Queridos Moteros

Siempre hay alguien que confía en mí para que escriba algunas palabras para un evento, una conferencia, una concentración…, y siempre es un honor que no merezco, una responsabilidad, y una pequeña alegría y motivo para seguir viviendo.

Hace unos días me pidieron si tenía algo escrito relacionado con los moteros. ¡Pues claro! Al principio de esta lucha, recibí mucho apoyo de los moteros. Ellos también comenzaban a luchar y conocí a muchos de ellos, pero mi cercanía a ellos viene de mis años de infancia y mi relación con la moto de mi padre.

Mi padre y su moto

Es de las etapas más bonitas de mi infancia. Siempre recuerdo esos viajes con mi padre, primero en su moto, después en el sidecar. Luego llegó la emigración, las cosas buenas de la gran ciudad, y las malas, como fue tener que desprendernos de la moto y el sidecar.

Pero todo lo que tengo escrito no sirve para utilizar como palabras dedicadas en un evento de moteros. Por eso he escrito estas que es un resumen de mucho de lo que he escrito.

Queridos moteros:

Mi primera forma de transporte fue una moto, la de mi padre. Entonces no había tantas medidas de seguridad, y primero viajaba subida en el depósito, pero enseguida pasé a la parte trasera. Mi padre se encargó de aplicar unos pedales a la moto, a mi altura. Y me compró un casco y unas gafas como las de él pero en pequeño. Os estoy hablando de antes de los años sesenta. Y así me llevaba al cine del pueblo más cercano, a tres kilómetros. Por eso os tengo tanto afecto. Pero entonces no había peligro. Apenas velocidad, pocos coches y ningún quitamiedo. El mayor riesgo era que te entraran los mosquitos en la boca, cuando volvíamos esas noches de cine. Disfrutad de la moto con esmero. Con pasión por la vida. Sin prisa. Sin prisa por llegar o por morir. Con cuidado del que va en su «latita» porque él no concibe el peligro del que recibe el aire. Cuidado con los adelantamientos por la derecha, porque siempre es el otro el que cree que tiene el derecho. Exigir más a las autoridades que a la máquina, y entre todos lo conseguiremos. Porque, en la calle, en la carretera, todos debemos estar implicados y comprometidos con salvar nuestro cuerpo. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, a la que mató un conductor borracho.

Gracias, Jesús María, por acordarte de mí. Ojalá fuera verdad que mis palabras tuvieran algún efecto y mérito. Un abrazo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho.

www.quieroconducirquierovivir.com

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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