Hace unos días todos los medios mostraban a María de Villota, sonriente y feliz, que reaparecía después del grave accidente que sufrió. Y eso es lo que más destacaban todos los medios y ella misma, a pesar de sus heridas, que estaba feliz. ¿Y cómo no? Tenía la alegría de una segunda oportunidad.
María se dedicaba a una profesión de alto riesgo, y supongo que a pesar de todos los medios de seguridad es algo con lo que deben contar.
Pero qué pasa cuando no te dedicas a esa profesión, solo te gustan los coches, y estás como espectador en una carrera.
Se supone que tienen que existir todas las medidas de seguridad para que los espectadores, los que admiran a esos conductores, disfruten del evento pero sin correr riesgos.
¿Cuántas veces vemos escenas de rallys en los que los coches salen disparado y se llevan por delante a los espectadores?
Y casi siempre, después, se dice que estaban en un lugar que no era el permitido. ¿Y cuando se sale por el lugar que sí es el adecuado?
Pues, que sepan los admiradores de este tipo de eventos, que si alguna vez tienen un percance de este tipo, después les dirán que es un riesgo que asumen por ir a ver un rally.
Álvaro, era un niño de tan solo 11 años, que ese día cumplía 12, que había ido a ver una carrera, precisamente, como regalo. Pero ese rally no tenía las debidas medidas de seguridad.
Alguno de los coches que participaban no lo hacía en las condiciones de mantenimiento y seguridad adecuadas. Y el tema del rescate si se producía un accidente no estaba tampoco resuelto.
A Álvaro no le dieron una segunda oportunidad. Tardaron muchísimo en rescatarle. La carrera, por supuesto, ni se paró. Y Álvaro perdió la vida con sus 12 años recién cumplidos.
Han pasado 11 años, los mimos que tenía él, y sus padres no han conseguido justicia, Ni siquiera de la justicia internacional. Algo que no te devuelve la vida del ser querido, pero que ayuda a cerrar el duelo.
Después de 11 años ni siquiera tienen seguro conseguir una indemnización a la que todo el mundo tiene derecho, aunque en España, comparada con el resto de Europa es de risa.
A Álvaro, como a María le gustaban los coches. A él, verlos. Él no tenía porqué sufrir ningún percance, pero parece ser que en los rallys este es un tema que hay que asumir si se va a contemplarlos., y es raro que no se salga algún coche.
¿Os imagináis que en una corrida de toros se les dijera a los espectadores que es un riesgo que corren al ir?
Me alegra muchísimo la recuperación y la alegría de vivir de María de Villota, y le deseo lo mejor para esta nueva vida que tiene, a pesar de sus secuelas. Y le pediría que utilice esta segunda oportunidad para ayudar a las víctimas de accidentes de tráfico, es algo a lo que se podrá dedicar a pesar de sus heridas.
No me alegra que Carmen y Pedro, padres de Álvaro, después de 11 años tengan que enfrentarse a este nuevo juicio, aunque les deseo mucha suerte.
Espero y confío que sea cual fuere el resultado del mismo, estos padres que llevan once años dedicándose a las víctimas de accidentes de tráfico y a la lucha por la disminución de víctimas, ahora desde “Vida en La Carretera” y anteriormente desde Stop Accidentes, no pierdan esa energía y ganas de seguir luchando, porque son pocos los que después de la pérdida tan grande de un hijo son capaces de dedicarse a otros para que no les suceda lo mismo.
Un abrazo, amigos, compañeros.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.
Miembro de Vida en la Carretera, asociación de afectados por la violencia vial.




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