Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Siniestros Viales, 2015

El primer lazo naranja

El primer lazo naranja

Habían pasado siete meses desde que, un 17 de abril, “cruel como un día de sol en primavera,” cubríamos el cuerpo de mi amada hija, con un verde manto de hierba.

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Y ese tercer domingo de Noviembre de 2005, una fría mañana, me unía, en El Retiro de Madrid,  a otros familiares que también habían perdido a sus hijos en los mal llamados accidentes de tráfico.

En octubre de ese  mismo año, La Asamblea General de las Naciones Unidas había acordado  la celebración  del  “Día en Memoria de las Víctimas de Accidentes  de Tráfico”, cada tercer domingo de noviembre, e instaba a todos los países a reducir el número de víctimas. En ese año, en España, murieron más de 4000 personas.

Era el primer año en que algunas víctimas nos reuníamos en El Retiro, después vendrían otros días de las víctimas con más repercusión. Pero, ese año,   que era también un día que se celebraba la trashumancia por las Cañadas Reales, por la calle Alcalá, parte de una cañada, pasaban unos rebaños de ovejas. Esas ovejitas tuvieron más espectadores y acompañantes que nosotras las víctimas. Pero no importó. Un puñado de familiares, con un chaleco reflectante, algunas fotos de nuestros hijos,  y la fuerza que nos daba ésta pérdida, estábamos dispuestos a gritar nuestra rabia a aquellos que quisieran escucharnos.

Nuestros hijos no habían perdido la vida en un accidente de tráfico, la habían perdido por el alcohol que otro tomó, por el exceso de velocidad de otro,  o por la falta de seguridad en un rally.

Ese sería el inicio de muchos días de las víctimas, reivindicativos, de concienciación, en los que llenaríamos ese mismo Retiro de cruces blancas, de corazones, con el nombre de las víctimas y el motivo por el que murieron, fotos, lectura de un manifiesto,  un minuto de silencio y suelta de globos por nuestras víctimas. Hasta conseguir que algunos políticos estuvieran presentes en ese evento, escuchando nuestras reivindicaciones.

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Este año será el undécimo Día de la Victimas de Siniestros Viales para mí. Pero desde hace ya algunos años, por diferentes motivos,  los conmemoro desde mi blog, con un silencio lleno de letras reivindicativas. Solo unas pocas víctimas se siguen reuniendo para homenajear a nuestros muertos. Solo víctimas. Porque ya está casi perdida la esperanza, para aquellos que comenzamos esta lucha,  de que nuestros políticos se impliquen en este tema y acaben con estas muertes.

Porque la justicia, cada vez más, nos muestra, con sus sentencias, que no tienen ningún interés por castigar, de verdad, los delitos de tráfico. Y, porque este día, para la gran mayoría de la sociedad, apenas es conocido.

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Han sido diez años de manifestación, de reivindicaciones y lucha. Y las fuerzan flaquean. Pero aún se siguen produciendo muchas muertes en el asfalto. Y las víctimas seguimos gritando casi lo mismo.

siniestros viales

Por todo ello, desde mi intimidad, un año más,  Yo, Manifiesto:

  • Que mi vida cambió cuando mi hija murió por la acción de un conductor borracho.
  • Que las víctimas seguimos pidiendo una mayor acción política encaminada a acabar con estos siniestros.
  • Que la justicia tiene que ser más efectiva, eficiente y eficaz, en los delitos contra la seguridad vial, y sus sentencias deben ser acordes con otros delitos que producen también muerte.
  • Que nuestros políticos siguen sin ver que la educación es parte de la solución, y, a pesar de nuestra insistencia,  aún no existe una asignatura de Seguridad Vial, obligatoria, durante toda la edad escolar.
  • Que esta sociedad sigue viendo normal las muertes de tráfico como un hecho fortuito, una lotería que nos puede tocar, pero que nadie cree que le pueda pasar. Eso solo pasa a otros. Y, quizás porque todos conducimos, no creemos que podamos ser victimarios.
  • Que los gobiernos recortan en la seguridad de nuestras carreteras, sin pensar que los resultados son tremendamente más caros y penosos.
  • Que un coche puede ser un arma letal si no se utiliza con responsabilidad.
  • Que la velocidad mata. Que el alcohol no mezcla bien con la gasolina. Que las drogas te ponen, pero te sacan de la carretera. Que el teléfono, en el coche, te desconecta del mundo. Y que las distracciones se pagan muy caras.
  • Que en su gran mayoría no son accidentes de tráfico, porque se pudieron evitar, y si se pudo evitar no es un accidente. Luego, no lo llames accidente de tráfico, llámalo Siniestro Vial o Siniestro de Tráfico.
  • Que todos debemos estar comprometidos e implicados en la disminución de los siniestros Viales.

En definitiva, manifiesto que mi dolor es el mismo que el de tantas  miles de víctimas,  pero como a cada uno le duele su pérdida,  seguramente solo aquellos que han sufrido ésta, entenderán y apoyaran este manifiesto.

Por todo ello, mañana tú puedes ser víctima o victimario. No lo olvides. No lo olvidemos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

corazon

la diferencia entre estar vivo o muerto es un parpadeo, un instante, no se ve venir, es un segundo que rompe tu vida

“En lo que dura un parpadeo (Carolina Coto de Salas)

 

 

 

 

Acerca de Flor Zapata Ruiz

Ahora soy una madre sin hijos. Mi única hija murió por un conductor con alcohol en abril de 2005. Desde entonces escribo para concienciar, especialmente a los jóvenes, sobre los peligros de una conducción no responsable.
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