Cursos de conducción de ciclomotores

La menina de Alcobendas

La menina de Alcobendas

El Parque de Educación Vial de Alcobendas, inicia el curso escolar con dos cursos, dirigidos a jóvenes de 14 a 16 años que deseen obtener la licencia de conducción de ciclomotores.

Los cursos se iniciarán, con las clases teóricas, a primeros de octubre y tienen una duración de ocho semanas, impartiéndose una sesión semanal (lunes o miércoles) de 16:00 a 18:30 horas en el Parque de Educación Vial. Los participantes aprenderán a conducir de forma segura el ciclomotor, recibiendo, además, nociones de primeros auxilios y mecánica básica aplicada a estas motos. Las clases prácticas comenzarán una vez superada la prueba teórica, las fechas y el horario de las mismas serán fijados por el Parque de Educación Vial.

Estos cursos tienen las plazas limitadas a un total de 25 por grupo y son gratuitos, aunque para realizar el examen deberán abonarse las tasas fijadas por la Dirección Provincial de Tráfico, el primer día del inicio de los cursos. Los alumnos tendrán que superar las pruebas pertinentes que, según la nueva normativa, serán dos: una teórica y otra práctica.

Los jóvenes interesados en estos cursos, que comienzan el 5 y el 7 de octubre, deben tener los 14 años cumplidos en el momento de inicio del curso, no superar los 16 años y saber montar en bicicleta. Del mismo modo deberán tener en vigor, durante el período del curso, el Documento Nacional de Identidad o pasaporte (para españoles) y tarjeta de residencia (en el caso de extranjeros).

Para inscribirse basta con realizar la tramitación en Imagina (C/ Ruperto Chapí, 18), de lunes a viernes, de 9 a 14 y 17 a 21 horas. El plazo para realizar esta inscripción comienza el lunes 21 de septiembre. La documentación que deben presentar es una fotografía tamaño carné, una fotocopia del DNI o pasaporte y tarjeta de residencia (para extranjeros), una autorización materna o paterna y una declaración jurada firmada por el participante según los modelos que se facilitan en Imagina. La inscripción se realiza por orden de llegada, y hasta cubrir plazas, presentando la documentación completa. La información la amplían en el teléfono 91 659 09 57.

Parque Municipal de Educación Vial.

Casa de la juventud de Alcobendas

Y para aquellos que superéis este curso, tenéis como regalo la pegatina de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir! Eso es por mi cuenta, para vuestros cascos. No tenéis nada más que pedírmela. Espero que  con ella no se os olvide que hay que conducir con responsabilidad y no hacer caballitos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó, a la hora de conducir.

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Felicidades

felicidades

(Recordatorio de cumple en una de las agendas de Helena)

Este post no es hoy para ninguna madre con o sin hijos. Este escrito de Felicitación, hoy, es para el más experto en pañales y biberones; el mejor compañero de juegos; el mejor caballito; el provocador de risas hasta llegar al hipo; el cómplice en salidas y compras; el mejor “conseguidor” de entradas para cualquier evento; el taxista de salidas y recogidas; el rey negro de todos los años; el mejor y el más exigente para inculcar ilusión en los estudios; el más protector.

El mejor y único “papi de Helena”.

¡¡¡FELICIDADES!!!

(Helena y su padre por los suelos, como siempre, jugando)

Flor, mamy de Helena. (Las fotos de este blog son personales. No utilizar sin permiso)

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El alcohol, el botellón y la ley que no se parió

Tendría unos 11 años cuando fui por primera vez a Comarruga ( Coma-ruga en catalán.Tarragona). Era la primera vez que iba a la playa y a partir de ese momento, durante varios veranos, mis vacaciones fueron por playas de esa zona, y se convirtieron en alguno de los mejores recuerdos que tengo.

 

Ayer, leía con gran estupor una noticia relacionada con esa playa, pero el tema no me traía buenos recuerdos como mis veraneos de niña, sino recuerdos de los estragos que hace el alcohol.

 

La noticia habla de la sentencia a una joven que siendo menor y desde el asiento del copiloto, atropello a un hombre casado y padres de un hijo. Esta joven había salido de una discoteca de Comarruga y, según la noticia,  había salido rabiosa por que se había enfadado con los amigos.

 

La joven, que curiosamente no conducía, triplicaba la tasa de alcohol. ¿Qué tasa? ¿La tasa para matar, la tasa para bailar, la tasa para destrozar una vida?

 

La noticia no especificaba si a la persona que atropelló dando un volantazo desde el asiento del copiloto era conocida o no para la joven, si tenía algo que ver con su enfado. Supongo que no. Fue solo la víctima de tantas copas.

 

Han condenado a la joven, por  “homicidio previsto”, a dos años de internamiento y otro de libertad vigilada bajo asistencia educativa.

 

Un día antes de leer esta noticia, me llamaba la atención, también, el artículo titulado “La última Copa” de la sección “El acento” de El País. Este artículo que se titula casi como mi eslogan “La última copa siempre la pago yo”, hablaba también de los estragos que produce el alcohol. Claro que últimamente, desde lo de Pozuelo, todo el mundo opina sobre el botellón. Pero recuerden que hace unos años, la ministra Elena Salgado, por entonces ministra de Sanidad, quiso hacer una ley para regular el consumo de alcohol de los jóvenes y todo el mundo puso el grito en el cielo. Incluso altas personalidades como un expresidentes de gobierno.

 

Más de dos años después de este intento, seguimos sin ley y con botellón. Ahora, la organización médica colegial pide que se recupere el proyecto. Algunos municipios prohíben o se plantean prohibir el botellón y todos nos cuestionamos el tipo de educación que tienen nuestros jóvenes.

 

Tal como anunciaba Elena Salgado en la entrevista de El País  del 22 de Febrero de 2007: “espero que este tema se convierta en los próximos meses en una inquietud social”, la inquietud social ha aparecido, pero ha tardado más de dos años

 

¿Por fin vamos a hacer algo al respecto?

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

(Cartas al director relacionada: el alcohol, el botellón y la ley que no se parió)

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La buena educación

En cuatro días he leído y oído sobre educación más que en los cuatro años que llevo escribiendo y en los 3 años de este blog que de lo que habla, al fin y al cabo, es de educación.

 

Y lo he comprobado a través de varias modalidades: artículos como “Disparad contra la ilustración” de Rafael Argullol, donde se muestra como la falta de ilusión o motivación de los estudiantes de universidad lleva al abandono de las misma por parte de muchos profesores. Las declaraciones del ministro de Educación, varias, a raíz de los sucesos de pozuelo, aunque por elegir una he elegido la titulada “Gabilondo reclama a los ayuntamientos planes de ocio y cultura para los jóvenes«. Las cartas de los lectores al director, como la de Pedro Taracena Gil,  “El botellón goza de buena salud”. O el artículo de Elvira Lindo,  “Educación”.

 

Todo ello, como decía, tiene como base, origen, tema, la educación de nuestros jóvenes y yo diría mucho más: la educación de esta sociedad.

 

Creo que todos entenderán como me siento cuando veo, leo, escucho el tema del botellón. Algo con  lo que nunca estuve de acuerdo, pero desde que murió mi hija, es un dardo que me envenena y me mata, porque el botellón es el origen y la consecuencia de que este país sea un país de borrachos, especialmente a la hora de conducir.

 

Cuando mi hija estaba de cuerpo presente ya nos llegó la noticia de que el causante de la muerte de mi hija iba conduciendo borracho y la primera noticia es que venía de un botellón. Después, con el tiempo, se nos aclararon muchos datos. No era exactamente de un botellón. Venía de beber en la cantina de un campamento militar, el campamento San Pedro de Colmenar Viejo.

 

En los primeros momentos, ni siquiera tenía un sentimiento específico hacia esa persona. Recuerdo que entre lágrimas decía: “me han dicho que el que ha matado a Helena había bebido. Por favor, decidle a los jóvenes que no beban, ¡Por Dios!” ¡Qué ilusa!

 

Desde entonces, no he hecho otra cosa que sufrir la locura de mi dolor y tratar de cambiar la mentalidad de esta sociedad a la hora de conducir.

 

En estos días, después de los hecho de Pozuelo, cuando esta sociedad parece que se remueve porque se ha dado cuenta que beben y se vuelven energúmenos sin educación y civismos no sólo en las capas más bajas de nuestra sociedad, sino incluso en los que se supone tienen buena educación y no pertenecen a familias desestructuradas, sin medios económicos, en barrios marginales, etc., me entristece pensar que mi hija fue víctimas de esta sociedad, aunque nosotros sacrificamos nuestras vidas e hicimos su vida menos agradable intentando y consiguiendo que fuera una persona educada y que, después de estos cuatro años, los padres siguen sin poner orden en sus casas.

 

Sigo pensando que los padres somos los culpables de todo.

 

La educación se pone en casa. Los hijos imitan lo que ven. Los padres beben en casa lo que lo hijos beben en la calle.

 

Los límites los tienen que poner los padres y son los primeros que tienen que dar ejemplo de autoridad y respeto a la autoridad. Mientras que los padres no respeten a profesores, policías o autoridades, ¿qué queremos que respeten nuestros hijos?

 

Con el alcohol queremos tapar muchas cosas: frustraciones, tristeza, miedos, pero, a la vez, son la consecuencia de violencias, enfermedades, falta de ilusión y la muerte del propio que lo consume y de víctimas inocentes: el bebedor pasivo.

 

Y, como en los siniestros de tráfico, no se arreglará mientras que no nos impliquemos todos. En especial los padres.

 

Por favor, revisad los artículos dentro de la categoría alcohol  y educación de este blog.

coche-2

 

 

(Estado en que quedó el coche de Helena después de recibir el impacto del coche conducido por el conductor que lo hacía bajo lo efectos del alcohol)

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

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El infierno está en la carretera

Han pasado más de dos años desde que escribí este post y mi estado, mis sentimientos, mi pena y mi desasosiego siguen siendo el mismo. Y los muertos en las carreteras, un verano más, produciendo el mismo dolor.

Hace dos años estaba muy lejos de pensar que mi vida cambiaría tan radicalmente.

Hace dos años era una persona más o menos feliz, con los problemas cotidianos, con la lucha diaria, con las preocupaciones normales de cualquier madre y con la protesta continua de «esta habitación es un desastre» o «aquí nadie me ayuda».

¿Qué tiene que ver esto con un blog sobre seguridad vial?

Mucho, porque en cuestión de 24 horas mi vida pasó a no ser vida y si en el cielo está la gloria, en la carretera encontré el infierno.

Un infierno que habré de pasar en la tierra, por el resto de mi vida.

Esta noche quisiera ser poeta, para poder escribir los versos mas triste de mi vida, pero yo no sé escribir y no soy poeta, por eso me tengo que servir de los que tienen que ese don.

Cada una de las lágrimas que brotan de mi corazón podrían ser versos, palabras dulces que se derriten con el calor de mi pecho pensando que abrazo a mi amada hija. Pero son sólo agua, lágrimas, porque yo no sé escribir versos.

Mi querida niña ¡Cuánto te quiero! ¡Cuánto te extraño! ¡Cuánto te espero!

Pero yo no sé escribir versos. Sólo se decir ¡Cuánto te quiero! 

calas Cordo

Las calas de Helena  en el blog «Madres sin hijos»

ERA APACIBLE EL DÍA…

 

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.

Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!

Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Mas… es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.

Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!

¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.

Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.

Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.

Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.

De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»

(Rosalía de Castro) Publicado lunes, 16 de abril de 2007 20:40 por FZ_madredHelena

 

 

 

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Los 377 muertos de este verano

Cada verano, desde que comencé este blog, escribo con el deseo de que no sea el último verano, y con el recuento macabro de los que no volverán.

 

De momento, son 377 los que no han vuelto este verano. Y digo de momento, porque los números nunca cuadran cuando se refieren a personas. No recogen todos los muertos, ni todos los que morirán como consecuencia de un accidente de tráfico.

 

Me disponía escribir sobre estos 377 y sobre esos que cada día se han salvado, con relación al año anterior, una persona diaria, cuando he tenido información de uno que a partir de este momento no es un número dentro de un total, sino que tiene un nombre: Sergio.

 

Iba a comenzar diciendo que de nada sirve que estas últimas vacaciones hayan muerto 77 personas menos que el año pasado, porque en sus casas no sabrán que tienen la enorme suerte de tener una segunda oportunidad. Ellos no se harán mejores personas y darán más besos, porque ellos no saben, no piensan que podían haber sido uno de esos 377 y no entenderán que los besos que no se dan se pierden.

 

Ellos no serán titulares de una noticia en la que pertenecen a un número pero además tienen iniciales, como  G.M.V. de 14 años (30 de junio), por empezar por el principio del verano, o Juan Antonio D.B de 57 años, para seguir con  J.L.R. de 16 años.

 

Hoy, he tenido la suerte y la desgracia de conocer que uno de esos, no menos muertos sino para su familia un muerto más en la carretera se llama Sergio. Un comentario en el post que recoge su muerte me lo ha revelado. Y como he puesto en mi comentario de contestación, si los datos de la noticia aparecida en los periódicos son correctos, Sergio murió en uno de esos puntos negros de la M-607. Lástima que el mismo día que yo escribía sobre esta nueva muerte en la M-607, Esperanza Aguirre fuera noticia por poner la primera piedra de las nuevas obras que se van a llevar acabo en el entorno de Colmenar Viejo y El Soto, para desdoblar la carretera en unos cuantos kilómetros. A Sergio y la mujer que perecieron en el km. 44 estas obras ya no les afectarán.

 

Cuando escribí el post los accidentes del Km. 44 dela M-607, me dijo mi marido que por qué no hacía una investigación de las muertes que se habían producido en la asesina M-607 y propicio una revolución para que se arregle esta carretera. Le contesté que, a veces, me faltan las fuerzas, porque no es fácil estar rememorando mi dolor con el dolor de los otros y no encontrar ni un comentario.

 

Son muchos de nuestros seres queridos lo que se han quedado en esa carretera y sólo he recibido un comentario. El que se refiere a Sergio.

 

Esther, la madre de Juan va a necesitar mucha ayuda para llevar adelante su lucha contra los puntos negros, a ver quién la apoya.

 

Parece que seguimos teniendo una aceptación, un conformismo, una resignación en lo referido a los accidentes de tráfico ¡En los mal llamados accidentes de tráfico!

 

Las víctimas de cualquier accidente de aviación piden respuestas. Están en su derecho. ¿Pero quién se pregunta por qué murió su familiar? ¿Cuántos se conforma cuando les dicen “se desconocen las causas”? ¿Cuántos siniestros de tráfico se quedan sin investigar?

 

Hasta cuando pensaremos y aceptaremos que es normal morir en la carretera.

 

Quiero terminar con un párrafo de Clara, la prima del amor de Sergio:

 

…Suele decirse que no morimos del todo hasta que dejan de recordarnos… Y espero que con este comentario, recordemos a Sergio y a todos los que han fallecido tristemente en los crueles puntos negros de nuestra geografía más oscura, un poquito más, para que mueran un poquito menos…

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, víctima de un mal llamado accidente de tráfico.

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Los accidentes del Km. 44 de la M-607

Me acabo de levantar con la información de nuevas muertes en la asesina M-607.

Dos personas murieron ayer en el punto kilométrico 44 de la carretera M-607, en un choque frontal, por causas desconocidas hasta ahora. Los dos fallecidos son los dos conductores de los coches: un joven y una mujer más mayor.

Me llama la atención de esta noticia, que si este siniestro ocurrió en este punto, es un denominado punto negro de la M-607 y en ningún momento se habla de ello. Este punto tiene 200 metros de longitud en ambos sentidos y, hasta el día que yo tomé los datos, había tenido 3 accidentes con víctimas.

En esta ocasión, la noticia dice “se desconocen las causas”, pero pienso que habrá que tener en cuenta, también, este detalle. Y, por supuesto, este punto ya tiene dos nuevos muertos más.

Supongo que mi amiga Esther, madre de Juan que murió también en uno de los 8 puntos negros de la M-607, cuando haya conocido esta noticia se habrá puesto peor todavía, pero la noticia le habrá dado nuevas fuerzas para la lucha que ha comenzado por la eliminación de estos puntos.

Hasta ahora sabemos cuantos muertos son necesarios para denominar un punto negro (3 accidentes con víctimas), puntos que se intentan camuflar con la  denominación de “Tramos de alta concentración de accidente” (TCA), pero ¿Cuántos muertos son necesarios para que un punto negro sea eliminado?

Supongo que será necesario que uno de los muertos sea familiar de algún responsable de llevar a cabo esta eliminación.

 

Mi pesar también por la muerte de otra mujer, ayer, en otro siniestro en el kilómetro 7 de la M-300.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta en esta M-607. Esta vez por la acción de un conductor borracho.

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Las fiestas de San Sebastián de los Reyes

chupinazo

(El recordatorio de las fiestas de Sanse en la agenda de Helena)

Esta noche, en el aire había notas de música, de fiesta. Entonces recordé que habían comenzado las fiestas de San Sebastián de los Reyes, tan esperadas y queridas para Helena: «Fiesta, fiesta…» que decía ella.

Esta noche, además de las notas que traía el viento, traía recuerdos, voces, alegría, y ruido de derrape de ruedas.

Después de ese ruido de velocidad tomando la rotonda cercana a casa pensaba cómo serían esos jóvenes que venían de fiesta, con la inconsciencia de la juventud. Pensaba si el que conducía no habría bebido o lo habría hecho sin pensar en los que llevaba con él en el coche.

Pensaba en las madres que estarían esperando el ruido de la llave en la puerta y diciéndose. ¡Por fín, ya puedo dormir! Y era consciente, después de estos años, que mi puerta ya no se abriría. Que ya no habría que levantarse pronto para ir con ella al encierro, como cuando era pequeña o recogerla en el recinto ferial, como cuando comenzaba a ir con otras amiguitas.

Ya no hay que estar pendiente de ella. Sólo de los nuevos dolores de huesos. De la enfermedades de la edad. Del dolor de corazón que ya no se cura.

Ojalá estas nuevas fiestas no supongan un dolor para otras madres. Por los encierros, por el alcohol, por la carretera.

Flor Zapata  Ruiz, madre de Helena.

P.D. El comentario deLorena me ha recordado el gusto de Helena por Mago de Oz ( la tercera carta)

En recuerdo de Helena

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Inventarse la vida

Hasta hace 4 años no sabía que me gustaba escribir. Sabía que siempre recurrían a mí para preparar la despedida del compañero que se jubilaba, del que se iba o del que ascendía. Pero siempre pensé que era porque era la única que estaba siempre dispuesta, tenía medios y recursos y era creativa.

 

Hasta hace poco no recordé que, cuando era aún niña, una profesora de Literatura me hizo un halago público, en relación  a una redacción que había realizado en un examen.

 

Siempre imperó en mí más mi falta de confianza por tener faltas ortográficas que mi forma de contar las cosas.

 

Cuando mataron a mi hija sentí una necesidad imperiosa de escribir. Miedo por que les pasara a otros jóvenes, deseos de concienciar, necesidad de denunciar, expresión de locura, terapia contra el dolor… llamadlo como queráis, pero el otro día supe que era mi forma de “Inventarme la vida”.

 

Sí, eso es lo que hacemos la mayoría de los padres que perdemos a nuestros hijos.

 

Necesitamos inventarnos una nueva vida si seguimos vivos. Una forma de salir de la locura que produce el dolor. Un flotador que nos ayude a no naufragar, una vez que no nos hemos ahogados en nuestro dolor. Y son muchos los padres, especialmente las madres que son las que más conozco, que a partir de ese momento, intentarán ahogar su dolor en esa nueva vida inventada.

 

Cada día son más las madres que tienen páginas o blogs en Internet, en recuerdo de sus  hijos perdidos:

 

http://deyanirawinter.wordpress.com/

 

http://www.alejandromartingea.blogspot.com/

 

http://www.mipequediego.es/diego.html

 

http://adaycabreramacias.blogspot.com/

 

http://www.raulmoredadominguez.blogspot.com/

http://www.youtube.com/watch?v=-gNDccNoiCg

http://ainhoaeresmiluz.blogspot.com/

http://www.empresas.mundo-r.com/NachoFragueiro/

Que se asocian, unen o  luchan por los motivos por los que murieron sus hijos o sus seres queridos:

«Vida en la Carretera», aún sin página web

http://www.pat-apat.org/

http://www.comevitarunaccidentdetransit.com/

Stop Accidentes

Madres contra la conducción en estado de embriaguez:

http://www.madd.org/About-Us/About-Us/Spanish.aspx

Asociaciones en Sudamérica:

http://www.madresdeldolor.org.ar/

http://www.transitoporlavida.blogspot.com/

http://www.tragediadesantafe.com.ar/

Madres que luchan con sus escritos:

dolor e indignacion, lucha de una madre

laasesinam607cartaagallardnyaguirre

celiacartadeunamadre 

http://stopaccidentes.org/sentencias/carta-de-la-madre-de-amaia/gmx-niv101-con200.htm

 

Otras asociaciones:

http://www.asociacion11m.org/asociacion.php

http://www.josecouso.info/

http://mzc.org.es/

Y por qué no, los míos:

http://comunidad.terra.es/blogs/mamyhelena/default.aspx (sin actividad)

http://comunidad.terra.es/blogs/fzhelenmamy/default.aspx (sin actividad)

http://quieroconducirquierovivir.wordpress.com/(sin actividad)

Ahora, www.quieroconducirquierovivir.com

Que crean fundaciones con el nombre de sus hijos, con los temas que ellos amaban o por lo que estudiaban y vivían:

http://www.carolinatorres.org/index.php

Que intentan dar consuelo y sentido a las pérdidas:

http://calcetinreves.wordpress.com/

http://www.renacer-barcelona.com/

“Por ellos”, aún sin página web

En definitiva, que se inventan la vida.

(Disculpa a los que no nombré. Podéis recordármelo)

 

madressinhijos

 

(Madres con la espiral de ternura. Autora Celsa Sánchez)

 

Mi locura intenta curarse con la escritura y, día a día, procuro inventarme imágenes sin dolor. Aún son muy pocas, porque sigo escribiendo sobre lo que más me preocupa y lo que me cambió la vida, pero cada vez van saliendo más.

 

Aún sigo siendo una aprendiza de escritora. Dicen que, mientras no escriba cosas que no tengan relación con Helena, no lo conseguiré, pero es tan difícil abandonar el dolor, separar de tu mente lo único que te persigue, te absorbe y ocupa las 24 horas del día.

 

 

La semana pasada el programa “El ojo crítico”, uno de los pocos programas culturales que existen, proponía en su concurso de relatos un tema muy evocador: “Cine de verano”. Yo mandé un relato. Por supuesto no fue ganador. Se titulaba “Los Pericones”.

 

Hoy, quiero traer hasta aquí algo distinto que el dolor que nos revuelve cada día. Y permitidme que se lo dedique a una madre que también perdió a su hijo, en esta ocasión por el maldito cáncer, porque esta madre, no tiene una página en Internet, pero cada día invade los buzones de muchas otras madres que como ella hemos perdido algún hijo, con sus mensajes, esperanzadores, musicales, de imágenes, de consuelo, de ánimo…

 

Ella, por su cercanía al lugar donde se desarrolla mi relato, creo que será la que más lo comprenda, incluso quizás lo reconozca.

 

Para Carmen, madre de Rubén, “Los pericones”:

 

No era la primera vez que mi padre me iba a llevar al cine. Lo hacía muchas tardes. Nos trasladábamos hasta el pueblo en su bonita moto. Él, con su casco y sus gafas de motorista. Yo, con otras más pequeñas y subida en el deposito de gasolina. Y esa era la tarde más fantástica que se pueda imaginar.

 

Llegábamos pronto y hacíamos algunas compras, encargos de mamá. Dábamos un paseo, bebíamos agua en la “fuente agria”, ese agua amarga y con burbujas y después, una bolsa de palomitas. ¡Cómo me gustaban!

 

Papá, que era un gran aficionado al cine y además le encantaban todas las máquinas, me contó que iba a prender a echar cine. ¡Mi papá iba a hacer cine! Tendría que estar un ratito sola, me dijo. Él estaría en esa casa que tenía agujeros y por donde salía un haz de luz. ¡Mi papá aprendiendo a hacer cine!

 

El cine de verano estaba recién regado. Sus paredes blancas casi cubiertas por unos grandes arbustos repletos de campanitas de distintos colores que desprendían un olor muy especial. Mamá, cuando venía con nosotros, los llamaba con un nombre que parecía un taco: “pericones”.

 

El recinto estaba lleno de sillas metálicas. Papá me sentó en una de ellas, la más cercana a la casa  de los agujeros. Me dijo que desde arriba me estaría viendo, pero si necesitaba algo, podía ir y llamarle.

 

Al principio no me importó, aunque no podría preguntarle quién era el malo, quién iba ganando o cuándo llegaba el final. Pero cuando las luces se apagaron…

 

Primero le pedí agua; después ir al lavabo; más tarde una gaseosa y por último: “Papá, es que no me gusta y me da miedo”.

 

Esa fue la última vez que fui con papá si él tenía que echar cine. Pero no fue mi última vez en ese cine de verano.

 

Y era tan agradable la vuelta a casa, en la moto, con el aire pegando en mi cara y papá diciendo: “cierra bien la boquita que no te entren mosquitos”.

 

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(El echador de cine ante los mandos de una máquina muy importante. La máquina de la mina «Pozo Calvo Sotelo. Foto privada)

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

Publicado lunes, 24 de agosto de 2009 12:36 por FZ_madredHelena

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Las víctimas de accidentes de…

Si hay un colectivo que pueda entender y solidarizarse con el dolor de las víctimas del accidente aéreo de Barajas, ese es el colectivo de víctimas de accidentes de carretera, porque cada día, cada fin de semana, sufren el mismo zarpazo inesperado, doloroso, traumático y entran en una tragedia que les cambiara la vida.

Pero es curiosa la reacción de nuestra sociedad ante eventos semejantes.

Nuestros seres queridos se van quedando en las carreteras, en este año, a una media de 20 por fin de semana.

En lo que va de año, hasta el 10 de Agosto, esta tragedia había producido  más de 1.300 víctimas. Los heridos lo son también en gran número y muchos de ellos con secuelas para toda su vida.

Algunos de estos siniestros puede que se produjeran por fallos humanos y afecten a los propios causantes, pero en una gran mayoría, miles de víctimas se ven involucradas, afectadas, por las acciones de otros, convirtiéndose en víctimas sin culpa.

Cada fin de semana, unos 20 padres se ven privados de sus hijos. Se ven golpeados por la muerte inesperada. No se han despedido de ellos, no les dio tiempo. Algunos no pierden a un hijo, sino a 2 y a los amigos de sus hijos.

Pero para la sociedad esto es sólo una estadística. Algo que le sucede a los demás. Un mal menor entre los millones de desplazamientos que se producen por las carreteras. El tributo que hay que pagar en estos tiempos modernos de las prisas, la velocidad, el ocio y el mundo en que vivimos.

Es un goteo al que nos hemos acostumbrado y ya no nos impacta como una tragedia aérea, donde de un sólo golpe 154 personas pierden la vida y en algunos casos familias enteras, como en las carreteras.

Nuestros muertos nunca tendrán un entierro casi de estado. Rara vez los políticos pasarán por nuestro tanatorio. No será necesario formar un gabinete de crisis o un grupo de estudio, para investigar los motivos por los que se produjo ese accidente. La mayoría de nuestros muertos se van a la tumba con el secreto de por qué se produjo ese accidente y en las noticias sobre el mismo aparecerá la mayoría de las veces «se desconocen las causas».

La sociedad no guardará un minuto de silencio por esas más menos 20 personas que tan solo en un fin de semana se han quedado en el asfalto. Ni siquiera uno los que lo hacen en vías urbanas y que no son contabilizados en esas negras listas. Tampoco se manifestarán cada tercer domingo de Noviembre, en el día de las víctimas de movilidad vial, declarado por la Organización Mundial de la Salud como tal, dada la repercusión en la sociedad y el número de víctimas producidas, que sólo se realiza en algunas ciudades y con mucho trabajo y esfuerzo por parte de algunas asociaciones de víctimas y familiares.

Los que perdemos a nuestros seres queridos no tenemos en los momentos de más dolor, ayuda psicológica. Sólo algunos y en algunos lugares tienen este privilegio. Algunos nos encontramos un mensaje en nuestros teléfonos.

Como seres humanos, nosotros también pedimos explicaciones, negamos nuestra pérdida, buscamos responsabilidades y, a veces, tenemos que esperar 3 años para poder enterarnos de lo que pasó, a través del juicio al responsable, eso si con un poco de suerte conseguimos conocer si ha habido un responsable y sólo con nuestros medios le llevamos ante la justicia.

Incluso tenemos que luchar con jueces que ponen impedimentos con sus comentarios o sentencias, para que con los pocos medios que tenemos a nuestro alcance, podamos tratar de impedir o evitar que se sigan produciendo víctimas en accidentes que son evitables.

Por eso, además del dolor que siento por la pérdida de estas 154 vidas, cada una con su historia y cada uno dejando un reguero de dolor y porque desde hace 3 años sé por lo que se pasa, se sufre y cómo te cambia la vida, tengo envidia. Y no es sana, porque la envidia nunca es sana, es envidia. Tengo envidia de los familiares de víctimas de accidentes aéreos, porque ellos pueden que consigan que les den explicaciones, apoyo, consideración y puede que consigan que en este medio de transporte se lleven a cabo medidas que aseguren la vida.

Nosotros, los que perdemos a nuestros seres, de uno a uno, de dos a cuatro o cinco, seguiremos lamiéndonos nuestras heridas como mejor podamos y aquellos que después de un hecho tan espantoso sacamos pequeñas fuerzas, seguiremos luchando para que a otros no les suceda, sin grandes ayudas ni promesas por parte de políticos y gobernantes. Sin grandes manifestaciones de esta sociedad. Sólo con la ayuda de los afectados. Pero así es la vida, los muertos solo cuentan cuando son muchos y a la vez.

Reitero mi pesar a todos los familiares de las víctimas. Siento en lo más profundo tener que daros la bienvenida a este mundo de dolor.

Flor Zapata Ruiz, madre e Helena.

P.D. En este fin de semana se han producido 23 muertos. En Vejer de la Frontera han perdido la vida 4 jóvenes. Sin hacer grandes estudios, parece ser que la culpa ha sido de la velocidad y de no utilizar cinturón en dos de ellos. Esta es la versión primera. Pero esto no justifica 4 muertes. En el primer lugar de donde saqué la noticia, pueden observarse los comentarios pidiendo una Autovía ¡ya! No sólo los jóvenes son los únicos responsables. Las medidas de seguridad se tienen que llevar a todos los medios de transporte. El coche particular es también un medio de transporte. A veces, nos vemos obligados a su utilización para paliar los defectos de las propias infraestructuras del resto de  transportes.

Vuestro dolor es también el mío, porque, antes, ya fui yo.

 

Publicado lunes, 25 de agosto de 2008 7:39 por FZ_madredHelena
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