droga, de alcohol. ¡No os dais cuenta que os cobra muy caro por muy poco placer!. ¡Miradle la cara, es la muerte!.

Vosotros perdéis la vida y a nosotras, vuestras madres, nos arranca las entrañas. La muerte también se apodera de nosotras.

Una vez más, ¡Tonta de mí, qué joven leerá esto?

Necesito gritar, pero al contrario que Liza Minelli en Cabaret, no encuentro el puente para hacerlo. Será porque la vida no es una película, esto es realidad. ¡Ayudadme a gritar! ¡Oíd mi grito! ¡Gritemos todos! Pero por favor, que pare esta sangría.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.
Alcobendas. Madrid.

(Esta carta la escribí después del accidente que costo la vida a tres jóvenes, fue publicada por varios periódicos de Galicia) 
Publicado martes, 25 de julio de 2006 14:10

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Madres sin hijos, se ofrece para cursos de recuperación de puntos

Hoy, leía que los cursos para recuperar los puntos perdidos en la carretera son todo un éxito. Que el número de conductores que asisten a ellos se cuadriplica. Y hace algunos días, en una emisión de radio escuchaba a algunos de estos alumnos, que no son ejemplares, sino todo lo contrario, porque han llegado hasta aquí por algo que hicieron mal, y me ponía muy triste.

 

Ninguno de ellos, mostraba un ápice de arrepentimiento o un pesar, por la pérdida de estos puntos. Ninguno mostraba en su voz tristeza por haber llegado a esta situación y algunos habían llegado hasta ella por motivos que podrían haber producido un hecho grave. ¡Qué digo! Habían llegado hasta allí por  cometer un delito.

 

Reían, bromeaban, alguno se jactaba de haber perdido en un día todos los puntos. De entre estos que han perdido todos los puntos, en Enero de 2009 han ido a recuperar los puntos  641 personas.

 

Mientras, yo me entristecía, ¿cómo no? Pensando en mi amada hija! Y me hacía las siguientes pregunta: ¿Realmente este curso les servía para algo más que recuperar los puntos? ¿Cuánto tardarían en volver a perderlos? ¿Serían conscientes de que podrían haber perdido algo más que puntos?

 

Esto me hizo pensar en poner un anuncio: Madre sin hijos, se ofrece para cursos de recuperación de puntos, para enseñar cómo no perder la vida.

 

¡Cuánto me gustaría que me invitaran a uno de estos cursos! Tendría tanto que contar.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

 

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Yo, Me Apunto

“El carné por puntos evoca algunos juegos infantiles (o quizá no tan infantiles) como la Oca o el Parchís. El jugador, según en la casilla que caiga, pierde un número de puntos equis que puede recuperar realizando una penitencia consistente en permanecer durante tres o cuatro tiradas en la misma casilla, mientras los demás jugadores avanzan”.

«YO,  ME APUNTO»

Así comienza el artículo de Juan José Millás en su apartado “Papel mojado”, del número de Interviú del 10 al 16 de Julio.

“El carné por puntos sacraliza, inconscientemente, la idea de la conducción como juego: un juego en el que, en casos extremos, se puede perder la vida”.

Jamás se me habría pasado por la cabeza la comparación. Claro, tampoco se me paso por la mente compararme con su ingenio y su pluma.

Pero sí ha causado en mí un vuelco. Creo que jamás volveré a jugar al parchís o la oca, los únicos juego de mesa que jugaba con mi hija y en los que mi parte infantil, siempre quería ganar.

Nunca aprendí otros juegos de manos que en nuestra casa, de pequeños, les llamaban “juegos de manos, juegos de villanos”. Sin embargo, cosa curiosa, sin verlos nunca en casa, sin enseñárselos, mi hija si sabía jugar a las cartas.

El parchís y la oca siempre me parecieron juegos inocentes, no había dinero por medio, apenas existía una estrategia para ganar y más bien todo quedaba al azar.

Pero sí, la comparación tiene muchos puntos de contacto: la muerte, la cárcel, alcanzar una ficha contraria (matar)

Esperemos que el carné por puntos no se trate sólo de puntos. Mejor dicho, esperemos que no se quede sólo en los puntos. Los puntos suman y restan pero los resultados tienen que verse a través de las penalizaciones impuesta por la Ley.

Si esto no se cumple, no sólo las matemáticas perderán valor, sino la idea de justicia.

No. Conducir no es juego.
Publicado sábado, 29 de julio de 2006 5:12 por FZ_madredHelena

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Hacer de padres

 

Viendo el programa “Camera Café”, que quizás es de las pocas cosas que se pueden ver en televisión para olvidar las tensiones de dia y terminar el mismo con una sonrisa, pude ver una de las historias que se titulaba “el otro hijo”.

En ella, se pariodaba la actitud de un padre hacia un hijo, en este caso la clave de humor era mayor puesto que el que ejercía de padre y el que hacia de hijo, ambos, eran más o menos de la misma edad y compañeros de trabajo.

La actitud del que hacía de padre: Darle consejos y darle dinero. Necesidad de besarle y ocuparse de él. La actitud del que hacia de hijo: Pedirle o aceptar el dinero.

Todo esto queda muy bien en clave de humor, pero las relaciones de padres e hijos no es cosa de risa. Es algo muy serio.

No es nada fácil ser Padres, pero tampoco es nada fácil ser Hijo.

Supongo que yo habré hecho muchas cosas mal en mi relación con mi hija, Helena, pero quiero pensar que también habré hecho cosas buenas.

Hacer de Padres es algo difícil y desagradable la mayoría de las veces. Hay que reprimir, corregir, prohibir, discutir, etc. ¿A quién le puede gustar eso?. Pero eso es EDUCAR.

La parte bonita no se aprecia a simple vista y se reconoce sólo después de pasado el tiempo. Cuando te das cuenta de que tienes un buen hijo, una buena persona. De que has contribuido a formar una persona en todos los conceptos. Cuando tu hijo te da un beso.

Hacer de Hijo tampoco es buen papel, máxime cuando, como hijo, no te das cuenta hasta que pasa tiempo, quizás cuando ya no están tus padres.

Como Hijos también tiene su dificultad. Depender primero físicamente, después económicamente. Sus deseos de libertad, sus impulsos, su individualidad, constantemente se le van reprimiendo, frenando, prohibiendo. Su salvaje se lo van domesticando.

Padres e hijos vamos ejerciendo nuestro papel y con el paso del tiempo se van invirtiendo los papeles.

No nos damos cuenta que todos somos hijos y la mayoría de nosotros seremos padres. ¿Por qué entonces no estamos de acuerdo? Por que a cada uno le toca un determinado papel, durante un determinado tiempo.

Padre e Hijos normalmente, no lo hacen tan mal. Cada uno debe cumplir su papel, pero cumplirlo no sustituirlo.

Me culpo de las cosas que le prohibí, de las cosas que no le compre, de las broncas que eche a Helena, mi adorada hija, porque la vida me la arrebató demasiado pronto. Pero, me siento orgullosa, de que era: responsable, buena persona, alegre, feliz, preocupada por los demás… y joven. Creo que ella ejerció muy bien su papel y nosotros sus padres lo hicimos lo mejor que pudimos.
Sólo me pesa una cosa… no haberle dado más besos, porque ya, se me terminó el tiempo.

¡Por favor, Padres!, besad a vuestros hijos. No les deis sólo dinero. Un beso no tiene precio, no se puede cambiar por dinero.

¡Por favor, Hijos¡, ejerced vuestro papel, pero pensad que un día seréis Padres.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.
Publicado martes, 25 de julio de 2006 15:26 por FZ_madredHelena

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