Sobre la muerte de Alberto Madrid

Post escrito el 1.03.2007 por FZ madredHelena.

Carta publicada en El Páis, el 28.02.2007
 
Irene Garrabé (viuda de Alberto Madrid) Alcobendas, Madrid
 
 Les escribo en relación con la necrológica de Alberto Madrid publicada en su diario el día 5 de diciembre de 2006 cuyo primer párrafo afirma: “Circulaba en una moto de gran cilindrada cuando se salió de la vía y se estrelló contra la mediana. Posteriormente, tres vehículos colisionaron entre sí al tratar de evitar su cuerpo”. Se insinúa con dicha redacción que Alberto circulaba a velocidad excesiva y que estuvo a punto de provocar una tragedia mayor aún. Nada más lejos de la realidad. La verdad, fácilmente comprobable en la Guardia Civil o en el juzgado número 1 de Pozuelo de Alarcón, es que no “se salió” de la calzada sin más, sino que le golpeó un turismo al realizar un adelantamiento incorrecto e imprudente a velocidad excesiva. Alberto, que sí circulaba a la velocidad correcta en una Honda Shadow, motocicleta de paseo que no alcanza grandes velocidades, volvía a casa a recoger a su hija de la ruta del colegio, salió despedido y murió al chocar contra la mediana.
 
Les ruego al menos que envíen una disculpa a sus hijos Alicia y Daniel (que nacerá en marzo) por poner en entredicho el buen nombre de su padre. Creo que se lo deben, aunque sólo sea porque daban erróneamente como fecha de muerte el 3 de diciembre (fue el 30 de noviembre a las cinco de la tarde, otro dato fácilmente comprobable), que tristemente es la fecha en que Alicia cumplió cinco años.

 

He intentado ponerme en contacto con esta mujer, pero no he conseguido su telefono.

Quería pedirle permiso para poner aquí su carta. Espero que no le moleste.

Además del dolor de perder a un ser querido hay que leer cosas que no son verdad. En el caso de mi hija, se publicó que había sido un choque en cadena. ¡Qué lejos de la realidad! Sólo hubo un coche implicado, el del “presunto culpable”.

Espero que cuando se celebre el juicio y se conozca la verdad, aquellos medios que dieron la noticia puedan rectificar.

Irene, espero que algún día podamos conocernos, vivimos en la misma ciudad y las dos hemos perdido parte de nuestra vida. Para ti será difícil, pero tienes futuro, tus hijos. Para mí… no sé si algún día encontraré un futuro.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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“En lo que dura un parpadeo”. La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Post escrito el 17.09.2008 por FZ madre de Helena

Carolina es una madre sin hijos muy joven. Demasiado joven. Además, es viuda y víctima que ha sobrevivido a un mal llamado accidente de coche. Pero también es psicóloga y la autora del artículo “En lo que dura un parpadeo”, publicado en la Revista de Psicología INFOCOPONLINE.

 

Cuando Carolina llegó al grupo que formábamos afectados por las muertes en la carretera, en donde la mayoría éramos madres y padres de víctimas, no llegó pidiendo ayuda, lo hizo ofreciéndose para ayudar. ¡Dios mío, que fuerza! Y cada vez que estamos juntos, ella muestra una serenidad, una claridad, una paz y un sosiego que no tenemos aquellos que hemos sido sólo familiares de víctimas.

 

Este artículo, junto con la entrevista al psicólogo Francisco Duque Colino trata de mostrar lo poco que aún se hace y se tiene en cuenta, referido a  la ayuda psicológica para los afectados de accidentes de tráfico, causa primera de miles de muertes en nuestro país,  hoy en día, mayor en número que por enfermedad, catástrofes naturales, accidente de avión y  homicidios, temas  que, aparentemente,  nos preocupan más.

 

 Carolina con su relato, duro, estremecedor y real, describe como vivió y sintió ese momento y lo que, ella como profesional de la psicología, echó en falta.

 

Recordar aquí que en nuestro caso, recibimos noticia de que algo le había pasado a Helena a través de un mensaje en el contestador telefónico. Que cuando nos pusimos en contacto con el teléfono del mensaje nos informaron “a bocajarro” y con tono de reproche “es que Ud. no sabe que su hija hace 3 horas que está muerta”.
 

Hace unos días, conocía a través de un amigo motero, como dos de sus amigos habían muerto. Una pareja, él en el mismo accidente y ella en el hospital, por un infarto, al comunicarle la muerte de su marido.

 

 El amor de mi hija, que iba con ella en el coche y resultó gravemente herido, me llamó unos días después de enterrada Helena, para peguntarme cómo estaba ella. Nadie me ayudó a saber que tenía que decirle y nuestra conversación fue más o menos así:

 

“…Hola cariño ¿cómo estás? Bien, bien. Y ¿Helena? Helena está peor que tú, pero tú tienes que ponerte bien enseguida, para ayudarme a cuidarla…” Le habían dicho que ella estaba en otro hospital.

 

 Esta conversación tuvo lugar en un momento en que yo regresaba de una visita al cementerio. Aún no sé de dónde saqué fuerzas para mentir de tal forma y tan convincente.

 

Álvaro que estaba en el hospital y que sus padres se habían encargado de buscarle un psicólogo, unos días después de esta conversación, fue informado de la muerte de Helena.

 

 Mi marido y yo, recibimos ayuda psicológica porque unas buenas personas se encargaron de buscarla por nosotros. Nunca recibimos esta ayuda de ningún estamento oficial, ni en ese momento ni en ningún otro.

 

 Después de 3 años, en mi caso, sigo unida a mi psicóloga que me sigue ayudando a sobrevivir.

 

 Querida Carolina:

 

Perdóname por haber llorado contigo más mi pérdida que tu tragedia. Perdóname por haberte visto, siempre, como una madre sin hijos. Gracias, porque, con tu relato, me has hecho ponerme en el otro lado, el del que sufre en sus propias carnes el accidente.

 

 Sólo una cosa más. Aclarar, por si alguien no lo percibe:

 

 El accidente de Carolina no se produjo por un parpadeo de ella. Un conductor borracho impactó contra su coche. Un conductor tan borracho, que después de producir el accidente, abandonó su coche y se marchó a su casa abandonando la escena del… sí, iba a decir, la escena del crimen.

 

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena

 

 En lo que dura un parpadeo (Carolina Coto de Salas)

 

 

En diciembre de 2006 mi familia y yo tuvimos un grave accidente, en el que mi marido y nuestro hijo fallecieron. Minutos antes de que ocurriese, había leído en un panel de la carretera el número de muertos en accidentes de tráfico durante el mismo puente el año anterior. Recuerdo haberlo comentado, pero en ningún momento lo viví como un problema propio, aunque, de hecho, es un problema que nos afecta a todos.
Es difícil expresar los sentimientos, los pensamientos, las sensaciones que aparecen cuando vives un accidente de tráfico, porque es una experiencia por la que nunca has pasado, no sabes nombrar las sensaciones porque sencillamente nunca antes las habías vivido. No entiendes mucho de lo que pasa porque tu mente no está preparada para recibir esa información.
Es después, con mucho trabajo personal y ayuda cuando, con suerte, consigues elaborar la secuencia cronológica, poner en orden los recuerdos, unirlos a las sensaciones, y crear una historia. La historia de lo que ocurrió y cómo te hizo sentir.
“Contrario a lo que se siente habitualmente al volante, los accidentes de tráfico son muy rápidos. Todo trascurre de forma brusca y repentina, muchas veces con ningún tiempo posible para reaccionar. Es curiosa la sensación que comparten muchos conductores en cuanto a su capacidad para darse cuenta antes de que ocurra, una especie de confianza ciega en su propia intuición, que por supuesto no es real porque muchas veces no existe ninguna señal previa, no se siente en el ambiente ni se intuye. Ocurre.
Yo iba conduciendo, parpadeé y desperté en una ambulancia. No hay nada en medio. Abrir los ojos y estar en otro sitio, un sitio que no es bueno, en el que no deseas estar y separada de ellos… Ahora sé que la diferencia entre estar vivo o muerto es un parpadeo, un instante, no se ve venir, es un segundo que rompe tu vida.
En mi caso perdí el conocimiento a causa del impacto, y al despertar no entendía absolutamente nada. No sólo despiertas del estado de inconsciencia, sino que despiertas a un mundo nuevo, con otras reglas y otros personajes, desprovista de normas, pautas o señales que te digan cómo sentirte o cómo actuar.
Varias personas con las que he tenido oportunidad de hablar y yo misma, coincidimos en una primera sensación de irrealidad. Se suceden varios pensamientos muy rápidos, pero ninguno parece relacionado contigo, ni con algo posible en tu vida. No tiene significado. Y entonces, aparece una fuerte necesidad de negarlo, tanto que incluso lesionada intentas comportarte con normalidad, como si no fueses tú la persona afectada.
Lo primero que hice fue preguntar que había pasado, y me dijeron que había tenido un accidente. -No, no es verdad, ¿cómo voy a tener un accidente y no darme cuenta?-… Pensé que quizá estaba soñando y quise despertarme…
Intenté incorporarme porque mi hijo me necesitaba, pero mi cuerpo no respondía, tenía frío y no podía moverme, levanté ligeramente la cabeza y me vi llena de sangre. Fue ese el momento en el que me di cuenta de que no era un sueño, que algo había pasado.
Tras este primer instante empieza una verdadera travesía para la persona. Es como un puzzle que tienes que hacer, mientras te suben y bajan, medican, inmovilizan, etc.. Necesitas información -las piezas del puzzle- no porque estés preparada para unirlas sino porque necesitas algún asidero, algo que te ayude a entender.
Y en este punto quiero hacer hincapié porque considero que la labor del personal sanitario es fundamental. Es verdad que ante una situación de peligro para la vida de una persona, la prioridad debe ser precisamente esa, el tratamiento sanitario y médico, cuidar el cuerpo, pero es importante no olvidar a la persona que hay dentro de él.
Carezco de información suficiente sobre el funcionamiento del personal sanitario y de seguridad ante una situación de emergencia, como para valorarlo, pero lo cierto es que en mi caso, se sucedieron algunos hechos que no me ayudaron, todo lo contrario, me perjudicaron y aún hoy me duelen.
Lo que me motiva a escribir sobre aquello, es la confianza de que mi testimonio pueda ayudar, aunque sea un poco, o aportar “pistas” a los y las profesionales que en general, trabajan en situaciones de emergencias. Seguramente son cosas que muchos ya han tenido la oportunidad de aprender en su desempeño profesional, o que han leído o escuchado, pero aún así siento la responsabilidad de intentarlo.
En primer lugar, el personal que te atiende en un accidente de tráfico (sanitarios, policías, bomberos, etc.) tiene mucha más información de la que tiene la persona accidentada, no sólo datos importantes, sino cosas que en principio pueden parecer pequeñas, pero que ayudan a orientarse: la hora que es, dónde estás, dónde vas, qué ha pasado, etc. Y no me refiero a la comunicación de una mala noticia, como pueden ser los fallecimientos, las lesiones graves, etc. sino a cosas leves, que ayudarían a recolocarte en ese nuevo mundo.
La desorientación es grande, pero lo más grave es que la persona accidentada sigue funcionando con las mismas pautas y esquemas de pensamiento, aunque en esta nueva situación están desajustados. Eso no significa que dejes de pensar, o que dejes de tener sentido común, sino todo lo contrario, recibes la poca información que te llega y le das vueltas, la gastas de tanto pensarla, intentas encontrarle su significado, más allá de las palabras.
Esto es importante porque las palabras que pudieran tener un ánimo de tranquilizar a la persona, pueden no hacerlo, especialmente cuando los mensajes que te envían unos y otros son contradictorios entre sí. El hecho de que los y las profesionales se pongan de acuerdo en qué decir y cómo es muy importante a la hora de comunicarse en una situación así. Es comprensible que en ocasiones no haya tiempo, pero el efecto que produce en la persona atendida puede ser devastador.
Las horas siguientes al accidente recibí muchos y muy diferentes mensajes sobre el estado de mi familia. Unos me dijeron que igual que nosotros nos estamos ocupando de ti, otros se están ocupando de ellos, otros, que en el hospital en el que yo estaba no había suficiente sitio para los tres. La Guardia Civil me preguntó como si no supiesen nada del accidente, en ningún momento me dijeron que había otro coche implicado que nos sacó de la carretera, e incluso llegaron a decir que en el lugar del accidente no había ninguna otra persona y menos un bebé. Todas estas contradicciones lejos de tranquilizar, crean una enorme sensación de inseguridad y de miedo, imaginas lo peor, pero al no tener pruebas, lo niegas, y vuelta a empezar de la forma más angustiosa y temible.
Supliqué información durante horas. Pero nadie me la dio, así que sabía que la situación era muy grave. Cuando pensaba que habían muerto, me decía a mi misma: no seas dramática, seguro que no, pero estarán graves o a lo mejor como yo y de nuevo volvía a suplicar que me llevaran con Jorge que necesitaba la voz de su madre, que estaría asustado. Cada vez me esquivaban más y yo cada vez tenía que hacer más esfuerzo para convencerme de que no podían haber muerto los dos.
En el hospital, me dejaron sola la mayor parte del tiempo. Notaba cómo me esquivaban y sólo hacían acto de presencia para inyectarme más sedantes y analgésicos, y yo, mientras, intercalaba los periodos de inconsciencia, con el miedo y la soledad, en las cerca de 7 horas más largas de mi vida.
Soy consciente de la dificultad de comunicarle a alguien que su familia ha muerto, más cuando el resto de su familia se está trasladando al lugar pero aún está sola, pero mentir no ayuda, contradecirse, ocultar, esquivar, e incluso zafarse de las preguntas más directas, tampoco.
Más de un año después sigo pudiendo recuperar las sensaciones y pensamientos de ese primer día, de las personas que me atendieron (y salvaron), los olores, la sensación en la boca del estómago. Se han gravado en mi memoria y duelen. No es digno tener a una persona así durante tantas horas.
Durante el mes que estuve ingresada en otro hospital, las personas que más me ayudaron, con las que mejor me sentí, fueron aquéllas que mostraron cariño, respeto y consideración a mi situación, pero sin evitarme, sin actuar desde la lástima, sin miedo, sin infantilizar la relación y sin juzgar cómo debía comportarme o sentir. En definitiva, creo que fueron aquellas personas que manteniendo su profesionalidad técnica, consiguieron tratarme con un cierto sentido de justicia y de solidaridad. Gracias a todos/as ellos/as.
Una última nota para cerrar con algo que escribí hace ya algunos meses.
Ahora echando la vista atrás, no sé cuál fue exactamente el momento en el que supe que mi vida ya no volvería a ser igual, porque se intuye pronto, se sabe algo después y se siente tan despacio que casi 5 meses después aún no consigo “darme cuenta del todo”. Creo que desde que abrí los ojos y me vi en otro lugar, o desde que vi la sangre, en cualquier caso ocurrieron casi a la vez, ahí se intuye. Y esa intuición se va confirmando conforme pasan las horas, pero te niegas a considerarlo. Luego te lo dicen (en mi caso mi familia), y ya lo sabes, la información ha entrado en tu cerebro, sientes dolor, rabia, quieres negarlo pero aún crees que de algún modo volverás hacia atrás. Solo despacito, día a día vas dimensionando la situación, y sintiendo, interiorizando el significado de nunca.
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No todo vale

Últimamente hemos perdido el rumbo, la cordura y parece que todo vale, en post de una noticia, de la publicidad, de la fama, del dinero. Pero no es así, ni puede serlo.

Mi hija estudiaba Publicidad. Mi marido lleva toda su vida trabajando también con temas de Publicidad. En mi casa los anuncios se veían desde otro punto de vista, pero estoy segura que si mi hija viviera tampoco le habría gustado el anuncio que quería emitir la Sexta.

Ya es demasiado que los accidentes los veamos como algo natural y estemos acostumbrados a que cada lunes los medios de comunicación nos deleiten con el número de muertos en las carreteras, y nadie se estremezca por ello, como para que además tengamos que ver anuncios representando un accidente, para decir “que no es buen momento para morirse”, por un partido de fútbol.

Me alegro que la propia cadena haya decidido retirarlo.

No todo vale. No.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Con pan y vino se anda el camino

“En memoria de Helena que murió por el alcohol que ella no tomó”.

Recuerdo aquí parte del título de este blog, para aquellos que no hayan reparado en la dedicación de este blog y lo que a continuación voy a comentar.

El título de este post, un antiguo dicho popular, era válido para cuando los hombres recorrían los caminos a pie, durante largas horas o jornadas.

 Para los hombres que recorren los caminos hoy, a bordo de grandes máquinas, que alcanzan velocidades que para aquellos hombres de los caminos serían inimaginables, unas máquinas que están llenas de lucecitas, que las manos se utilizan para llevan un volante entre ellas además de manejar una palanca, que los pies se van alternando de un pedal a otro y que todo ello está regido por un cerebro que necesita estar lúcido, sobrio y compaginar más de los 5 sentidos, ¿Para qué se necesita el vino?

Muy pocos han entendido lo que el Ministerio de Sanidad trataba de hacer con la regulación del consumo de alcohol.

Una vez más se han aliado todos los intereses económico y en este caso, también los intereses políticos.

Siempre he dicho a los fabricantes de coches que aumenten los dispositivos de seguridad para que no mueran las personas, porque llegará un momento que se quedarán sin clientes. Pero, qué puedo decir a los fabricantes de bebidas alcoholicas.

Cuando escribí a la ministra Salgado le decía qué me parecía muy bien la ley antitabaco pero que debían empezar a pensar en la salud pública en lo referido al alcohol. El alcohol también tiene bebedor pasivo. ¡Qué me lo pregunten a mí!.

Le pedía que teníamos que hacer algo por esa juventud que se emborrachaba cada vez más pronto.

Pero también le decía, que si afrontaba ese reto, se olvidarán de ganar las selecciones.

Así ha sido. Los interese económicos y los políticos han prevalecido sobre la salud pública. Porque los males de unos, engordan las arcas de otros.

Querida ministra: Gracias por intentarlo. Es cierto que los que han hablado de la ley no se la han leído, ni siquiera el 90% como Ud. dice.

A mí no me gustaría que un sucesor se tuviera que encargar nuevamente de este tema. Yo querría que fuera Ud. la que siguiera luchando por él. Claro que para eso se necesita que su propio partido esté ahí apoyándola.

Debe ser que el resto de partidos y políticos tienes hijos que no beben y tampoco han perdido un hijo en la carretera por culpa del “alochol que otro tomó”

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, víctima afectada por la acción de un bebedor.

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La tribu y la carretera

Post escrito el 23.02.2007 por FZ madredHelena.

José Antonio Marina, filósofo y escritor, tiene dos lemas, uno es un proverbio africano que dice “Para educar a un niño, hace falta la tribu entera” y el otro, añade “Para educar bien a un niño, hace falta una buena tribu”.

En el número de Enero/Febrero de la Revista de Tráfico, aparece en su sección “la Pluma”, un artículo de Jose Antonio Marina titulado “Educación y Carretera”.

Es muy interesante para todos, para padres, educadores, conductores y en definitiva toda la sociedad.

Si Jose Antonio Marina lleva toda la vida empeñado en la educación, por algo le han encargado escribir un manual sobre la nueva asignatura “educación para la ciudadanía”, en esta ocasión relaciona la obligación que tenemos todos de educar en la responsabilidad y la carretera.

Las responsabilidad sería en palabras suyas “el gran antídoto para los comportamientos de riesgo, por lo que la educación sirve para prevenir conductas peligrosas en la carretera”.

Desde el inicio de este blog, uno de los enlaces que aparece es Movilización Educativa y esta pagina no tiene nada que ver con el mundo del motor o con seguridad vial, pero me pareció que era un proyecto muy importante, por eso la enlacé.

La educación es la base de todo. Siempre lo he dicho.

Espero que Jose Antonio Marina no se moleste porque haya utilizado su famosa palabra “Tribu”, para titular este post.

Porque todos somos la Tribu, porque todos pertenecemos a la Tribu y porque como dice él,  para hacer una sociedad más libre y más inteligente y más responsable “hace falta Toda la Tribu”

Gracias por ese artículo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Una pegatina por la vida (Y por la seguridad vial)

Post escrito el 21.02.2007 por FZ madredHelena.

Poco a poco, aquellos que me habéis pedido una pegatina la iréis recibiendo.

Mientras, aquí tenéis la historia de la pegatina. Lo cuenta hoy  Autopista .es

Gracias a todos los que habéis recibido con agrado esta pegatina.

Gracias a todos los amigos que habéis hecho posible su creación y a todos los que estáis informando sobre  ella.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

¡Ojalá sirva para algo! ¡Ojalá salve a alguien!

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Una de cal y otra de arena

La comisión permanente sobre Seguridad Vial del Congreso de los Diputados, en pocos días ha protagonizado dos noticias muy dispares:

La de Cal: Estudian proponer al gobierno un posible aumento de los límites de velocidad.

La de Arena: La petición de mayores ayudas para los sistemas de seguridad de los coches.

Yo creo que los esfuerzos de esta comisión deberían ir dirigidos más hacia la segunda noticia que no hacia la primera.

No se puede querer tener contentos a todo el mundo si de lo que se trata es de salvar vidas.

Según la DGT el exceso de velocidad se encuentra presente en el 22%  de los accidentes mortales de tráfico.

¿Cómo quiere esta comisión aumentar la velocidad?

Qué no estamos como otros países, tampoco en educación y menos aún en número de víctimas, por no hablar de infraestructuras.

¡Por favor! Sr. Jane, aúnen sus fuerzas en conseguir como dice, pedir a la Unión Europea la reducción de impuestos en los elementos de seguridad, útiles para reducir y prevenir accidentes.

El que quiere ir a mayor velocidad no necesita permiso, ya se lo toma él solito.

Por desgracia, la mayoría de las veces se ve afectado una víctima inocente que sí va a la velocidad debida.

Ya en el año 2005 su grupo parlamentario quiso aumentar también la velocidad y mire como seguimos estando. No estropee lo poco que hemos conseguido: reducir la velocidad y reducir las víctimas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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¡Por tu madre!

Post escrito el 16.02.2007 por FZ madredHelena.

Hace unos días comenzó la nueva campaña de Tráfico sobre el cinturón de Seguridad y el casco.

Nada más conocerla me sorprendió. Me ví reflejada en el personaje que aparece dando las muchas razones por las que ponerse el cinturón.

Y no erá porque iba enumerando una seríe de razones que cualquier persona en su sano juicio las  recomendaría, tampoco por lo de “por tu madre” …”para que no tenga que ir a poner flores al Km…”, no , tampoco por esto.

Lo que me hizo verme reflejada era el tono, “la bronca”

Apenas dos semanas antes, yo, a través de una carta que ha sido publicada en la revista semanal de Alcobendas “siete dias” y de unos de mis post, hacía exactamente lo mismo: “daros la bronca”.

Cuando escribí esa bronca,  aún no sabía que conocía a la familia de una de las víctimas. Después me arrepentí de haber sido tan dura, pero sólo por el dolor que sentían estas personas. Poco después se me había pasado el pensamiento de pedir perdón. Estaba convencida de que tenía que seguir utilizando toda mi fuerza en protestar  para que los jóvenes se convencieran de que tenían que cambiar.

Quizás esta nueva línea en la campaña de la DGT sea más efectiva, quizás sea porque la ha hecho una mujer “Isabel Croixet” (perdón si no lo he escrito bien), quizás porque algunos no comprenden nada más que la bronca.

Y siguiendo con la bronca, yo tengo, esta vez, que dar la bronca a “quien corresponda”:

Sólo con el casco no se salva una vida ¿Qué pasa con los “matarrailes”?, ¿Qué pasa con los arcenes sucios llenos de porquería con las que las motos se resbalan?, ¿Qué pas con las pinturas de las carreteras?

Los motoristas se ponen el casco “a quién corresponda” que se ponga las pilas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Volver a …

Post escrito el 13.02.2007 por FZ madredHelena.

Volver a … nacer, renacer, vivir, sobrevivir

Cuando Helena tenía unos cuatro años, perdió a su abuelo paterno.

Como siempre intentando evitar el dolor a los niños y pensando que ella no lo comprendería, se lo ocultamos.

Pasado un tiempo, íbamos en el coche y ella preguntó por él. Yo, intentando poner mi voz más serena y tranquila, evitando dramatismo y como si fuera la cosa más natural, le contesté que su abuelito ya no estaba aquí, había muerto.

Nunca he sabido mentir, salvo cuando lo he tenido que hacer por culpa de los demás. Entonces tampoco quería decirle, está en el cielo, porque no lo sé, va a volver, porque no lo sé, pero un día le veras, porque no lo sé, etc. Pero no hicieron falta más explicciones.

Ella con su natural optimismo, que siempre lo tuvo, desde pequeñita, contestó. “No importa mamá porque se vuelve a nacer”. Yo me quede de piedra.

¿No, mamá?, se vuelve a nacer.

En esto tampoco quería mentirle: … pues no sé Helena, no ha vuelto nadie para decirlo.. ¿Tú crees que se nace otra vez? “Sí, sí, no importa se vuelve a nacer”.

Y así quedó zanjada la cuestión.

¡Cuántas veces he recordado esta conversación 16 años después! Cuántas veces he pensado ¿De dónde sacaría ella esa idea?, nunca le habíamos hablado de temas religiosos, no queríamos influir, siempre decidimos que fuera ella la que eligiera. ¡Cuántas veces he pensado y si llevara razón!

Como a todos en estos dificiles días, me está costando volver a este blog, volver a escribir lo que escribía antes, recuperar fuerzas, volver a sobrevivir.

Los que tienen firmes creencias religiosas, tienen una gran ayuda en ellas, los que no las tenemos, hay que hacer esfuerzos por encontrar otras muletas, otros apoyos con los que sobrevivir.

Yo lo encontré y sigo en ello, en la escritura.

Quizás lo que decía Helena os ayude a otros, pero sobre todo, no penseéis que seguiréis con la misma vida. Tendréis que Volver a … nacer, renacer del dolor, vivir, sobrevivir con el recuerdo de los días vividos con ellos.

Disfrutar recordando que los tuvimos y disfrutamos de ellos durante una veintena de años.

No, no digáis nada, no lo estropeéis. Ya sé todo lo que vais a decir. Antes que vosotros, lo he dicho yo.

Dedicado a todos los que se nos rompió el corazón en mil pedazos, en el negro asfalto. Dedicado a los que  recogimos esos pedazos, los unimos, los guardamos y queriendo o sin querer, no nos queda otra que seguir.

Flor Zapata, madre de Helena.Helena con unos 10 meses. Había comenzado a andar y llevaba medía escayola en una pierna por haber metido un pie en los radio de una bici. No se hizo nada, pero los médicos se lo pusieron para que no cogiera forma al pisar. Fue su primer incidente con una bici. Nunca consiguió aprender  a motar en bici.

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Carta a los amigos de los jóvenes de Alcobendas

Post escrito el 10.02.2007 por FZ madredHelena

Hoy se cumple una semana de la muerte de Sandra, Roberto y Eugenio.

Para sus padres habrá sido la semana más larga de su vida. Lo digo por experiencia y lo que a continuación voy a decir es también mi propia experiencia. Puede ser que otras personas lo sientan de otra forma.

Nadie nos prepara para la muerte, ni la propia ni la de un ser querido. No existe en ningún colegio esta asignatura.

A los niños se les oculta, a los jóvenes, salvo aquellos que lo han vivido de cerca, se les exime del hecho de enfrentarse a ella o tener que cumplir socialmente con los que se ven afectados, para ello están los padres. Y la propia naturaleza les aleja de este drama, pasarán muchos años hasta que tengan que enfrentarse con la muerte de sus padres.

Pero ¿qué pasa ahora, cuando cada fin de semana pierden amigos en la carretera de forma tan violenta?

Todavía NO SÉ LO QUE PASA POR SUS CABEZAS.

En principio están impactados, doloridos, ese día están ahí y después … ¡Desaparecen!

En una gran mayoría estoy segura que este hecho les servirá para consumir la vida más rápidamente..”jo macho, vamos a pasarlos bien, ya ves son dos días…”, “a vivir que esta vida es una mierda…”, “disfruta, disfruta, acuerdate de fulanito…”.

No sé cuántos sacarán una lección, cuántos cambiarán de tipo de vida, a cuántos les servirá la muerte de sus amigos para hacer algo distinto en esta vida, para no consumirla.

¡Cuánto me gustaría que en los colegios les enseñasen también a cómo actuar ante una situación así, a prepararles para la vida y para la muerte!

Cuando perdí a mi hija, yo tenía necesidad de mantener algo vivo de mi hija cerca de mí y lo más vivo en ese momento y relacionado con mi hija, eran sus amigos. Deseaba verlos, hablar con ellos, qué me contaran cosas de Helena como amiga, esas cosa que no conocemos los padres, porque con nosotros son nuestros hijos y con sus amigos son amigos.

No quería que la olvidaran, esperaba cada día qué alguien me llamara, qué alguien me regalara el oído diciendome cosas de ella. Pero eso, muy pocas veces se daba. Sólo los amigos, quizás los que se habían alejado en el tiempo, reaccionaban y por supuesto, los últimos que hizo, sus compañeros de Erasmus, muchos de ellos extranjeros y a veces casi sin entendernos, eran los que escribían o los que aguantaban mis escritos.

 Los más cercanos, los del día a día, desparecieron.

¿Estaban muy impactado, no querían molestar, no lo podían soportar, les producía mucho dolor? Pues, imaginaos a nosotros, sus padres.

El dolor nos hace fuerte. El dolor se combate, como la mayoría de las cosas, con Unión, con Compañía, Compartiendo.

Os hablo sólo como madre. Preguntad a los padres de vuestros amigos si quieren que vayais a verlos, acompañarlos en su dolor, pero no de palabra, sino de presencia. Si os dicen que sí, sólo tenéis que estar con ellos, escuchando, en silencio, arropando.

El dolor hace madurar. A nadie le apetece sufrir. ¿Créeis que a nosotros nos apetece?, ¿créeis que nosotros por ser más mayores, por ser padres, tenemos obligación de sufrir?, ¿creéis que por traeros al mundo estamos obligados a sufrir por vuestras acciones?.

Vosotros sois fruto de, cómo dice la canción de Sabina, “el sexo con amor de los casados”, algo que por ahora no podéis comprender. Sólo cuando seais padres.

Si sois mayores para llevar un coche, también sois mayores para cumplir con vuestros deberes de solidaridad. Afrontar los hechos, sed valientes y dad la cara.

Ayudad de alguna forma a los padres que perdieron sus hijos y a los amigos que sufrieron heridas. No hagáis como si no hubiera pasado nada, porque sí ha pasado.

Flor, madre de Helena.

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