Ando en otras pérdidas y otros dolores pero cuando pienso que ya es hora de abandonar este tema de la concienciación e intento distanciarme, siempre aparece una noticia mala, un accidente peor que los anteriores, más muertos que nunca, y necesito correr al ordenador para escupir mi indignación como si fuera una blasfemia, cosa que no hago aunque la situación lo pediría.
Este fin de semana, 28 muertos en siniestros de tráfico. El fin de semana más trágico en lo que va
de año. Y las estadísticas dirán y confirmarán que es lo normal del segundo semestre del año donde se producen más accidentes porque se hacen más largos recorridos y los desplazamientos son mayores. Y yo, antes, pensaba que era cierto, que ante los millones de desplazamientos era normal que se produjeran
esas muertes, pero no desde que la muerte me afectó a mí. No a cualquier otro que entra dentro de la estadística, sino a mi hija, a Helena. Y desde entonces ya no me conformo, no me aguanto, no lo veo como algo imposible de eliminar, porque, en su gran mayoría, los accidentes de tráfico son evitables.
No hace mucho escribía sobre el aniversario de los jóvenes de Villanueva del Pardillo, tres en el acto, uno después. Este fin de semana, en Jadraque, cinco de golpe. Y como en el caso de Villanueva, viendo las imágenes en la tele he dicho: una recta. Después me ha parecido ver en el inicio de la recta una curva.
En este caso, parece ser, que pudiera ser un exceso de velocidad. Pero muchas veces me pregunto ¿qué pasa al conducir en carreteras secundarias, en carreteras de doble sentido? ¿No sabemos conducir? Pues no, no
sabemos conducir. Lo hacemos por autovías, nos acostumbramos a la seguridad de un adelantamiento con dos carriles o más y cuando saltamos a una carretera secundaria, supongo, no controlamos el tiempo que tardamos en un adelantamiento, tiene que ser eso porque son demasiados siniestros en choques frontales.
Recuerdo que de pequeña siempre fui bastante miedosa y en las ferias tenía pavor a subir a los coches choque, o los coches tope, como los llamábamos nosotros. No quería ni pensar lo que podía pasar cuando uno de esos coches se me venía encima. Una compañera de colegio perdió los dientes en uno de esos topetazos y su bonita boca se vio afectada para siempre.
Si esto era en una atracción de feria imaginaos como debe ser un choque entre coches, aunque la velocidad sea inferior a 100.
Pero eso no es lo que deben pensar muchos porque hacen adelantamientos imposibles o toman curvas rectas invadiendo el otro sentido y la vida de otros.
Hoy veía como todo un pueblo manifestaba su dolor y establecía cinco días de luto, pero eso no quitará el
dolor de esas nuevas familias, ni volverá a la vida a esos jóvenes, pero ya no se puede hacer nada más. Y seguimos pensando que los accidentes siguen siendo una fatalidad que te puede tocar. “Al que le toca
le toca” que dicen algunos y que a mí me llevan los demonios cuando lo oigo.
No, no, y no. No es algo irremediable. No es una fatalidad. No es el destino. No es lo que Dios quiera. No es que estaba de pasar. Es que todos tenemos que poner de nuestra parte. Y quizás haya que practicar mucho más los adelantamientos que los aparcamientos que para realizarlos no se pone en peligro la vida de nadie, tan solo un poco más de tiempo, unos centímetros más hasta llegar a la acera, o realizar unas vueltas más a la manzana porque nunca nos parece espacio suficiente.
¡Qué tristeza! Por esos 28 muertos y porque tengo que seguir escribiendo sobre el mismo tema.
Y, como siempre, jóvenes entre 18 y 23 años. Nos quedamos sin jóvenes y sin futuro. Y ellos siguen sin
darse cuenta que bailan con la más fea.
Fallecidos hasta el 17 de Julio 774. ¿Sigues pensando que al que le toca le toca?
Vuestro dolor es también el mío.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.






