El Canto del Loco y Helena

 

Por fin he encontrado la relación del último disco de El canto del loco ¡Eres tonto! y Helena. No hay canción dedicada a Helena, ¡El disco «Personas» está relacionado con Helena!

En el País Semanal de hoy 6 de Abril de 2008, en el artículo «El salto más cuerdo de los locos», podéis encontrar la referencia a Helena.

Podéis encontrar las palabras de Dani Martín refiriendose a la carta que le escribí y lo que le pedía.

Después de la llamada de teléfono de Dani a casa, no he podido volver a hablar con él. Para qué, no quiero robarle tiempo. Es muy probable que jamás vuelva a ponerme en contacto con él.

Desde aquí quiero darle las gracias por leer mi carta y por contar lo que le pedía y por llevarlo a la práctica, de alguna manera.

El canto del loco no es tonto, sabe muy bien lo que hace. Y tú ¿Eres tonto? ¿Piensas seguir perdiendo la vida en la carretera?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

(Aunque en el reportaje se habla de Helena sin «h», y algunos datos no son del todo scorrecto, es Helena, nuestra Helena):

 

El salto más cuerdo de los locos

 

GUILLERMO ABRIL 06/04/2008

 

Un sujetador de encaje color burdeos, algo raído y de copa generosa, acumula polvo a la puerta del local de ensayo. Puede que lleve allí colgado seis o siete años. Ninguno de los cuatro miembros de El Canto del Loco se acuerda. Casi han olvidado su presencia. Cuentan que lo lanzó una fan al escenario en uno de los primeros conciertos.

 

Un sujetador de encaje color burdeos, algo raído y de copa generosa, acumula polvo a la puerta del local de ensayo. Puede que lleve allí colgado seis o siete años. Ninguno de los cuatro miembros de El Canto del Loco se acuerda. Casi han olvidado su presencia. Cuentan que lo lanzó una fan al escenario en uno de los primeros conciertos. Aquellos tiempos en que las chicas les disparaban bragas y de todo. Se ríen al recordarlo. Como quien mira atrás a sus 15 años. Dani Martín, cantante, letrista y motor del grupo, remata el episodio: “Al final, ya nos enseñaban las tetas desde la última fila. En Salou, ¿os acordáis? Yo me quedé sin letra, no sabía continuar”. Dicen que el bautizo de un grupo de rock requiere que las fans les muestren sus pechos desde el otro lado del foso. La pregunta es ¿qué ocurre después?

 

Viernes, principios de marzo. Una voz al otro lado del teléfono anuncia que el nuevo disco de El Canto del Loco está a puntito de salir al mercado. Personas, su quinto álbum de estudio. Ahora, añade la voz, se encuentran rodando el vídeo musical del primer single en la plaza de Soledad Torres Acosta, detrás de la Gran Vía, en Madrid. A media tarde, los yonquis y las prostitutas buscan sombra en los soportales de la plaza. La música nace de un bar que hace esquina. Hay una furgoneta aparcada en la puerta, focos, cables, lío. Va a ser allí. Entre las cabezas de los curiosos, al otro lado de la ventana, se adivina a Dani, a su primo David Otero a la guitarra, a Chema Ruiz con el bajo y a Jandro Velázquez tras la batería. La cámara capta sus movimientos. Se detiene en el cantante. Dani, subido a una mesa, hincha las venas de un cuello poderoso. Lanza su grito a un señor de unos cincuenta años y aspecto ebrio. Es el estribillo del hit: “¡Eres tonto! Si no despiertas, es que no estás vivo”.

 

A los tres minutos, uno de los curiosos ya repite “¡eres tonto!”. Muy de El Canto del Loco, un tema pegadizo. Una semana más tarde, cuando el nuevo single apareció en iTunes, se convirtió en la canción más descargada en España. El estribillo agarra casi sin quererlo. Pero a la vez tiene algo que no encaja: el grito de Dani parece distinto; la letra, como queriendo decirle al señor de-saliñado que abandone el bar y vuelva a casa con su familia. Que no vacíe su vida en un retrete. ¿Dónde están las zapatillas? ¿Y la madre de José que le está volviendo loco?

 

Vacaciones, parejas estables, incluso hijos. En una sobremesa tranquila, a mediados de marzo, el grupo cuenta que en el año y medio que ha transcurrido desde que cerraron la última gira, la de Zapatillas, han pasado muchas cosas. La más simbólica es quizá el tatuaje de Dani. David, que ha compuesto la música de casi todos los temas de la banda, cuenta que las letras son las que hacen que sus discos vayan hacia un lado o hacia otro. “Y, ahí, Dani es el que marca la dirección. Él es quien escribe. Cuando estamos tocando le preguntamos: ‘¿Por dónde vamos?’. Él asoma el codo y responde: ‘Por allí”. Dani se ríe a su lado, porque se refiere al tatuaje que le decora el antebrazo izquierdo: una gruesa flecha verde le nace en la muñeca; la punta queda a la altura del codo. Un amigo se la tatuó hace poco sobre otro dibujo anterior. A Dani le cuesta hablar de lo que había debajo: “Ni me acuerdo. Un tatuaje horroroso”. Media sonrisa. Achica sus ojos azules. El grabado oculto decía “Niñato”.

 

Abrir unas puertas, cerrar otras. Dani Martín ya no es un crío ni un ídolo de adolescentes. Ha crecido, y madurado, como el resto del grupo. Tiene 31 años, más de 500 conciertos a sus espaldas, un millón de discos vendidos y tres llenos seguidos en Las Ventas. En 2005 reventó el estadio Vicente Calderón junto a los Hombres G. También es actor. Rodó Yo soy la Juani con Bigas Luna, director que ya lo definió como un hombre del Renacimiento en el siglo XXI: “Polifacético, además de buena gente. Podría hacer cualquier cosa que se propusiera en la vida”.

 

Hace un año, mientras grababa los primeros capítulos de la serie Cuenta atrás, que emite Cuatro, Dani contaba que, aunque el resto del grupo se encontraba de vacaciones, él llevaba un tiempo trabajando en el próximo disco. Había sonado un clic en su interior. Y refirió un episodio para explicarse.Dijo que llegó una carta, una de tantas. Porque solía haber miles sobre la mesa de la oficina. De esas que apenas se leen: miran el remite y contestan con una foto firmada, poco más. Pero aquella, dijo Dani, asomaba sus bordes sobre el resto de papeles. La tomó entre las manos y la abrió. Escribía una madre con letra quebrada hablando de su hija muerta. Un coche, un borracho, adiós. Elena quedó tendida en el suelo. El conductor sopló y superó en varios puntos la tasa de alcohol permitida. Una cifra en el periódico, una familia rota. Ocurrió en fin de semana, el año que Elena estudiaba en el extranjero. Vino a Madrid dos días. Pasó sólo uno.

 

 La madre, siguió Dani, no pedía nada. Sólo que aprovechasen su tirón entre la juventud e intentasen hacer pensar a la gente, en fin, que qué les lleva a coger el coche en ese estado. “Cuando eres una persona creativa, y de sentimientos, esas cosas te afectan”. Primero probó a escribir una canción a la chica. Pero chirriaba: en la letra hablaba de una chica buena y un hombre malo. Se frenó sobre la vida del que llevaba el coche borracho. “¿Por qué te llegas a beber 200 copas y coges el coche? Estás tapando algo, me dije. En un porcentaje alto, tienes un problema. No me refiero a que sea tonto, no: este tipo quiere llamar la atención, tiene una falta de cariño, una carencia de afecto, algo. Creo que no sólo hay que ponerse de un lado, sino que hay que ayudar y hay que corregir. Estoy componiendo un poco en esa línea. No hay algo que esté mal o bien. Somos personas

 

Cuando este señor termina de trabajar y se va al bar, en lugar de querer abrazar a sus hijos o estar con su mujer, que no tiene por qué ser lo correcto, pero en lugar de hacer eso, prefiere estar en el bar, ¿cuál es la razón? A lo mejor su mujer no le deja respirar o tiene un hijo que es un hijo de puta o sus padres se murieron cuando era pequeño. Vete a saber. No somos perfectos”.

 

Para cruzar el umbral del local de ensayo, hay que dejar el sujetador de encaje a la derecha. Un poco más allá, una colección de fotos de la primera gira también acumula polvo: pantalones cortos, cortes de manga, escenarios a ras de suelo, el quinto miembro del grupo, Iván Chanchegui. (Los abandonó en la cresta de la ola, después de A contracorriente, el segundo disco. “Tengo que replantearme mi vida”, dijo, y no volvió. Aunque hay buen rollo, aseguran). Al atravesar la puerta del local, sorprende su pequeño tamaño, la mugre sobre la moqueta, las paredes cubiertas de garabatos. Hay listas de canciones, sus canciones, escritas a bolígrafo y rotulador sobre la pintura. Cuentan que levantaron el local con sus propias manos y la ayuda de un amigo que tenía una empresa de pladur. Hace años, en los orígenes. En septiembre cumplen una década juntos. Y Dani dice con orgullo: “Mira, El Canto del Loco te puede gustar o no. Pero no somos un producto. Hemos sido de mucho currar. Nadie nos ha regalado nada”.

 

De cero a todo, empezando por Dani Martín. A los 18 años, cuando ingresó en la escuela de interpretación de Cristina Rota, derrochaba energía. Lo contaba su maestra: “Entró rebelde, reactivo. Aquí aprendió a canalizar ese exceso en creatividad”. Entre otras muchas cosas, montó con otros alumnos un grupo de música. Lo soñó de niño: antes de cumplir los diez, mataba el tiempo dibujando las portadas de sus futuros discos.

 

En la primera formación, una chica tocaba la batería, había otro bajista, e Iván, que aguantó otros tres años, tocaba la guitarra. Dani tomó entonces un vinilo de Radio Futura. Leyó el nombre de una canción: El canto del gallo. Y lo tomó prestado. Luego, su primo David Otero apareció una tarde con su guitarra. Por probar. Al día siguiente tocaban el primer directo en una sala desaparecida: Up-Art. David se aprendió todas las canciones en un ensayo. Desde entonces, el primo pequeño es el benjamín del grupo. Tiene 27, mujer e hija. Comparte con su primo ojos azules y dice que aún recuerda aquella guitarra de madera con la que Dani tocó el primer concierto: un play back de Hombres G delante del colegio, con nueve años. Durante un tiempo, aquel pedazo de madera siguió rondando la habitación de su primo. Igual que el micrófono prendido de un caballete con una pinza de la ropa. Los comienzos requieren imaginación.

 

Después de los primeros conciertos, la chica batería y el bajista se lo pensaron mejor. Crisis. El padre de Dani se acordó de que el hijo de unos amigos, Jandro, tocaba la batería. En ese momento trabajaba de electricista con su padre. Los hijos se entendieron: “¿Qué pasa, tío? Venga, cuando queráis quedamos”. Ya eran cuatro. Faltaba un bajista. Y David, que acababa de entrar en la universidad, se acordó de un amigo de otro amigo. Chema, un cántabro, estudiante de fisioterapia en Madrid. Le vendió la moto: “Somos como Nirvana o Pearl Jam, pero en español”.

 

Así fue como los cinco se juntaron a tocar en la nave industrial. En Algete, el pueblo de Dani, al norte de Madrid. Allí siguen repasando el repertorio 10 años después. A partir de las once, de lunes a viernes. Hasta la hora de comer. Pero en los orígenes, tocaban en la oficina acristalada de la primera planta. La del padre de Dani. Aquello sonaba fatal. Los cristales vibrando, las ondas rebotadas. Lo bueno: había espacio para invitar a los amigos. Los sentaban en sillas, como en clase, y les pedían que puntuaran las canciones. Al terminar cada tema, alzaban un papelito con la nota. Selección popular. En aquella primera etapa destacó el tema Y si el miedo, que siguen tocando en directo.

 

Dani comenzó a enviar maquetas a todas partes. Aprovechaba sus contactos de la televisión: debutó a los 14 años en el programa de música Ponte las pilas, de TVE. Y en la Nochevieja de 1991, media España pudo verlo en un sketch de Martes y Trece, de botones. Mientras el grupo tardaba en arrancar, hacia el año 1998, comenzó a aparecer de secundario en Al salir de clase, El comisario, Policías… Con las maquetas, cuenta Dani, la última estrategia fue la que funcionó: en lugar de enviar una, mandaría seis, todas iguales. “Una la tiran, pero seis ya es más jodido”.

 

La leyenda cuenta que al menos una de las seis llegó a las oficinas de la discográfica Ariola. Una puerta quedó abierta. Paco Martín, descubridor de Los Secretos, Radio Futura y Hombres G, se encontraba al otro lado. Entró y dijo: “¿Qué es esto que suena?”. Con la distancia de los años, dice que aquella maqueta era de una calidad horrorosa. La suerte fue que coincidió en el tiempo con un fenómeno musical que asegura reconocer con olfato. Cada cinco años, más o menos, se abre el hueco para un nuevo grupo de fans. Llamaron a Dani para proponerle una prueba: un concierto con dos grupos más decidiría el nuevo fichaje de la compañía.

 

Tanto Paco Martín como Carlos López, entonces presidente de Ariola, y ahora de Sony BMG, recuerdan aquel concierto en la sala Chesterfield como uno de los peores de su vida. No sabían tocar, pero les sorprendió, sobre todo, el morro legendario de Dani. El cantante, consciente de las limitaciones técnicas del grupo, urdió el plan. “De pronto”, recuerda Paco Martín, “vemos que los chicos se quitan la ropa y enseñan una camiseta en la que se lee “I love Ariola”. Tenían gracia. Desparpajo. Estribillos. Y Dani, el don de la energía sobre el escenario. A la semana, los reunieron alrededor de una mesa en el cuartel general de Ariola. Les acercaron un contrato kilométrico. Firmaron sin mirar. Los gerifaltes de la compañía comentaban: “Chavales, vamos a liar un follón de cojones”. Acababa de nacer un fenómeno de fans.

 

Un detalle. Paco Martín se tatuó hace poco una estrella con el nombre de Dani dentro. “Y sólo tengo tatuajes de mi familia. Pero le quiero. En los 35 años que llevo en esto habré conocido a unos 300 artistas. Él es distinto. Tiene un carisma especial. Siempre pendiente. Son el mejor grupo a nivel humano que he conocido. Igual de humildes que el primer día. Saben escuchar. Luego hacen lo que quieren, pero escuchan”.

 

Antes de grabar disco, les propusieron cambiar de nombre: Los Móviles, Superratones y La Dulce Sonrisa de Lulú. Se negaron. El primer álbum de estudio apareció en 2000. Y, por si acaso, se tituló como la banda: El Canto del Loco. Vendió algo más de 100.000 copias. Lo mejor, cuentan, fue la gira: furgoneta arriba y abajo, borracheras de bourbon y a tocar delante de un público que no conocía sus canciones. A finales de verano de 2001, una crónica de EL PAÍS recogió las sensaciones de uno de los directos. Pirados por las chicas, se titulaba, y leía: “En la zona fan (pegadas al escenario) reinaban las quinceañeras ansiosas”. Lo peor , recuerdan, ocurrió un año después, cuando actuaron en la primera edición de Operación Triunfo.

 

Con Nigel Walker, que aprendió el oficio como técnico de sonido de Paul McCartney, y Dire Straits, llegó el cambio de rumbo. Produjo un segundo disco más elegante. Y ahí sigue Nigel, detrás de los controles de sonido, y en el local de ensayo. Es el oído exterior. Trae orden a los temas. Dice que el cuarteto ha seguido una evolución natural. “Este quinto disco es distinto porque ellos son distintos”. Hace un par de años, comentaba en una entrevista que el reto de El Canto del Loco era componer un tema que se pudiese escuchar 20 años después. De Personas aventura un corte no perecedero: Peter Pan, en el que Dani habla de crecer y madurar. “Y esto es normal. Tiene 31, novia desde hace un año, y ha de dejar algunas cosas atrás. Además, ya hay otros grupos de fans, como Tokio Hotel, que han llenado el hueco. Recuerdo episodios de chicas golpeando la caravana después de un concierto gritando ‘¡Canto del Loco!’. Pensaba que íbamos a morir. Pero esto ya pasó. Su público ha crecido con ellos. Ya no son un grupo de gente del colegio”.

 

En el local, Nigel intenta convencer a la banda de que en la gira han de tocar cuatro canciones acústicas. “No es para vosotros. Es para ellos”, les dice. Se refiere al público. Dani le mira, casi convencido, sentado junto a una pizarra que acaba de comprar. En ella ha escrito a tiza los 24 temas que irán descargando por pequeñas salas de España. Apunta: “Acústico”. El resto atiende, como en clase. Las paredes respiran aliviadas. Continúan con el ensayo y se saltan Zapatillas. La conocen de memoria. Cuando Dani agarra el micrófono, muestra el tatuaje nuevo. La flecha baila de un lado a otro. Poco después, comenta: “Me llena lo que he escrito. Lo veo necesario en mi vida para llegar hasta otro sitio”. La dirección. “Para mí es como vomitar algo que te ha sentado mal. O bien. Creo que hemos hecho un disco necesario para la gente. Para las personas. La pena es que no se atreva a oírlo todo el mundo. Existe una barrera para escucharnos. Claro que existe. Yo, seguramente, también la tendría”.

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Con «L» y sin «L»

 (Post escrito el 3 de abril de 2008 por FZ madredHelena) 

En estos dos últimos días, que he viajado en tren (cada día me parece el mejor sistema de transporte), he tenido la oportunidad de hacerme con todos esos periódicos que amablemente te están esperando cada mañana a la entrada de las estaciones de metros o tren.

Normalmente traigo hasta aquí cartas escritas por otras personas, que envían a la sección de Cartas al director de El País, pero en esta ocasión, traigo 2 cartas que he podido leer estos días en uno de esos periódicos, 20 Minutos:

ZONA20Carta de Madrid

 Conducir con la «L» puesta

 

MARÍA CARRERO 02.04.2008 – 07:49h

 Me gustaría pedir un poco de respeto para los conductores que somo novatos. Sé de sobra que a veces cometemos algunos errores, los mismos que han cometido todos y cada uno de los que ahora nos pitan cuando creen que vamos demasiado despacio (recuerden que no podemos sobrepasar los 80 km/h en autopista, y que normalmente vamos por la derecha para no interrumpir el paso de otros vehículos), o que nos dan las luces largas cuando molestamos en su camino, o cuando hacemos algo mal. A muchos parece que se les ha olvidado que ellos también pasaron por nuestra situación en algún momento de sus vidas.

Me gustaría pedir un poco de respeto hacia los que estamos intentando aprender a conducir conduciendo

Ánimo a todos los que ahora están conduciendo con la maravillosa ‘L’ puesta, a mí ya me queda poco, pero, sobre todo, me gustaría pedir un poco de respeto hacia los que estamos intentando aprender a conducir conduciendo; es la única manera de poder hacerlo.

Y esta mañana, me encontraba con la contestación a esta carta:

Algunos novatos son un peligro

 

OLIVER L. C. 03.04.2008 – 07:36h

 

En respuesta a la carta publicada de María Carrero «Conducir con la ‘L’ puesta», me gustaría comentar que yo estoy de acuerdo con ella y con el resto de novatos al volante. Pero, un matiz: dice que «normalmente vamos por la derecha para no interrumpir el paso de otros conductores», deja que discrepe, ya que no todos los que llevan la ‘L’ van por la derecha y mucho menos a 80 km/h de máximo. La realidad es que muchas veces van obstruyendo el carril izquierdo y circulan con sus vehículos como si estuvieran atontados, provocando en ocasiones retenciones.

Todos hemos llevado la ‘L’ en algún momento, sí, pero hay muchos que son un verdadero peligro para la circulación.

Creo que la respuesta es desmesurada.

Todos hemos sido novatos. Nadie nace aprendido. Los que llevan una «L», precisamente las llevan para eso, para que sepamos que son novatos y tengamos cierta precaución con ellos, a parte de para indicar que no pueden ir a más de 80.

No son atontados, sólo les falta práctica ¿Tú no fuiste así en algún momento?

Otra cosa es los que como dice mi amigo Javier «los que deciden llevar la «L» en la bandeja»  Eso sí que no es una buena idea, como nos cuenta en su blog, pero para los demás, sólo es necesario un poco de paciencia y no atosigarles, poniendoles así más nerviosos.

María, escríbeme y te enviaré una de mis pegatinas. Te la mereces.

Oliver, tú también te la mereces. Más que María, porque tú tienes demasiada prisa y mi pegatina te recordaría que es importante Conducir, pero más aún ¡Vivir!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por un conductro con alcohol.

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Un año sin Daniel y Christian

 (Post escrito el 1 de abril de 2008 por FZ madredHelena)

 

Se cumple un año de la muerte de Daniel Castilla Marcos y Christian-Marc Olmos Vente, dos jóvenes de Alcobendas de 20 y 21 años.

 En 2007, el transcurso de 2 meses, murieron 5 jóvenes en Alcobendas, en 2 accidentes de coche. En tan solo 1 año, junto con mi hija, habían desaparecido 6 jóvenes, casi de la misma edad. Jóvenes que quizás en algún momento coincidieron, que habían estudiado y crecido en la misma ciudad.

 No conocía a Daniel ni a Christian, pero por proximidad, por que sé lo que habrá sido este primer año sin ellos para sus padres, por ser de la misma edad que mi hija, por haber perdido sus vidas entre un amasijo de hierros, como si los conociera.

 Sus padres quieren recordarles con una misa el próximo jueves, 3 de abril, a las 20,15 horas, en la parroquia de Nuestra Señora de la Moraleja (calle del Nardo, 44) Alcobendas.

 Vuestro dolor es también mío, porque antes, ya fui yo.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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La gran fiesta de las motos

 (Post escrito el 31 de marzo de 2008 por FZ madredHelena)

Después de un fin de semana de moto y aunque en esta ocasión no se han dado las noticias de accidentes haciendo separación entre moteros y no moteros, parece ser que las cifras han mejorado en relación con el año pasado.

La cifra de muertos ha bajado nuevamente, este fin de semana, 15. En 2007 hubo 34 muertos, aunque en 2005 solo hubo 19. 

Aún así, una joven de 19 años perdió la vida al chocar su ciclomotor con una motocicleta en Chipiona y en Madrid, ayer , también moría un motero.

Aunque, en la mayoría de las noticias sobre los accidentes de moteros suele aparecer la frase “conducía una moto de gran cilindrada”, los que más peligro corren son esos jóvenes, a los que los padres le compran pequeñas motos, motocicletas, ciclomotres,  con las que ellos creen no pueden correr demasiado, sólo desplazarse dentro de la población o la urbanización y que se caracteriza por una conducción con en el casco colgando del brazo.

Ayer, el diario El País, publicaba un artículo titulado “Cuando el uso del casco es una excepción”, donde se ponía en evidencia este problema y las propuestas de algunos ayuntamientos para paliarlo.

Como expresaba el artículo, el uso del casco  va disminuyendo según te vas alejando de ciudades como Madrid y Barcelona y yo apuntaría que especialmente se hace inexistente, cuando te acercas a los lugares de costa.

Según este artículo, en Sanlúcar han llevado a cabo varias iniciativas para formar a los jóvenes en educación vial y además, concienciar a los jóvenes en el uso del casco, por ejemplo con un concurso de pintura con spray, en los cascos, para convencerles de que puede ser incluso algo “chulo”.

Creo que los veteranos moteros deberían llevar a cabo una labor muy importante en este sentido para que el amor a las motos empiece desde pequeños, pero pensando sobre todo en la seguridad.

En mi ciudad, donde existe un parque municipal de educación vial con una gran actividad educadora y donde los jóvenes asisten para recibir formación vial o curso para multas, la asociación “Lucha Motera”, colabora con los profesores de seguridad vial de este parque, hablándoles, pudiendo ver moteros reales, experimentados,  haciéndoles presentaciones, inculcándoles su amor a las motos y transmitiéndoles su necesidad de responsabilidad cuando empiezan a llevar un vehículo de dos ruedas.

Ya les he ofrecido mis pegatinas. Creo que además de adornar esos casco, es un buen mensaje para llevar en la cabeza.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Lo que está por hacer

 (Post escrito el 26 de marzo de 2008 por FZ madredHelena)

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Cuando los resultados tan esperanzadores sobre las víctimas de tráfico en esta Semana Santa alegran a unos, entristecen a otros y el resto pasan, dos noticias, por cierto una de ellas, con un muerto de los que no habrá contabilizado la DGT, por producirse en una vía urbana, me producen una sensación difícil de explicar, por ser mezcla de sentimientos, recuerdos y emociones.

Una de ellas es la muerte de ese joven que conducía un ciclomotor, que parece ser fue golpeado por un coche y atropellado y arrastrado por otro, durante 2 kilómetros, desenganchado posteriormente y abandonado y la otra, que Farruquito tiene ya el tercer grado.

Con la primera, mi reacción no fue simplemente de sensibilidad por ser mi espíritu actualmente más sensible a estos tema. No. Lo tengo claro.

Soy consciente de que desde que perdí a mi hija para algunas cosas, aquellas a las que antes daba más importancia, mi sensibilidad ha desaparecido y otras, me sumen en una gran tristeza.

Pero esta noticia no me produjo el efecto que tenían las noticias de los telediarios cuando recién nacida mi hija y sufría la depresión post parto (como la gran mayoría de mujeres que son madres sufren sin  incluso saberlo), por un exceso de sensibilidad, no podía ver a los niños que salían cada día en las noticias, muriéndose de hambre.

Esta vez no fue esa sensación. Fue más bien una revolución en mis tripas, imaginándome a ese joven enganchado a un coche, como si se tratase de una lata atada a una cuerda, enganchada a un coche con el cartel de “Recién casado”, de los que acostumbramos a ver en las películas.

Si se confirma la noticia y cómo se produjeron los hechos, ¿Cómo se puede llevar arrastrando un cuerpo durante 2 kilómetros?

Al principio quise pensar, no se dieron cuenta. Imposible después de conocer que, parece ser, el coche que les precedía fue el que golpeó al joven. Pero, más imposible aún que se detuvieran, lo desengancharan y lo abandonaran, si es que fue así.

No quise seguir pensando porque casi iba a vomitar.

La otra noticia estaba relacionada con Farruquito.

Todos sabíamos que esta noticia se iba a producir más pronto que tarde.

Salvo los que van directos al cementerio y tal como dice el poema de Rosalía de Castro:

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

Los que van a la cárcel, un día, más pronto que tarde,  saldrán.

Y los que hemos perdido a nuestros seres queridos, el hecho de que los culpables entren en la cárcel, sólo nos da la tranquilidad de que, durante ese tiempo,  no podrán hacer lo mismo a otras personas. Nada más.

En cuanto al dinero de la indemnización, ese dinero que nos quema, que nunca podrá compensarnos de tan enorme pérdida, ese dinero que para algunos ni tan siquiera supondrá una ayuda ante lo que han podido dejar de percibir por lo que la persona fallecida traía a casa, ese dinero que muchas familias se gastan en tratar de conseguir justicia, no sé cómo pueden decir que ha servido, el pago de ese dinero, para que a Farruquito le den el tercer grado.

¡Qué barbaridad es esa? ¿Qué más quieren hacerle a esa mujer?

Es cierto que Farruquito habría salido peor parado si hubiera sido juzgado con la nueva reforma del Código Penal, pero es lo que siempre digo, es probable que nuestros hijos estuvieran vivos si estas medidas se hubieran tomado antes.

Por eso, no lancemos las campanas al vuelo. No nos mostremos triunfalistas. No pensemos que el éxito se debe sólo a los que han hecho algunos. ¡Falta tanto por hacer!

Gobernantes, políticos, instituciones, sociedad,  no nos pongamos medallitas, trabajemos, sigamos trabajando:

La educación. Hay que seguir educando, desde la tierna infancia, para conseguir una sociedad respetable, en todos los ámbitos.

La protección. Lo que no te quitan los guardarrailes, te lo quitan “las barquitas”, término que utiliza mi amigo motero para definir a los coches. Todos estamos en la carretera, coches y motos.

Penalización. Hay que seguir mejorando nuestras leyes y en especial el instrumento para impartirla. Los castigos deben ser ejemplarizantes y a tiempo, no dentro de 3 ó 4 años.

Coordinación. Entre todos los órganos implicados en los mal llamados accidentes: Ministerios de Educación, Sanidad, Fomento, Interior y Justicia. Porque, unos mueren pero otros no.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por culpa de un conductor borracho.

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Con «V» de Vacaciones, Vuelta, Víctimas y Vida. Historia de Semana Santa.

 (Post escrito el 23 de marzo de 2008 por FZ madredHelena)

  La Semana Santa de 2005 fue la última Semana Santa que pasamos junto a nuestra hija. Viajamos para estar esos días con ella, pues en ese nomento era una estudiante «Erasmus».

En ese año, hubo 105 muertos en accidentes de tráfico en las carreteras de España y los comentarios eran un poco desalentadores pues se producían 2 víctimas más que en el año anterior.

Pero en ese momento, yo no me ocupaba de estos temas y auque supongo me afectaba cuando leía noticias así, no era un tema que me preocupara, porque, siguiendo mi frase de solidaridad, en ese momento «no fui yo».

Esa Semana Santa fue feliz, muy feliz. Nuestra hija se desvivió por enseñarnos cosas, llevarnos a lugares, y ayudarnos con el idioma, ¡qué no era poco!

En la Semana Santa de 2006, los muertos siguieron aumentando. En ese año fueron 3 más que en 2005, es decir 108 y la sociedad se asombró al poder contemplar en algunos diarios de «toda España», una esquela impactante (Error en la noticia sobre los motivos del accidente. No hubo ninguna colisión en cadena):

«El alcohol que otro bebió a ella le mató el 17 de Abril de 2005, en un mal llamado accidente de tráfico. Tenía sólo 20 años»

Esta esquela, con falta gramatical incluida, fue un revulsivo y fue portada de todos los informativos de todas las televisiones.

En nuestro ánimo sólo estaba recordar a nuestra hija, un año después de su muerte y llamar la atención de una sociedad dormida ante los accidentes de tráfico y jamás una campaña de tráfico fue tan barata para la DGT.

Lo que ellos nunca habrían conseguido con sus millonarias campañas, lo conseguimos nosotros, unos padres llenos de dolor en el primer año sin nuestra hija, con unos pocos euros salidos de nuestro bolsillo.

Desde esa Semana Santa, las cifras de los accidentes siguen bajando, muy tímidamente, apenas 2 ó 3 personas. Aunque para nosotros y para los miles de afectados siempre serán cifras que aumentan, no bajan, pues nuestros muertos siguen sumando, contando y descontando, es cierto que los que no nos resistimos a que la muerte de nuestros hijos  no haya servido para nada, a pesar de nuestro dolor, nos alegra esta disminución.

La Seman Santa de 2007 contó con 106 muertos. El gobierno consideró que a pesar del carné por puntos, el objetivo no se consiguió al superar la cifra de 100.

En la mañana de hoy domingo, día 23 de Marzo de 2008, cuando casi no se ha iniciado la operación retorno, los muertos son 49, que no son pocos. El dato ahora mismo es bastante alentador comparado con la historia de otras semanas santas, pero ¿Cuál será el resultado final?

Sea el número que sea, son personas que, unos no han podido iniciar sus vacaciones, otros se han quedado en la vuelta y todos ellos, juntos con sus familiares, han perdido la vida.

Los muertos, en la carretera y los familiares de estas víctimas, en el resto de sus vidas.

Muerte

Viene de frente la muerte,

engañándonos con su olor a fiesta.

¿Quién se salva de su suerte?

Triste amanecer de fiesta,

niños armados con coches,

de copiloto la muerte.

Seducidos por la noche. 

¿No ven peligro los niños?

La muerte y el alcohol animan la fiesta,

falsos placeres de ánimo.

 Tu madre, llora la fiesta

sin suerte, te has matado.

Sin respeto a esa arma, el coche.

Yo, me quedé sin hermano.

 Manuel Barranco Roda

Dedicado a los que éstas ha sido sus últimas «vacaciones de Semana Santa». Vuestro dolor es también mío, porque antes, ya fui yo.

Gracias a Laura, amiga de Helena, que me ha informado del poema

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductro borracho.

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Accidente de tráfico. Cartas al director de El País

 

Carta de Eduardo Sanchiz Chaperón, publicada en la sección de Foros de El País, cartas al director.

Es la carta de un hijo sin madre y la he elegido para el «Día del Padre». Para felicitar a los padres que han perdido a sus hijos o hijas y en el día como hoy, no recibirán la felicitación de esos hijos que se quedaron en la carretera.

Como mi marido, que éste es el tercer año en el que Helena no le puede felicitar.

Eduardo, tú eres un hijo sin madre, yo una madre sin hijos.¡Qué mala suerte hemos tenido!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por un conductor borracho.

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Accidentes de tráfico 

El 20 de septiembre de 2007 a las 17:45 ví la vida distinta. Más triste, más cruel, más real. La vida nos contó, a mi familia y a mí, que exista o no el destino, un hecho te cambia toda la concepción de la verdadera realidad. Lágrimas, penas, discusiones y reducciones al absurdo de lo que creíamos más importante, más sagrado: nuestra familia. Dentro de unos días harán 6 meses de la muerte de mi madre en un accidente en carretera. Se fue con sus sueños y expectativas, con todos los ideales y los proyectos que le quedaban por construir, y aquí se quedó una familia sin razones ni causas… yo perdí a mi madre recién cumplidos los 18; mi padre perdió a la que había sido su amor desde los 14. Este Sábado le ha sucedido lo mismo a 17 familias, está claro que no son sólo cifras. Por ello, al que conduce quiero pedirle, que no piense ni en él ni el que conduce delante de él, sino en los hijos, los padres y los hermanos que sufrirán las muertes de la carretera.

Eduardo Sanchiz Chaperón Madrid

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La morgue de Colmenar

(Post escrito el 18 de marzo de 2008 por FZ madredHelena)

 Con sólo 17 años, Hugo F. C. pasó en la madrugada de ayer a engrosar la estadística de víctimas en accidente de tráfico. Así comenzaba la noticia de la muerte de un joven de 17 años tras una colisión  frontal.

Habría sido una noticia más de muertes en carretera de las que cada día leo con pesar e imprimo para mi recuento anual de victimas. Pero ésta no iba a ser simplemente una más.

En el cuerpo de la noticia encontraba muchas más cosas que me harían recordar un 17 de Abril de 2005, tres años atrás, menos un mes.

Hugo había fallecido en Manzanares de El Real y era llevado al tanatorio de Colmenar. Allí estaba a la espera de la autopsia, aunque de sobra se supiera que el motivo de la muerte fue el impacto recibido por otro coche, también conducido por un joven.

Más adelante decía la noticia, que aún no se habían presentado los familiares a la morgue.

Entonces recordé cómo recibimos la noticia de la muerte de nuestra hija. Un mensaje en el buzón de voz del teléfono de casa: “Si son los familiares de Helena Castillo Zapata, ponganse en contacto con la guardia civil de tráfico en el siguiente número”.

El mensaje no presagiaba nada bueno. Desde ese día prácticamente no puedo utilizar el servicio de buzón del teléfono.

Yo, no fui capaz de marcar ese teléfono, tuvo que ser mi marido quien lo hizo.

Y la contestación al otro lado del teléfono fue aún peor.

La persona que descolgó el teléfono no se anduvo con paños calientes y contesto “¿Es que Ud. No sabe que su hija lleva 3 horas muerta?” Suponemos no estaba preparada para dar semejante noticia. Suponemos que pasaba por allí y descolgó el teléfono.

Fuimos hasta la comisaría de la guardia Civil en Colmenar. Unos vecinos que se apiadaron de nuestra desesperación y que acababan de regresar de una fiesta feliz, una boda, de repente se vieron implicados en una muerte.

“No, no, no puede ser, mi hija no, mi hija no”. Esta frase salía de mis labios una y otra vez. Cada vez la gritaba con más fuerza, haciéndome daño en mi garganta. Como si con ese grito quisiera conseguir que esa noticia no se hiciese real.

La guardia civil nos llevó hasta el tanatorio de Colmenar. Era domingo, estaba cerrado. Lo abrieron para recogernos por humanidad, porque a nuestra hija no la podíamos ver.

Estaba en la sala para hacer la autopsia, como Hugo. No la podíamos ver hasta después de la autopsia y eso sería al día siguiente. Igual les habría pasado a los padres de Hugo.

La morgue”, la morgue de Colmenar.

Pero las coincidencias no terminaban ahí. Hugo, decía la noticia, era hijo único, como nuestra hija.

En el accidente también estaba presente el alcohol, aunque no en las cantidades que en el que produjo la muerte de Helena.

Una vez más los jóvenes implicados en las muertes en carreteras. Muy jóvenes, tanto el conductor implicado como la víctima.

Nuevamente unos padres rotos para toda su vida. Nuevamente un joven que no había comenzado a vivir y sin culpa ninguna. Nuevamente otro joven culpable y con el añadido de alcohol.

¡Pero no os dais cuenta? Sois jóvenes, novatos, con poca práctica y no podéis tomar más alcohol de 0, 15 que es prácticamente nada.

¿Creéis que merece la pena perder la vida, quitar la vida a uno de vuestros semejantes y complicaron vuestra vida y la de vuestros progenitores?

Queridos padres de Hugo, vuestro dolor es también mío, porque antes, ya fui yo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

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La muerte en el asfalto. Cartas al director el País

 (Carta de Jordi S. Berenguer publicada en la sección de cartas al director de El País, de fecha 17.03.2008)

 

La muerte en el asfalto

 

JORDI S. BERENGUER – Barcelona – 17/03/2008

 

Al regreso de eso que se ha venido en llamar Operación Salida / Operación Retorno y, entremedias, vacaciones de Pascua, las cifras que tráfico nos dará sobre accidentes volverán a helarnos la sangre. Con todo, convendrá tener muy claro que una cosa es que a un coche se le reviente una rueda en plena autopista, que le caiga encima una roca desprendida de un monte en una carretera comarcal, o que un crío irrumpa indebidamente en la calzada y al conductor no le dé tiempo a frenar. A todo eso sí se le puede llamar accidente.

 

Pero atropellar y matar o dejar muy mal herido a alguien porque el conductor haya bebido demasiado, esté bajo los efectos de alguna droga, o simplemente, por desafiar los destinos ajenos con la chulería de un matón de carretera… a eso hay que llamarlo por su propio nombre: homicidio. Y si me apuran, incluso asesinato.

 

De las nefastas consecuencias de tanto descerebrado suelto, con una estadística que pone los pelos de punta, no sólo son culpables los locos del volante. También gran parte de la responsabilidad recae en quienes son incapaces de tomar las medidas oportunas, urgentes y drásticas, para impedir que esa gente vuelva a coger un volante. Sería la única forma de evitar esa sangría inmisericorde que se viene cobrando tantas vidas y que constituye una verdadera tragedia nacional: la muerte en el asfalto.

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Rizar el rizo o deshacer lo que otros hacen

(Post escrito el 16 de marzo de 2008 por FZ madre de Helena)

Carta enviada a la Sección de Cartas al Director de El País y publicada en la misma sección pero en el apartado de Foros del País.com

 

Rizar el rizo o deshacer lo que otros hacen

 

Hoy día 13 de Marzo, a pocos días de comenzar una nueva campaña de tráfico por las vacaciones de Semana Santa, en la que se producirán, como siempre, numerosas víctimas, podemos encontrarnos dos noticias relacionadas con la Seguridad Vial y que van a tener importante incidencia en la responsabilidad de los conductores a la hora de llevar un coche.
Una de ellas, el margen de error en los aparatos de medir la velocidad o el consumo de alcohol y la otra, el uso y abuso de un médico para ocultar su ebriedad en el resultado de unos análisis.
Muchos estudiantes, cuando realizan un examen, suspenden por unas décimas:4,75; 4,80; 4,90.
Ellos, los padres, los amigos, se solidarizan con ese estudiante y dicen “jo, por unas décimas”. Pero los profesores son implacables. Saben cual es su misión, sus normas, sus reglas y no ceden. Aún así, todos, después comentamos que el nivel de conocimientos de nuestros jóvenes es malo.
Lo de este médico no tiene nombre. Él, que debería salvar vidas, realiza una acción que podría poner en peligro la vida de otros muchos conductores, además de la suya.
La fiscalia, tiene que estar luchando por unas décimas de más o menos para poder castigar a una persona que conduce bajo los efectos del alcohol o a mayor velocidad.
¡Pero qué nos pasa! ¿Es que no es suficiente más de 3000 muertos al año para tomar medidas?
Ir a más de 180 Kilómetros por hora ya es velocidad y me da igual que fueran 186. Conducir con 0,60 miligramos de alcohol es lo mismo que 0, 63. El resultado puede ser el mismo.
El caso es deshacer el trabajo que otros hacen, por ejemplo el de la Guardia Civil de Tráfico o el de los Legisladores.

Flor Zapata Ruiz, madre de una víctima de la carretera por la velocidad y el alcohol que otro llevaba (Alcobendas, Madrid)

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